31 de marzo de 2015

¿Ley pareja? ---------------------------------

LA “INOCENCIA” ESTÁ EN BAJA Y
HOY COTIZA A SOLO 70.000 PESOS

   El joven hijo de un alto jefe policial responsable de la seguridad en la zona sur de esta capital, fue detenido en virtual flagrancia días atrás, luego de haber arrebatado la cartera a una mujer en barrio San Jorge, para lo cual conducía una motocicleta e iba acompañado de un muchacho de 18 años.
   El vástago del jefe policial, de 19 años, fue detenido y hoy compareció ante el fiscal Marcelo Hidalgo quien le tomó declaración, fijando para el recupero de su libertad una caución de 70.000 pesos, suma que según la información dada a conocer fue pagada y el “motochoro vip” dejó de mirar el paisaje urbano desde atrás de las rejas, si es que estaba en esa condición como cualquier hijo de vecino y sin privilegios.
   Además el funcionario judicial, en un desborde de áspera severidad ejemplificadora y como una especie de cariñoso “chas chas colita”, le impuso al muchacho la prohibición de conducir motos en el ámbito provincial.
   Hasta allí lo escueto de la noticia, que lleva a decenas de reflexiones de las que se hace necesario sintetizarlas en algunas pocas, tras rotular la cuestión como un típico caso de “portación de apellido … o de tiras”.
   Es probable que la medida judicial sea inédita y es de suponer que está enmarcada en los códigos, pero no deja de ser un jurídico acto discriminatorio en detrimento de la gran cantidad de motochoros que circulan por la ciudad ante la ineficiencia de una policía que poco hace por neutralizarlos, salvo los absurdos y previsibles controles de puentes.
   Y si en una de esas casualidades pescan alguno, es más que seguro que el “caco” no tiene idea que pagando unos miles de cospeles adquiere el status de persona decente y puede seguir con su trabajo, dado que la impunidad reinante juega en su favor y casi como defensora de sus correrías.
   Nada se dice si la moto -parte del delito- fue secuestrada, si se hizo “rueda de presos” por si había alguna otra víctima que los pudiera reconocer en anteriores andanzas o si el mozalbete registra alguna mácula en su prontuario, lo que es difícil por su condición de hijo de.
   No está en tela de juicio de ninguna manera la honestidad funcional del papá, porque el nene ya es grandecito, dueño y responsable por sus actos y es de suponer que conoce lo que es el bien y lo que él estaba haciendo.
   Pero estas situaciones duelen porque muestran que la balanza está desequilibrada y bastardeada, reforzando la certeza de aquel dicho popular que sostiene que hay dos justicias: una para pobres y otra para los que tienen dinero o los  “carteludos” por cualquier circunstancia de la vida.
   Ya está hecho.
   Roguemos que a futuro, al papá del mozalbete no se le ocurra tener que actuar en una “marcha de la gorra”.
   La libertad es un goce que se adquiere con la decencia y no hay dinero que la pague porque la decencia, precisamente, no tiene precio.
   Sabio era San Agustín, al sostener que “La primera libertad es carecer de pecados”.
Gonio Ferrari