30 de marzo de 2015

Pisar la tierra, vivir la realidad, tener memoria

LAS ELECCIONES EN VILLA DOLORES Y
EN LA FALDA, LO MISMO QUE EL PARO,
NO SON INDICADORES NI TENDENCIAS

   Cuando años atrás Saúl Ubaldini instigaba al paro y lo concretaba -durante la presidencia de Raúl Alfonsín- lo hacía con claros propósitos destituyentes y en nombre del movimiento obrero, cuya dirigencia mayoritariamente formaba parte de la columna vertebral del entonces opositor movimiento justicialista.
   Fueron 12 o 13 paralizaciones del país, aunque el número ahora es lo de menos porque aquellos tiempos ya pasaron, abonamos la creencia de una maduración conceptual por parte del sindicalismo y podemos suponer que el buen criterio y la toma de conciencia han reemplazado a las decisiones dañinas, intempestivas y políticamente aprovechadas.
   Duele reconocer las propias equivocaciones porque ahora, aunque sea la cuarta medida nacional en protesta al gobierno central, cabe suponer que también como otrora el alimento de la paralización es disociante, inoportuno y con claras intenciones de ganar espacios en el escenario político.
   ¿Qué sentido tiene un paro si ya se sabe que su motivación no alterará el rumbo de lo que se cuestiona, como es el absurdo pago del impuesto a las ganancias en base a los sueldos?. El Estado dispendioso necesita reservas para calzar lo poco que tiene atesorado y nada mejor que contar con varios millones de rehenes que aportan religiosamente al tesoro nacional.
   Los dirigentes gremiales son parte del 10 por ciento de los trabajadores que tributan ese rubro y lo hacen por ser los que más ganan y no corren con ningún riesgo, amparados por su inmunidad sindical. El drama es de los mandos medios que no están conformes ni les alcanza lo que cobran, pero ven volatilizarse buenos pesos en nombre de esa injusta retención.
   Al paro lo impulsa la dirigencia y son las bases las que a fin de mes cobran un día menos, porque en la curiosa interpretación de la ley no es cierto que un día de paro trabaja quien quiere, porque la prepotencia gremial lo impide, en abierto ataque a la libertad de trabajo y a la libre determinación del trabajador.
   Por eso sería un torpe equívoco estratégico tomar al paro de este martes como una especie de plebiscito a la gestión nacional porque las motivaciones son parciales y sectorialmente interesadas, justo en momentos que el país para salir adelante no necesita paralizarse sino producir, generar, alimentar la demanda y estimular las fuentes laborales.
   Más allá de su sentido de protesta, es para pensar que no es un paro de las bases, sino de una dirigencia ávida por arañar espacios políticos que a través de otros medios y acciones directas no consigue ocupar. 
   Alfonsín y su gobierno padecieron aquellos burdos ataques ubaldinistas perpetrados en representación de un partido político rencoroso y vengativo, postura que se materializa si a la derrota no se la digiere ni asume.
   Y con las elecciones en Villa Dolores y en La Falda ocurre casi lo mismo, si los dirigentes políticos de la mayoría de los partidos insisten en tomar ambos casos como altamente referenciales o indicadores de futuras y próximas conductas comiciales.
   Es poco serio suponer que lo de La Falda “es un triunfo inicial de la alianza” entre la UCR, el PRO y otras corrientes porque es tan mínimo el ejemplo que no se entiende el apresuramiento por inflar algo casi doméstico, que en el mejor de los casos puede servir para tomar en cuenta con relación a una elección regional y casi exagerando, a nivel provincial.
   Otro tanto para lo acontecido en Villa Dolores, que motivó el viaje de altos dignatarios del kirchnerismo nacional, cuando se trató nada más y nada menos que un acto de consagración sucesoria casi monárquico-política. Y duele recordar apelando a la memoria corta, que ningún funcionario de ese nivel se molestó en viajar a Córdoba cuando la desgracia aluvional se ensañó con buena parte de nuestra geografía.
   Es por eso que se plantea cierta similitud entre los casos del paro moyanista y las elecciones en Villa Dolores y en La Falda: en los tres, hay un poco elegante aprovechamiento coyuntural de las situaciones, suponiendo que en ellos subyace la voluntad popular llevada a nivel de pensamiento nacional.
   Y no es así, pero debemos comprender, pensar y recordar para coincidir, en que los exitistas de siempre necesitan ponerle algún freno a sus temores, vacunándose preventivamente contra el virus de la derrota.
Gonio Ferrari