28 de abril de 2015

La historia no miente -----------------------------

LA GENTE SOLO PIDE “UN
CACHO” DE COHERENCIA

   Cuando los anuncios preelectorales sacuden la modorra de lo medianamente previsible, las sorpresas suelen copar la consideración pública llevando a la toma de posiciones que van desde la descalificación más absoluta hasta la casi beatificación de una persona.
   Eso está sucediendo con “Cacho” Buenaventura, radical de origen, asalariado publicitario del delasotismo y ahora candidato a la vicegobernación de Córdoba (¿se lo imaginan dirigiendo un debate áspero en la unicameral?) por las huestes del kirchnerismo villamariense en particular y nacional & popular a nivel nacional.
   Es sin dudas un caso patético de aprovechamiento de la notoriedad ajena por carencia de la propia y una especie de usurpación de marquesinas, en el variopinto mundo de la farándula política que pese a todo, no alcanza a colmar la capacidad de asombro de los argentinos.
   Es cuando con justa razón nos preguntamos qué aportaron a la gente, al país y a la historia personajes como Reuteman, “Palito” Ortega, Del Sel, “Pichi” Campana, Irma Roy, Moria Casán, Blanquita Rossi, Arturo Miguel Heredia, el “Motonauta” Sciolli y otros más que por mandatos extraños incursionaron en otros escenarios muy distintos a los que ellos frecuentaron con éxito dispar.
   Sin embargo, bueno sería no apresurarse en el caso particular del humorista cruzdelejeño que hizo buen negocio hacia el aplauso con elementos tan simples y domésticos como su tio Brito, o los graciosos y a veces dramáticos pormenores de su enfermedad que tantos sustos le provocara.
   No es el primer caso, y con la clase política que tenemos, es para asegurar que no será el último.
   Allá por 1922 tomó estado público una importante defraudación a la aduana de Buenos Aires, lo que ahondaba las diferencias entre los radicales personalistas y los antipersonalistas y para calmar las aguas, el presidente Yrigoyen designó como candidato a sucederlo al entonces embajador en Francia, el aristócrata Marcelo de Alvear, para las elecciones de abril.
   El radicalismo cordobés, al no poder imponer una reforma electoral, decidió no presentar postulantes a la gobernación ni a la renovación de la legislatura provincial, con lo que el “lomonegrismo” del Partido Demócrata se aseguraba la victoria en ambas cámaras y dejaba el interés de la ciudadanía en la tercera diputación por la minoría. 
   Los estudiosos de la historia sostienen que más por broma que por ambición política, los estudiantes y jóvenes profesores que convivían en el Barrio Clínicas y coincidían en la Facultad de Medicina (todos partícipes de la Reforma Universitaria) formaron el Partido Bromosódico y no tardaron mucho en ungir a un candidato.
   Con la complicidad -entre otros- de José Ingenieros eligieron a Enrique Badessich, inventor de instrumentos de guerra, poeta, extravagante, irreverente y anticlerical, a través de quien pretendían impactar en la esclerosada sociedad cordobesa, elevando a la consideración de todos a ese personaje que lucía sombrero de ala ancha, amplios gabanes y escandalosas corbatas.
   En campaña dictó más de 300 conferencias en tres meses, en las que se burlaba del clero y de los más rancios apellidos de la época, a quienes tildaba como “zánganos de la colmena” y terminada la gira proselitista se fortaleció el Partido Bromosódico Independiente, apoyado por la masonería, los evangélicos, el estudiantado y los obreros liberales.
   Las autoridades electorales -pese a su sorpresa y desconfianza- tuvieron que aceptar al partido, inscripto con todas las exigencias de la ley y la agrupación con su postulante Badessich a la cabeza, participó de los comicios del 26 de marzo, cuyo escrutinio fue seguido por el candidato instalado en la Legislatura, y a decir de los memoriosos, devorando gigantescos sánguches de salame 
   El bromosódico, que había pasado ya por algunos calabozos demócratas, para evitar volver a ser detenido, días antes del escrutinio había decidido atrincherarse en la Legislatura. “Era mi última defensa, porque preso no podía ser electo. La policía estaba en la puerta, pero yo no salí y tuve que comer allí lo que me alcanzaron mis amigos”, diría Badessich en Caras y Caretas.
   Los resultados llevaron al escándalo y al desconcierto de los que eran políticos profesionales y viejos caudillos en el arte de conseguir votos, cuando el bromosódico resultó tercero relegando a católicos, radicales y socialistas.
   Fue todo tan conmocionante que un sector de la ciudadanía calificó al electo como “un personaje colocado fuera de la razón", que había obtenido su diploma "con recursos grotescos y propósitos festivos, motivos más que suficientes para rechazarlo en nombre de la cultura y del decoro del país", opinión que no todos compartieron y encumbrados intelectuales como José Ingenieros, Deodoro Roca y Gregorio Bergman lo agasajaron con una comilona en Alta Gracia en cuyo transcurso ponderaron “su satisfacción ante la burlona bocanada de aire renovador que su irreverente estilo conllevaba”.
   Allí mismo Badessich anunció más de cien proyectos que había elaborado para elevar a la Legislatura, entre los que sobresalían el amor libre, el acortamiento de los hábitos sacerdotales (para ellos y ellas) y con la tela economizada, hacer ropa para los chicos pobres; separación de la Iglesia del Estado, implantación de la República Cordobesa con representantes confidenciales en el exterior, la supresión del Ejército por antisocial y anacrónico, electrocución de los bacilos del tifus que hacían estragos en la capital y en Río Tercero y la eliminación de las esquinas para evitar los choques.
   Pero el 27 de abril ante la presión de los ultraconservadores y los derrotados, la Comisión de Poderes de la Cámara de Diputados dictaminó que Badessich era “una persona notoriamente incapacitada para desempeñar las funciones de legislador” y se rechazó su diploma “Por decoro del cuerpo”.
   ¿Qué dijo Badessich?. Muy simple: “¿Dónde pone ella el decoro?
¿En la levita del electo, en las artimañas electorales que la preceden, en la acción histórica del nepotismo? ¿En la tontera absoluta y religiosa? Si eso es el decoro, yo carezco de él. Ninguna de esas taras es la mía. Mis proyectos son los de un hombre común que conoce los problemas de su patria."
   Que nadie venga ahora a intentar hacernos creer que lo de Cacho Buenaventura es casi inédito. A lo mejor es la excepción de todo lo sabido, el más rotundo de los fracasos, la más penosa de las experiencias o el más indigesto sapo que pueda tragarse el kirchnerista villamariense.
   Badessich murió en Buenos Aires el 8 de agosto de 1961 y muchos, todavía, lo tienen como ejemplo de la sinceridad al poder.
Gonio Ferrari

Fuente consultada: “Hombres y hechos 
en la Historia Argentina” – Ed. Abril