12 de abril de 2015

S.L.B.- Domingo 12/04/15 - DE LA SOTA, UN PASO ATRÁS - LOS VENDEDORES AMBULANTES - LA SERVIL OBSECUENCIA - EL KATANA SAMURAI - LA MEGACAUSA DEL REGISTRO - LA SRA. CRISTINA Y SU VISITA AL PAPA - COLAPSO EN LAS CLOACAS, etc.

Desgrabación de los comentarios del periodista Gonio Ferrari en su programa “Síganme los buenos” del 12/04/15 emitido por AM580 Radio Universidad de Córdoba.

UN PASO ATRÁS
   Víctor Brizuela, un radical de alma, inventó el verbo “repentizar” y casi seguro  nunca pensó que sería aplicado años después por un gobernador peronista.
   En una reacción saludable y políticamente oportuna, el gobernador hizo dar un paso atrás a esa intención de grabar la patente en algunas autopartes y ciertas piezas de las motocicletas, bajo el pretexto que sería una manera de atenuar o terminar con el robo de coches en Córdoba, con una policía que hace tiempo no informa la creciente cantidad de hechos de esa naturaleza que se registran.
   La operación se haría en el interior de puertas, baúl y capot al módico precio de 490 pesos y para el caso de las motos en el cuadro y en otros dos lugares, a 250 pesotes y sería obligatorio para los vehículos nuevos y para concretar, en los usados, el trámite de la transferencia.
   Fue la protesta popular más fulminante de los últimos tiempos, multiplicada mediáticamente con datos relacionados con el costo no para los usuarios, sino para los “afortunados” concesionarios, que se quedan con el 92 por ciento de esas sumas y dejan el 8 por ciento restante para las exhaustas arcas provinciales.
   Cada uno de los aparatitos utilizados para marcar la chapa cuesta alrededor de 3.000 pesos y en la planta dedicada a ese frustrado menester contaban con seis de ellas, más un compresor que aporta el flujo necesario de aire comprimido.
   La capacidad operativa era -y suponemos que lo sigue siendo, pero en “stand by”- de alrededor de 700 vehículos por día, lo que representaría una recaudación diaria de 300.000 pesos si se calculan 500 automóviles y 200 motocicletas y llevando esos números a un mes con 20 días hábiles, llegamos a los 6 millones en ese lapso.
   Realmente un flor de negocio con relación a lo que supone una limitada inversión con bajísimo nivel de riesgo, porque el parque automotor de esta Córdoba caótica es de alrededor de 750 mil autos y vaya Dios a saber cuántas motos.
   Otro sector “laboral” desilusionado es el de los ladrones, que habían optado por cambiar de rubro para dedicarse a llantas, asientos, carburadores, tapas de cilindro, cajas de velocidades, espejos y volantes preferentemente con airbag.
   Las razones del momentáneo fracaso de este brillante negocio son de carácter político, porque nadie entiende cómo se lanzan a una aventura de tales características, cual es el solapado impuesto que encubiertamente esconde, precisamente a 90 días de las elecciones provinciales de incierto pronóstico para todos los segmentos incluyendo al oficialismo.
   A lo mejor -todo es posible- junta más votos suspender la medida que pegar carteles o machacar en radios, canales de TV y gráfica y además resulta menos oneroso, salvo para quienes ganaron la licitación hace un par de años, acondicionaron el galpón, tomaron personal y gastaron altas cifras iniciales en el equipamiento.
   Ahora, el gasto mayor de esos empresarios será sin dudas la contratación de abogados que le hagan un juicio a la provincia por la abrupta desvinculación.
   Pero no hay que desesperar -esto para los inversores- porque gane quien gane se encontrará si es el continuismo partidario, con un mecanismo ya listo para recaudar no tanto pero que ayuda, y si es la oposición, lo aplicará y frente a las lógicas y previsibles protestas tendrá a quien echarle la culpa.
   Seguramente el grabado de piezas queda en pié, habrá que enfundar la parafernalia y tener paciencia porque en materia de “negocios” con base política o ideológica, los inversores y sus padrinos nunca, jamás pierden.
   Pierde la gente y eso a ellos poco les importa.

LOS VENDEDORES AMBULANTES
   Para muchos cordobeses, los vendedores marginales que operan en la vía pública fuera de los lugares para ellos destinados y al margen de la ley, son una especie de mal necesario y como tales tendríamos que tomarlos.
   Los simplistas miran a esos personajes como el resultado de un problema social que hay que solucionar, permitiéndoles ejercer una competencia desleal cuando existen mecanismos y sitios adecuados para que ejerzan su tarea.
   Pero la realidad demuestra que no todos son buscas que con sacrificio procuran el sustento diario, sino que responden a organizaciones perfectamente aceitadas, que lejos están de la producción artesanal sino que son las piezas finales de una maquinaria de evasión, y en otros casos de reducción de mercadería mal habida o de contrabando.
   Los que invaden el centro cuando el capricho municipal se encrespa contra el intendente, no son los mismos que ocupan el amplio y concurrido parque Las Heras con muy buena acogida por parte de la gente.
  Tampoco son los que virtualmente han tomado la plaza Rivadavia de Alta Córdoba, donde ahora los vecinos no pueden gozarla en su amplitud, porque los kioskos ocupan desde los bancos para descanso hasta los veredones y todo otro sitio que pueda quedar libre.
   Allí se da la mixtura del sacrificado artesano que expone y vende su esfuerzo y la avivada de los vendedores de chucherías made in China, y de esa incorporación al comercio que son los senegaleses, según se dice amparados por su condición de refugiados, pero que en muchos casos son exponentes de la irrespetuosidad y la prepotencia.
   Los vendedores ambulantes son un problema que debe solucionar la municipalidad solo con el peso de la ley, y en salvaguarda de los derechos que protegen a los comerciantes que tributan impuestos, y bastante caros.
   Y si los inspectores por capricho o mandato sindical se niegan a trabajar, la comuna cuenta con un plantel de jefes lo suficientemente numeroso, como para salir a la calle y velar por los derechos de la gente.
   No siempre la culpa es de los empleados, cuando los jefes son concientes de la grave situación y se hacen los desentendidos.
   Ellos también pueden pagar adicionales a la policía para tener a salvo su integridad, una integridad que no pueden gozar los comerciantes y vecinos afectados por esta situación.

MARIOTTO Y LA “OBEDIENCIA DEBIDA”
   Este martes último, la madre y la hermana de nuestra presidenta Sra. Cristina Fernández Vda. de Kirchner recibieron una distinción de manos del vicegobernador bonaerense Gabriel Mariotto, quien ansía ser considerado sucesor de Daniel Scioli en aquel territorio.
   Ofelia Wilhem y Giselle Fernández fueron reconocidas en el Senado de Buenos Aires por el respaldo de ambas a la gestión parlamentaria según la convocatoria, aunque el mérito de las damas fuera ser parientes de la primera mandataria. El acto fue en el Teatro Argentino de La Plata e incluyó a mujeres académicas, deportistas y del arte, entre otras representantes de diversas actividades.
   Las agraciadas recibieron una medalla de oro y en el caso particular de doña Ofelia y de Giselle, se informó que la distinción tuvo por objetivo resaltar la tarea de ambas en la formación de la Sra. de Kirchner.
   "Pienso en Eva Perón y en Cristina como dos mujeres emblemáticas y como ellas tantas compañeras que ponen el mismo temple para sostener a su familia y a sus barrios", dijo en su discurso el vicegobernador Gabriel Mariotto.
   Que nadie piense entonces que el reconocimiento fue por haber contribuido al logro de su condición de exitosa abogada, ni como principal protagonista de esta dudosa “década ganada”, la protección a su cuestionado Vice, la contención de la inflación, su excelente relación con el Papa Francisco o la modernización del país, entre otros aspectos salientes del modelo nacional y popular.
   Porque en realidad, la distinción y las doradas medallas no fueron para la Sra. Presidenta sino para sus dos directos familiares.
   Para un vasto sector de la población argentina es probable que se haya tratado de un acto de justicia, aunque para otros no pocos, fue una acabada y lambiscona expresión de dócil e interesada obsecuencia política de alguien como Mariotto, con vocación de eternidad en su cargo actual o en algo superior.
    Y como siempre me encantó el compromiso de la docencia aunque no pueda ejercerla por carencia de título, no he perdido mi sentido solidario a la hora de facilitar la tarea de mis queridos colegas.
    En tal sentido me he permitido recopilar, con el animo de enriquecer las eventuales crónicas acerca de ese acontecimiento social y político que tuvieran que preparar, una serie de sinónimos con los cuales para no caer en redundancias, podrán referirse al Sr. Vicegobernador de la Provincia de Buenos Aires, don Gabriel Mariotto, dentro de un marco de respeto.
   Apelando al diccionario de la RAE y su anexo de sinónimos encontramos los vocablos sumiso, rendido, sometido, vasallo, fiel, reverente, esclavo, pupilo, manso, obediente, servil y obsecuente, sin que ellos sean todos porque siempre hay que tener la paciencia de hurgar.
   Por eso hurgando en los rincones de mi biblioteca que es un monumento al desorden, un canto al caos, el desbarajuste, el desparramo, la anarquía, el laberinto y el enredo, tuve la fortuna de caer al encanto del lunfardo, ese “slang” rioplatense que muchos dicen dominar aunque ni siquiera son capaces de traducir lo básico.
   No fue una sorpresa, porque tanto en prosa como en verso aparece una sinonimia avasallante para el caso que de ninguna manera me pienso guardar y vamos al grano: olfa, chupamedias, adulador, rastrero, manyaoreja que es un italianismo; lamesuelas, batilana, oleculo, alcahuete, alcaucil y otros no tan caballerosos y educados.
   Me encantaría fracasar en la materia “futurología”, porque ya estoy viendo que en plena campaña a alguien -no creo que a Mariotto porque seguro lo retaron- se le pudiera ocurrir realizar una ceremonia similar y distinguir a D’Elía por su diplomacia y a doña Hebe, por su valiosa contribución a la honestidad, la concordia y el idioma.


MAS DE LA MEGACAUSA

   El principio de igualdad ante la ley, consagrado en el artículo 16 de nuestra Constitución, establece que todos los seres humanos son iguales sin privilegios de sangre, nacimiento, fueros personales ni títulos de nobleza. 
   Sabemos que el Estado a través de la política criminal ejerce el control social, comprendiendo desde la fase legislativa hasta la ejecución de la pena y  Zaffaroni define a la pena como un "hecho político, un hecho de poder".
   Y si de ejemplos se trata nada mejor que la pena sufrida por los imputados en la causa del Registro de la Propiedad, que fueron encarcelados durante años, violentando toda garantía constitucional, sin haber pasado previamente por ningún juicio.
   Los delitos de cuello blanco como el tráfico de influencias, la corrupción y el enriquecimiento ilícito, suelen envolver y complicar a prominentes autoridades públicas.
   El término de empleado público abarca desde el más bajo jerárquicamente hasta los jueces, diputados y presidente de la República, pero sin embargo a la hora de aplicar las leyes la conducta no es igual para todos.
   Lo de la megacausa es un mojón porque mientras que empleados inferiores del Registro fueron imputados y encarcelados por estar en la agenda o en la sábana telefónica de otro imputado, denuncias concretas contra altos funcionarios fueron desoídas o archivadas. 
   Resulta patético escuchar que se atribuya a personas comunes, sin enriquecimiento ni fortuna, daño a la fe pública mientras quienes fueran los verdaderos responsables del momento, sólo cambien de cargo o de destino, sin investigación alguna y libres de sospecha. 
    Sin igualdad y con privilegios de fueros, estamos lejos de la Justicia.

CRISTINA Y EL PAPA
   Estuve leyendo con detenimiento un escrito que su autor pomposamente tituló “Carta abierta al Papa Francisco”, donde resumiendo, le cuestiona que vaya a recibir otra vez la visita de la presidenta Cristina de Kirchner en el Vaticano.
   Como si el pontífice fuera un mozalbete sin experiencia, mi comprovinciano y colega Alfredo Leuco pretende torcer decisiones que en este caso, más que Francisco, toma Jorge Bergoglio, ex máxima autoridad de la Iglesia Católica en nuestro país, y perfecto conocedor del paño.
   Francisco ya lo reconoció días atrás, que los políticos argentinos, de todos los colores, lo habían usado con el pretexto de las visitas aparentemente desinteresadas que luego se tradujeron en declaraciones altisonantes, difusión masiva de fotografías y en algunos casos extremos pasó a ser figura en remeras y otras vestimentas.
   Advertir de ciertos exagerados peligros a un dignatario que ha sabido neutralizarlos a todos, es como ofender su capacidad de raciocinio, su calidad diplomática y lo que es más, su condición de jefe máximo -con perdón de la palabra así utilizada- de la iglesia Católica.
   A lo mejor el Papa recibe a la Señora porque esta vez y hasta ahora no es candidata a nada y en ese caso los intereses propagandísticos quedarían desvirtuados, relegados a un mero plano social y diplomático por tratarse hasta ahora de una jefa de Estado.
   Jorge Bergoglio es grandecito, ha sabido capear más de un temporal que le vino desde adentro, como las barbaridades que se dijeron de él desde afuera, por parte de quienes ahora dicen respetarlo después de haberlo humillado y vilipendiado, de lo que jamás se disculparon.
   Dejen que reciba a la Sra. Presidenta como lo haría con Morales, Castro, Pútin, Bachelet, Dïlma o Maduro.
   Jugando como local allá en la Santa Sede, Francisco será quien ahora ponga los puntos sobre las íes, de las tantas íes que el Papa ha venido atesorando celosamente desde mucho antes de aquella histórica fumata blanca.
   Es Papa, es bueno, es diplomático, es condescendiente y es sobre todo política e ideológicamente indulgente.
   Y de cándido, ya lo verán, no tiene nada.

SOBRE EL SAMURAI


   Nunca consideré prudente ni aconsejable tratar como “justiciero” a nadie que hiciera justicia por mano propia y menos aún cuando existe una lamentable y sangrienta violencia de por medio.
   Aunque nuestra Justicia tenga el rótulo de ser lenta, pachorrienta, burocrática y siestera, preserva esa majestad que como justicia y todo lo que encierra el término, luce en incontables circunstancias.
   Yendo a los hechos y opinando más desde la lógica que desde la pasión, la indignación, la impotencia o la bronca, me permito opinar que el ser humano, por lo general, reacciona defendiendo lo suyo cuando advierte que nadie más lo hace por él.
   Cuando es el Estado el que debe proveer seguridad y amparo por las vidas y los bienes de la comunidad, y ese cometido está lejos de cumplirse, las actitudes individuales por desesperación son la consecuencia lógica.
   Porque si existiera prevención policial en lugar de pasear patrulleros y controlar a los laburantes que se desplazan en motos, la policía desbaratara las madrigueras donde bien conoce que están los delincuentes, estos episodios serían solo cosa de la televisión o del cine.
   Si la policía actuara en serio y sin ataduras de ninguna clase contra el escandaloso crecimiento de la fabricación, alargamiento, distribución, venta y consumo de sustancias prohibidas, el índice delictivo descendería hasta el punto de poder mostrarlo a la comunidad, acción que desde hace tiempo se oculta bajo siete llaves, por vergüenza propia o para esconder la propia incapacidad de combatirlo.
   Un hombre reaccionó violentamente dentro de su casa, después que lo redujeron a la impotencia y torturaban a su familia.
   ¿Tendrá idea el fiscal actuante de lo que eso significa?
   ¿Puede un juez colocarse tan solo un instante en el lugar de la víctima y buscar protegerla, en lugar de investigarla como ahora lo está haciendo?
   Es obvio que el procedimiento es legal, que se ajusta a las leyes, pero vivimos instancias lamentables y horrendas en que la ley casi no existe, superada por el mayor poder de quienes la violan.
   El hombre de Cerro Norte, modesto laburante, no tiene la culpa de la inoperancia preventiva de quienes debieran ampararlo.
   El es solo una consecuencia.
   Una consecuencia filosa, pero consecuencia al fin.
  
CLOACAS COLAPSADAS
   La ciudad puede tener muchos problemas como el caos urbano, el reinado de las tinieblas, el descuido de parques y plazas, la desatención de los semáforos, las casi permanentes paralizaciones parciales o totales del transporte de pasajeros o las diarias injurias a las que nos someten las dos empresas que dicen -y cobran muchísimo por no hacerlo- que son responsables de la recolección de residuos domiciliarios y limpieza de calles.
   Todos esos dramas que ya son parte de la penosa rutina de los cordobeses capitalinos, son menores y casi podemos decir insignificantes, cuando se comparan con el colapso de la red cloacal y sus consecuencias insalubres y poco atractivas al olfato.
   No es grato para nadie vivir acosado por las heces y su peligrosa condición de apestante del ambiente.
   Es cierto que se ha hecho bastante encarando obras que no se ven y casi no sirven para florearse en una campaña electoral, pero que son, básicamente, para mejorar nuestra calidad de vida.
   Lo que ahora se impone es una toma de conciencia de los vecinos que deben entender que esos sistemas a veces colapsan por la ignominia de arrojar a las colectoras elementos que entorpecen su funcionamiento.
   La mala leche de sostener que si colapsa el sistema tiene la obligación de arreglarlas la municipalidad porque para eso se pagan impuestos, es de una triste bajeza cívica.
   Y peor aún, cuando es fácil advertir, que más allá del daño pretendidamente atribuido a descuidos, no es otra cosa que indisimulable sabotaje, de aquellos que nunca faltan a la hora de oponer posturas políticas o ideológicas.
   La ciudad es de todos, todos tenemos la obligación de cuidarla porque serán quienes nos sucedan los que la gozarán como nosotros alguna vez la gozamos.

   La ciudad no es de Mestre, ni será de Dómina, de Olga ni de Mongo, sino que seguirá siendo nuestra, de los que la amamos, la cuidamos y la respetamos.