8 de abril de 2015

Un impuesto encubierto ----------

“NEGOCIO” CONDICIONADO
AL RESULTADO ELECTORAL

Víctor Brizuela, un radical de alma, inventó el verbo
“repentizar”. Casi seguro que nunca pensó que sería 
aplicado años después por un gobernador peronista.

   En una reacción saludable y políticamente oportuna, el gobernador hizo dar un paso atrás a esa intención de grabar la patente en algunas autopartes y ciertas piezas de las motocicletas, bajo el pretexto que sería una manera de atenuar o terminar con el robo de coches en Córdoba, con una policía que hace tiempo no informa la creciente cantidad de hechos de esa naturaleza que se registran.
   La operación se haría en el interior de puertas, baúl y capot al módico precio de 490 pesos y para el caso de las motos en el cuadro y en otros dos lugares, a 250 pesotes y sería obligatorio para los vehículos nuevos y para concretar, en los usados, el trámite de la transferencia.
   Fue la protesta popular más fulminante de los últimos tiempos, multiplicada mediáticamente con datos relacionados con el costo no para los usuarios, sino para los “afortunados” concesionarios, que se quedan con el 92 por ciento de esas sumas y dejan el 8 por ciento restante para las exhaustas arcas provinciales.
   Cada uno de los aparatitos utilizados para marcar la chapa cuesta alrededor de 3.000 pesos y en la planta dedicada a ese frustrado menester contaban con seis de ellas, más un compresor que aporta el flujo necesario de aire comprimido.
   La capacidad operativa era -y suponemos que lo sigue siendo, pero en “stand by”- de alrededor de 700 vehículos por día, lo que representaría una recaudación diaria de 300.000 pesos si se calculan 500 automóviles y 200 motocicletas y llevando esos números a un mes con 20 días hábiles, llegamos a los 6 millones en ese lapso.
   Realmente un flor de negocio con relación a lo que supone una limitada inversión con bajísimo nivel de riesgo, porque el parque automotor de esta Córdoba caótica es de alrededor de 750 mil autos y vaya Dios a saber cuántas motos.
   Otro sector “laboral” desilusionado es el de los ladrones, que habían optado por cambiar de rubro para dedicarse a llantas, asientos, carburadores, tapas de cilindro, cajas de velocidades, espejos y volantes preferentemente con airbag.
   Las razones del momentáneo fracaso de este brillante negocio son de carácter político, porque nadie entiende cómo se lanzan a una aventura de tales características, cual es el solapado impuesto que encubiertamente esconde, precisamente a 90 días de las elecciones provinciales de incierto pronóstico para todos los segmentos incluyendo al oficialismo.
   A lo mejor -todo es posible- junta más votos suspender la medida que pegar carteles o machacar en radios, canales de TV y gráfica y además resulta menos oneroso, salvo para quienes ganaron la licitación hace un par de años, acondicionaron el galpón, tomaron personal y gastaron altas cifras iniciales en el equipamiento.
   Pero no hay que desesperar -esto para los inversores- porque gane quien gane se encontrará si es el continuismo partidario, con un mecanismo ya listo para recaudar no tanto, pero que ayuda y si es la oposición, lo aplicará y frente a las lógicas y previsibles protestas tendrá a quien echarle la culpa.
   Seguramente el grabado de piezas queda en pié, habrá que enfundar la parafernalia y tener paciencia porque en materia de “negocios” con base política o ideológica, los inversores y sus padrinos nunca, jamás pierden.
   Pierde la gente y eso a ellos poco les importa.
Gonio Ferrari