7 de abril de 2015

¡Un policía en cada ómnibus! -----

LA BRIGADA ANTI INSULTOS
YA ESTÁ EN PLENA GESTION

   Mientras los ladrones saquean departamentos y negocios a plena luz del día en el corazón de la ciudad, la policía debe destinar efectivos para cuidar que los pasajeros no insulten a los esforzados choferes del transporte urbano.
   Es uno de los tantos contrasentidos que caracterizan a esta Córdoba agobiada por la inseguridad creciente, que es hija dilecta de la impunidad y de la falta añeja y absoluta de una política integral que garantice los bienes y la vida de sus habitantes.
   Más de una decena de comercios fue desvalijada a escasos metros de la plaza San Martín y en Nueva Córdoba, sin tomar en cuenta todos los otros casos en que las víctimas de los despojos prefieren no denunciar, por la inutilidad del trámite y las consiguientes molestias que ocasiona tener que frecuentar oficinas donde no se les aporta ninguna solución.
   A todo esto, el gobierno se preocupó por acceder al capricho de un sector de la UTA, cuyos afiliados y por propias culpas, son víctimas de insultos y agresiones menores por parte de quienes, como resultado de los paros salvajes y las asambleas imprevistas, pierden buena parte de sus salarios al no cobrar presentismo ni puntualidad.
   Con idéntico criterio, habría que disponer de un policía en cada taxi, remisse, farmacia, maxikiosco, óptica, veterinaria, gomería, estudio jurídico, hotel por hora, supermercado, taller mecánico, carnicería, almacenes barriales y acompañar a cada ciudadano que sale de cualquier banco, con dinero o no.
   De la situación, que para algunos ha llegado al límite, no hemos sufrido todavía el máximo de su rigor porque la delincuencia ha tomado nota de las increíbles facilidades que otorga la ciudad para sus actividades, y doblará su apuesta de terror, incertidumbre, espanto e impotencia.
   Y eso que la palabra “narcotráfico” -incuestionable ganador de esta batalla-  no ha sido mencionada pero es la madre, el padre, los abuelos y los hermanos de la penosa e inédita angustia que azota a los cordobeses ya cansados de ver que el “promesómetro” preelectoral ya se puso en marcha con amagues de aplicar medidas, cuando han dejado pasar más de una década advirtiendo de qué manera crecían las estadísticas serias y sinceras, contra la deformación oficial de los números o el más bochornoso de los silencios.
   Los muchachos de los bondis ya podrán trabajar tranquilos, que al primer insulto el policía que los acompaña procederá con todo el rigor de la ley, esposará al agresor, le pintarán los dedos, quedará libre a la media hora y será el gobierno el directo beneficiario del impacto proselitista de esta medida.
   Lo peor de todo, es que los ladrones están más felices que los choferes de la UTA, porque como si hicieran falta más facilidades, les están alfombrando el camino para intensificar su “trabajo” y mejorar las utilidades.
   Total y resumiendo, los ciudadanos seguimos siendo rehenes por partida doble, ahora con un agravante: antes nos dejaban de a pié por un paro salvaje y ahora a lo mejor nos llevan y nos traen, para encontrarnos al regreso con que nuestra casa o negocio han sido saqueados a plena luz.
   Y a lo mejor a pocos metros de la Jefatura, en la peatonal o en cualquier barrio.
Gonio Ferrari