15 de mayo de 2015

Dicho popular casi modificado ------------

EL SOLDADO QUE HUYE SUELE 
SER UTIL PARA OTRA GUERRA

   La historia, más allá de los fracasos que registra la memoria de muchos argentinos en distintos terrenos, suele ensañase cuando se trata de traer al presente barquinazos o infortunios padecidos en el ámbito de la política o cercanos a ella.
   Si es por aceitar los recuerdos hechos frases o sentencias de culto se entremezclan "el que apueste al dólar pierde", "si deposita dólares cobrará dólares", "los únicos privilegiados son los niños", "que se venga el principito", "hay que pasar el invierno", "socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana", "tenemos 18 años de atraso", "ramal que para, ramal que cierra", "el granero del mundo", "la soja es un yuyo", "la desocupación está en un dígito",  "con la democracia se come, se educa, etc"., "el 82 por ciento móvil para los jubilados", "la inflación es un invento mediático", "hemos eliminado la pobreza", "la inseguridad es una sensación", "por fin estamos desendeudados" y tantos otros dichos que se metieron en nuestra mente colectiva.
   O cuando Carlos Saúl I de Anillaco hablaba de "la revolución productiva", "declaro a la corrupción delito de traición a la patria", "síganme que no los voy a defraudar" o "de Córdoba a Tokio en una hora y media”, en tiempos que la simbología y el cotillón peronistas tenían vigencia.
   Y aquella otra sentencia de origen para mí desconocido,
cuando dictamina que "Soldado que huye, sirve para otra guerra" y no me parece que sea prolija e inexorablemente aplicable a nuestra cotidiana y controvertida realidad.
   Pero pese a mi empeño, no pude conseguir certeza en cuanto a la autoría de esta última y célebre oración, porque seguramente su mentor se expresaba con sentido bélico y no político y los historiadores contemporáneos no la tienen registrada.
   Recientemente con un simple llamado a la cordura, la Sra. Presidente de todos  y todas consiguió sacarse algunas piedritas que le molestaban en sus zapatos que pese a no caminar en campaña, la llevan a la búsqueda de algún poder como para capear los temporales, terremotos y tsunamis que sobrevendrían si la conducción nacional mutara de signo partidario.
 
La desbandada por obediencia debida fue y es una patética muestra de sumisión y falta de personalidad, aparte de configurar una peligrosa carencia de convicciones en los señalados. Ni siquiera hizo falta que les gritaran para hacerles arriar banderas y aguardar vientos favorables cuando pronto llegue el rigor de la "dedocracia".
   Varios claudicaron en sus ansias y esperanzas de llegar a la residencia de OIivos con sucursal en Balcarce 50 pero en todos los casos por la edad de la mayoría de los autopostulados, es para pensar que se resignan con la esperanza del fracaso de quien venga y poder reemplazarlo en el 2020 como salvadores de la Patria, así la rueda de auxilio se llame Cristina, Máximo, Sergio o Mongo.
  Sin embargo la situación está tan empiojada que cualquiera que acceda al poder, sea del color que fuere, deberá enmendar situaciones y remendar mucho de lo mal que se gestionó  porque sus prioridades pasarán a ser la recuperación de la productividad por encima de planes y subsidios, la seguridad que reemplace a la angustia, la honestidad a la corrupción, la verdad sobre la mentira en cuanto a nuestra deuda externa y el regreso a la tolerancia que desaloje al autoritarismo de ver como enemigo al adversario.
   Si esas son las metas de cualquier gobernante, bien podrá decirse que ese soldado, que una vez huyó porque las armas del enemigo eran demasiado agresivas, ahora vuelve agitando una bandera blanca de paz, trabajo y armonía porque no quiere recrear una guerra tan desigual como la que le tocó vivir.
   Y es probable que haga suya esa frase de Valery, cuando dice que "La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen, para provecho de gentes que sí se conocen, pero que no se masacran".
Gonio Ferrari