7 de mayo de 2015

“La Tota” derrapó sin disculpas -----------

CUANDO EL CINTURÓN DEL PADRE 
TENÍA CAPACIDAD DE CONVICCIÓN

  En los tiempos que vivimos, pocos son los que pueden llegar a escandalizarse por ver a un hombre vestido de mujer, porque hasta en los lugares de alta concentración de público los vemos tomados de la mano o haciéndose arrumacos con otra persona, ya sea -al decir policial- un masculino o una femenina, oká cuteache.
   Últimamente en la televisión la exacerbación de la condición transexual, gay, lesbi y tantas otras formas de mudar de apariencia, ha encontrado un campo propicio para su propagación popular quitándole en consecuencia esa aureola tabú que campeaba años atrás en el seno de la sociedad con relación a los “marchatrás”, “degenerados”, “pucheros”, “tortas” y todos los otros eufemismos que se utilizaban para rotular a los que descontentos con su sexo de cuna, optaban por mutarlo desde la piel hacia afuera.
   Con los años y a paso lento se fueron incorporando a una sociedad pacata y conservadora como mayormente es la argentina, se blanquearon miles de situaciones que solo eran sospechas de la chismografía feriera y vecinal, la igualdad de géneros les posibilitó documentarse a su elección y clin caja, ya estaban individualmente como uno más de la comunidad, hasta el punto de obtener empleos tanto privados como estatales en su nueva condición física aunque por la prohibición de ciertas cirugías en el país, conservaban -y conservan- sus atributos originales que a muchos les sobran y a otras les faltan.
   Tal el escenario ya entrado el siglo XXI con sus alucinantes progresos tecnológicos, la explosiva vigencia de las redes sociales y esa inédita manera de relacionarse surgida de la devaluación del diálogo superado por el chat, la curiosidad, la inmediatez y las citas casi a ciegas, generadoras de misterios … y de sorpresas.
   Por eso se hace difícil definir a Miguel del Sel, una de las patas del exitoso trío cómico que marcara una etapa en los escenarios del país y del exterior apelando muchas veces a la sutil escatología o a la cochinada lisa y llana, generalmente innecesaria.
   Toda fama salvo honrosas y contadas excepciones, es dueña de su propio tobogán que algunos se encargan de enjabonar creyendo que el piso de la realidad, la inteligencia y el buen gusto no se ven tan próximos.
   Miguel del Sel, actor y profesor de educación física ingresó a la política, llegó a diputado nacional porque su notoriedad le aportó votos, pero sus actitudes “artísticas” se transformaron en un collar de calefones que lo fueron sumergiendo en eso que se llama vocación por lo grotesco que nada tiene que ver con la fama ni con el respeto.
   El ahora candidato a gobernador de Santa Fé, “La Tota”, en nombre de la derecha macrista, lógicamente se ha lanzado a la campaña proselitista que le demanda una preocupante y vulnerable asiduidad de contactos con medios periodísticos, ocasiones en las que por eso de la “agenda abierta” todos los temas son trascendentes.
   Y palabra más, palabra menos, el politicómico confesó que "Mi viejo me metía unos cintazos espectaculares y yo salí buen tipo. Cuando me porté mal en la escuela San Cayetano, venía el cura, me llevaban a la dirección, me metían dos varillazos en las patas y terminé abanderado", recordó.
   De paso cuestionó que se haya quitado poder al profesor y "antes el papá era cómplice del maestro y ahora es cómplice del chico que se porte mal" y pidió que vuelva "la normalidad" al país y “si hay un pibe que se porta mal, se le ponen amonestaciones y si no habrá que rajarlo del colegio y que pierda el año" y la remató con estos conceptos: "¿Por qué los padres están tan permisivos? Viene un pibe y por ahí lo escupe y le pega al padre pero dicen: 'Bueno, pero es buen chico'. ¿Qué buen chico? Metele un buen cocazo y no jode más".
   Sentido didáctico y pedagógico si los hay, en este caso primo hermano de la violencia y del autoritarismo, aunque es cierta esa fractura operada en la conducta de muchos niños y jóvenes amparados por esa perniciosa complicidad que tienen con sus docentes, ahora compinches, muy alejados de la vieja tarima desde donde certificaba su autoridad e imponía modales y disciplina…
   La escuela está para instruir no tan solo en sabiduría sino en modales y conductas sin aplicar la rigidez aunque sí el sentido del respeto.
   Los chicos y jóvenes de ahora -para comodidad de sus mayores- en su mayoría han colocado una especie de barrera informática con los padres y están más apegados a la play, al celular, a la tablet, a twitter y al face, pero no por eso  son merecedores del castigo corporal que preconiza Del Sel, experiencia padecida en carne propia en el siglo pasado y a lo mejor por merecerlos.
   Antaño el coscorrón, el tirón de orejas, la penitencia atrás de la puerta, ¡a la cama sin comer!, la privación de golosinas, sin los juegos en la plaza ni el paseo del domingo con cine incluido, han dado lugar a otras admoniciones y castigos, pero jamás se justifica la violencia que pese al parentesco suele ser generadora de rencores insuperables.
   Volviendo a Del Sel, quien se viste de mujer sin ser gay pero quiere ser gobernador, es oportuno comentar que su humorismo es una expresión de creatividad no siempre graciosa y a veces patética, pornográfica, escatológica o desubicada que genera aplausos y en otras ocasiones provoca lástima.
   Del Sel, “La Tota”, no ha hecho otra cosa que trasladar su ordinariez “artística” al escenario de la política, allí donde hay que cuidarse como de hacer pis en la cama y rumiar por lo menos dos veces lo que se piensa decir.
   Y al decir lo que dijo, seguramente olvidó que estaba actuando nada menos que como serio candidato a gobernar una provincia.
   ¿La gente dejó de confiar en los políticos?
   Es bastante probable, porque políticos eran distintos los de antes …
Gonio Ferrari