23 de junio de 2015

Circunvalación e inseguridad -------------

NI SIQUIERA ES “TIERRA DE NADIE”
PORQUE YA ES DE LOS LADRONES
Especialmente de noche el ágil y penumbroso trazado
es el reino  del  delito “al paso”, porque a la impunidad 
de las sombras se suma la inexistencia  de  patrullajes  
u otras acciones preventivas. Incluso con luz diurna es
una peligrosa alternativa para quienes acortan camino.

   No es nuevo que circular de noche por cualquier tramo de la Avenida de Circunvalación se ha transformado casi desde su inauguración, en algo así como una práctica urbana del turismo de aventura y es una equivocación asignar la responsabilidad que ello ocurra, a la cercanía del trazado con asentamientos marginales.
   Y aunque sea un lugar común, hay que caer inexorablemente a la falta de prevención, sin que sea necesario suponer el absurdo de ubicar policías uniformados cada cien metros o instalar casetas de vigilancia.
   Hay una manera simple y accesible de superar una situación que de por sí es caótica, porque si un elevado porcentaje de automovilistas opta por evitar esa alternativa de circundar la ciudad, ocupa calles de la cercana periferia y del centro, donde el tránsito no es un ejemplo de orden ni de respeto por las disposiciones en materia de circulación vehicular.
   Antes que nada es preciso que quienes tienen jurisdicción sobre la Circunvalación se ocupen de reponer todas las luminarias y aumentar su cantidad si es necesario, porque las tinieblas son las mejores cómplices de los ladrones. Y más aún, en coordinación con la policía -si esto es posible- buscar la forma de erradicar el vandalismo al que diariamente apelan los enemigos de la ley y de la sociedad para volver a las penumbras.
   Dejemos de pensar que todo se solucionaría manejando con un revólver en la mano o con un karateca o un experto en “katanas” cada 500 metros.
   El patrullaje constante en ambos sentidos no supera totalmente el problema de inseguridad, pero ahuyenta a quienes ahora tienen planeados todos los estilos de ataques, como ser apedrear desde los puentes mientras los cómplices esperan ocultos que la víctima se detenga. Otra maniobra consiste en arrojar clavos “miguelitos” o colocar bloques de mampostería sobre el pavimento, troncos u otros obstáculos que obliguen a interrumpir la marcha.
   En cuanto a la rotura de parabrisas, los automovilistas y camioneros en su mayoría han incorporado en sus conductas que frente a ello, jamás hay que parar y si es preciso -decenas de veces ha ocurrido- que es preferible correr el riesgo de perder parte de la visibilidad, pero arriesgarse a romper desde adentro la luneta y seguir viaje hasta sitios más seguros.
   Y por estar esa ruta muy próxima a establecimientos industriales, su obligada utilización por motociclistas se ha generalizado incrementando riesgos, hasta llevarnos a un elevado índice de atracos contra quienes se movilizan en esos vehículos.
   Poco interesa si de la prevención y el patrullaje son responsables la Policía de la Provincia o la Caminera, que en definitiva son lo mismo, porque lo más importante de todo es proteger al ciudadano y a sus bienes. Y no mostrarse a los turistas y cordobeses solo en el verano, con el talonario recaudador listo a entrar en acción, controlando en los peajes que nadie olvide de encender las luces del auto, colocarse el cinturón de seguridad o manejar tomando mate.
   En el presupuesto provincial, cuando ¡por fin! pasen las elecciones, quedarán demasiados rubros en los que se puede ahorrar, para asignar esos recursos alguna vez en beneficio de la gente que tanto los reclama, recibiendo la única respuesta de la indiferencia, la inacción y las penosas estadísticas delictivas que el propio poder esconde meticulosamente.
   Lo único que no se puede esconder, en la Circunvalación, es una realidad que vemos con penosa frecuencia en la televisión, la escuchamos en la radio y la leemos en los diarios.
Gonio Ferrari