9 de junio de 2015

Desaparecieron los pobres --------------

 LOS NN DE LA DECADA GANADA 

   No se trata tan solo de una nimia diferencia de enfoques, discursos, números o apreciaciones cuando colisionan las cifras que maliciosamente se dibujan desde el poder y una realidad tan palpable que es difícil negarla de sur a norte y de este a oeste del territorio nacional y últimamente no tan popular.
   Vemos la pobreza en cada rincón, a la vuelta de cualquier esquina y no la pobreza limitada a la escasa alimentación, sino en otros aspectos que hacen a la calidad de vida de los argentinos, aunque existan sectores marginados de ese drama tan creciente como desatendido pese a las declamaciones que en tal sentido nos abruman tanto como el crecimiento de la indigencia.
   Es cierto; absolutamente cierto y palpable y sería una idiotez, negar el progreso de algunos sectores de la sociedad que beneficiados con su trabajo, su esfuerzo y en muchos casos el asistencialismo, no tienen la obligación de saber que hay postergados y marginados en un país donde se pregona la inclusión social como un elevado logro de los últimos años.
   Pero de allí a sostener a nivel internacional que tenemos menos pobreza que en Alemania -por citar solo un ejemplo- nos ubica en el reino del delirio, la ensoñación o la ceguera para asombro del mundo que si por experiencias históricas tendía a creernos poco, ahora nos respeta menos.
   Cuando los funcionarios antes de hablar rompan las barreras de Puerto Madero, de los coquetos barrios amurallados que hay en todo el país de los opulentos que también existen, se encontrarán con el descarnado paisaje de privaciones -vale repetirlo- no tan solo de comida sino de trabajo, de seguridad, de educación, de salud, de justicia y de tantos otros componentes de la extensa nómina de los tan pregonados, apoderados y usados derechos humanos.
   Ignorarlos apelando a estadísticas menos creíbles que la existencia de los reyes magos es una perversa manera de evitar la búsqueda de soluciones integrales, porque esconder a los pobres es una forma atroz de hacerlos desaparecer de la escena.
   Salvando las distancias -que las hay- y apelando al archivo que también atesora lo malo, Videla con su sanguinario cinismo sostenía que los desaparecidos eran eso: desaparecidos sin entidad.
   Por favor, si algo se les puede pedir a los mentores de la década ganada, es que los pobres no corran esa suerte tan impía y cruel.
Gonio Ferrari