17 de junio de 2015

El Himno y la Selección

LA MÍMICA NO ES
UN SENTIMIENTO

En tiempos de innovaciones algunas muestras de 
sana locura y creatividad transformaron a nuestra 
Canción Patria. Desde aquella genialidad musical  
de Charly García hasta adaptaciones al folklore,al 
rock y a otros estilos,muchas fueron las versiones. 
La peor, esta penosa mezcla de mímica y silencio.

   Cualquier innovación en cuanto al ritmo de nuestro Himno Nacional más allá de la original debe ser asumida con respeto guste o no, porque la realidad mostró en su momento que los jóvenes volvieron a entonarlo a través de la audaz y creativa versión del genial Charly García.
   Luego aparecieron otras interpretaciones abordadas desde lo melódico o lo folklórico y hasta en tiempo de rock o de balada y los que viajan con frecuencia por el mundo, coinciden que es tan conmovedor recordar el sabor del dulce de leche o estar en cualquier lejanía y escuchar un tango, alguna conocida aunque olvidada zamba, o nuestro Himno Nacional.
   Es para imaginar que para los futbolistas ocurre lo mismo, aunque la realidad se ocupe de mostrarnos que no es así; que en nombre de la concentración pre competitiva no deben distraerse y cantar es distractivo; que la presión de las tribunas es abrumadora y otras pretendidas como inconsistentes justificaciones.
   No se trata de patrioterismo barato esto de apelar a uno de los símbolos de nuestra nacionalidad, como también lo son la Bandera, la escarapela en sus mil formas o el escudo para censurar una actitud negativa, sino plantear una cuestión de respeto a lo que representa como tal cada una de esas alegorías que en definitiva son una sola: nuestra condición de argentinos. 
   Mover la boca, murmurar, mascar chicle o callar en lugar de cantar no es un delito de lesa humanidad, pero sí es una cabal muestra que el deportista está más concentrado en la indiferencia, en su bolsillo o en cualquier otro pensamiento, menos el de saber que está defendiendo colores que hacen a su nacionalidad.
   Aún está en penumbras la autoría de esa lamentable versión del Himno murmurado, que equivale a la negación de su letra.
   Los futbolistas de nuestra selección mayor que en gran porcentaje juegan en el exterior, han perdido el sentido místico de cantarlo antes de cualquier competencia internacional, como si para ellos no representara un estímulo estar compitiendo en nombre de un país que les dio la nacionalidad.
   Es una prueba que la fama y el dinero son mejores alicientes, incluso en lo deportivo, para sentir la plenitud sin necesidad de añoranzas alimentadas por las ausencias y las distancias.
   Esos futbolistas, los que mascan chicle, miran a cualquier parte o practican fonomímica solo moviendo los labios, debieran imitar la actitud sin falsas poses de Los Pumas que cantan su sentimiento a viva voz desde el oíd mortales, como un grito de ánimo, homenaje y respeto antes de la batalla.
   Eso, simplemente, se llama sentirse argentinos.
Gonio Ferrari