16 de julio de 2015

Aníbal Fernández y la realidad ----

HAMBRE Y POBREZA, DOS 
TEMAS MANOSEADOS POR 
LAS FRÍAS ESTADÍSTICAS
“Si una sociedad libre no puede ayudar 
a sus  muchos pobres, tampoco  podrá 
salvar a sus pocos ricos”.(J.F.Kennedy)

   Me ha tocado -aún no sé si como experiencia o desgracia- conocer visualmente el espanto del hambre; del hambre por no comer y el morir por hambre, en lejanas latitudes de Africa y de Asia, o sea que me siento habilitado para abordar el tema trasladado a nuestra geografía nacional & popular.
   Partamos de la base que en Argentina es difícil sucumbir por hambre, salvo en algunos casos de comunidades perdidas en el monte, lejos de todo asesoramiento y presencia médica, sin transporte y con un elevado nivel de ignorancia, porque a veces toman la desnutrición como inherente a una existencia miserable; como estilo de sufrir porque no conocen otra forma de vida.
   El estado eroga enormes sumas de dinero en subsidiar no siempre a los que menos tienen, sino que incluye en esa dadivosa costumbre a miles y miles de adictos al ocio, en lugar de aplicar políticas que estimulen la demanda de mano de obra en una lucha frontal y sin concesiones contra la desocupación y el trabajo al margen de la ley.
 
 Tal el panorama sucintamente planteado, para no llegar a entender las afirmaciones del multiministro y jurador serial, Aníbal Fernández, quien descalifica por falsas las cifras elaboradas por una comisión especial de la Universidad Católica, donde sostiene que la pobreza en nuestro país alcanza a un 28 por ciento de la población, es decir poco más de 10 millones de argentinos que la sufren.
   Es una mentira demasiado grande para digerir, pero es una mentira mayor pontificar alegremente que no llega al 6 por ciento, que en Alemania hay más pobres y que el gobierno “K” durante su gestión ¡ha eliminado tanto el hambre como la pobreza!.   
   Suena atendible la postura del lenguaraz mañanero: cobra para eso y por obediencia debida, en un intento por minimizar una situación que lo menos que merece es ser ignorada como si eso le quitara gravedad y trascendencia.
   Nuestro ubérrimo territorio -ganadería, minería, pesca, agricultura, industria, turismo y otras fuentes de riqueza y alimentos- no merece tener un solo niño o adulto pasando hambre porque eso es descender a las catacumbas de la humillación y la indiferencia hacia los más desposeídos.
   Pero si se gasta más en espiar que en alimentar; en publicitar que en contener; en
acercarse 45 segundos al Papa a un costo millonario; en apuntalar empresas deficitarias que en lugar de adecuarlas a la realidad sus plantas de personal son la bolsa de trabajo de militantes; si muchos funcionarios son adictos al lujo olvidando la mesura republicana; si la corrupción es más fuerte que la decencia; si el “fútbol para todos”, se lleva más que la educación; si la mayoría de los jubilados nacionales cobra por debajo de la línea de pobreza, más nos acercaremos al desolador escenario del hambre, pero del hambre de verdad.
   No es un apocalíptico ataque de pesimismo, sino lo que nos espera, en el caso que no se apliquen correctivos en las políticas de asistencia a los más débiles, en salvaguarda de la recuperación de su dignidad de personas.
   Porque los pobres y los hambrientos, en cualquier parte del mundo, son personas más que carne de estadísticas y de mentiras.
Gonio Ferrari