27 de julio de 2015

Se ensucia la campaña -----------------

DURAS APRECIACIONES SOBRE
UN SPOT TELEVISIVO DE MACRI



   En un diario nacional de tendencia oficialista por fortuna de limitada circulación, el que fuera uno de los principales ideólogos y activista de Montoneros, sospechado de componendas con los golpistas del ‘76 y delaciones a sus propios y románticos compañeros, luego redactor de discursos y proclamas militares en los oscuros años de la última dictadura  y ahora devenido en columnista, analiza desde la profundidad de su propia sexualidad evidentemente no resuelta, las conductas ajenas y en este caso de uno de los candidatos a la Presidencia de la Nación el Ing. Mauricio Macri.
   En un spot televisivo el actual mandamás de la ciudad más grande del país conversa con una niña y le escucha relatar que vende rosas para juntar el dinero que le permita comprarse una bicicleta.
   Hasta allí y en síntesis, el “argumento” de la publicidad política, de las tantas que cansan y cansarán aún más a televidentes y radioescuchas por los próximos tres meses.
   Juro y aseguro que no soy defensor del ex presidente de Boca ni creo que lo necesite para esta cuestión tan primaria, como lo que puede significar pisar la tierra, evaluar la realidad y formarse una opinión acabada, por si hacía falta, de la personalidad de uno de los siniestros seres que quieren ser parte de una historia parcial que solo ellos escribieron y creyeron.
   Estima “El Perro” haber detectado una actitud lasciva de Macri hacia la criatura, quien aparece con sus padres, sacrificados y postergados habitantes de La Matanza en el conurbano bonaerense.
   El ¿arrepentido? doble agente en su comentario de Página/12 vende una imagen de respeto por los niños y censura cualquier ataque por velado que sea, contra su inocencia.
   ¿Para qué aportar más detalles acerca de un delirio de tamaña magnitud?
   Es para rogar simplemente que Verbitsky ejercite su memoria  -no que apele a su inexistente conciencia- y recuerde a los 21 muertos del comedor de la Policía Federal y a los otros cientos de víctimas que provocara su “romanticismo” homicida cuyo olvido lo ha transformado ahora en censor de gestos y palabras del prójimo.
   Saldrán como siempre los infaltables delirantes a calificar estas apreciaciones como una reivindicación a la teoría de los dos demonios.
   Que alguien entonces, por Dios, me diga en cuál de las veredas estuvieron los ángeles.

Gonio Ferrari