19 de agosto de 2015

¿HASTA CUÁNDO EL VANDALISMO?


 Cuando con alarmante frecuencia se juntan el sabotaje, el daño solapado y el vandalismo por carencia de vigilancia, es porque no se puede esconder la propia mugre de quienes son artífices de esas enfermizas prácticas antisociales.
   En nombre del conflicto cero hace demasiado tiempo que no se actúa penalmente contra los responsables y lo único que se consigue es aumentar esos hechos delictivos y consagrar la impunidad frente al contribuyente, que no merece que el propio Estado se transforme en encubridor y virtual cómplice de los atentados al no denunciarlos.
   Haciendo pintar los dedos y procesando a cinco o seis autores materiales se podrá desenmascarar y desactivar a los responsables intelectuales e instigadores de esta práctica aberrante que deteriora la prestación de muchos servicios e instaura el terror en la sociedad, cuya paciencia pareciera no llegar a su límite.
   Quienes se benefician con estas despreciables maniobras son los malos dirigentes que
alientan esta modalidad para “vender” combatividad, dureza e intransigencia a sus bases.
   Y mientras no se apele a la intervención de la Justicia, los artífices del vandalismo no seguirán siendo solamente los anónimos encapuchados que se mofan de las leyes agrediendo a la sociedad con su peligrosa pirotecnia en las manifestaciones callejeras, sino los que desde la tribuna manejan los mecanismos de la violencia organizada y sostenida desde ciertas, conocidas y evidentes arcas dirigenciales.
   Al amparo de la ley y sin vulnerar el respeto existen muchas expresiones de protesta para hacerse escuchar en un marco civilizado, lejos del daño y de la agresividad, por lo que marginarse de esa saludable costumbre es caer burdamente al terreno donde rigen los designios de la brutalidad y la prepotencia.
   No tenemos por qué seguir siendo víctimas de los miedos que acosan a los gobernantes pusilánimes, que creen superarlos transformándose en cómplices por silencio, mal disimulada indiferencia u omisión.
 
 La rapiña de insumos también es una extendida manera de debilitar a cualquier administración estatal, lo mismo que el colapso intencional de sistemas informáticos, obstrucciones cloacales, destrucción del alumbrado público, vandalismo en unidades del transporte público de pasajeros, anegamiento de desagües, interferencias en las comunicaciones, estragos en la red de semáforos, rotura y sustracción de espejos en las esquinas, obstáculos en las vías férreas y otros estropicios que, en definitiva, debilitan a los gobiernos y menoscaban la calidad de vida de la comunidad.
   Alguna vez, y rogamos que sea pronto, la dirigencia política dejará de lado sus temores de cuestionamientos internos y presiones de cualquier tipo, para ponerse del lado de la gente.
   En definitiva y después de todo es la gente que vota y no los dañinos impunes, quienes tienen las armas para llevarlos al poder, dejarlos permanecer allí, o correrlos a patadones.
Gonio Ferrari