11 de agosto de 2015

Saldos y retazos de las Primarias --------------

LECTURAS E INTERPRETACIONES, 
TRIUNFALISMOS Y DESENCANTOS
                
Aunque no hacía falta reconfirmar -por evidente- el calamitoso 
fracaso de las encuestas, lo del último domingo fue en realidad 
una encuesta obligatoria en todo el país. El escrutinio despertó
curiosas e impensadas reacciones en el mundillo de la política

   En un país donde desde todos los sectores tanto sociales como deportivos y políticos se alentó siempre la cultura del triunfalismo, no cuesta mucho entender que en las publicidades previas a los actos electorales, los postulantes anuncien pomposamente lo que piensen hacer porque ya se consideran triunfadores.
   Menos entonces cuesta digerir la actitud de la dirigencia política y sus seguidores a la hora de interpretar cifras, pretendiendo con una sacrílega aunque infantil candidez vulnerar la científica exactitud de los números.
   Todos dicen que ganaron porque sumando esto con aquello y restándole eso otro al adversario, los guarismos se acomodan al arbitrio de quien los maneja alentado por una desequilibrada vocación hacia el autoengaño o el onanismo ideológico.   
   Aquel genuino aunque gastado 54 por ciento ya no existe, canibalizado por una realidad que se pretendió maquillar sin éxito y cuando se hizo más evidente, tampoco fue aceptado el recurso de la negación o de su ocultamiento entre los pliegues de mentirosas estadísticas.
   El ciudadano cada vez toma mayor conciencia al abandonar la tozudez y reconociendo logros alcanzados que no han sido pocos, pero está incorporando en su chip la certeza que hacer las cosas bien es la obligación de sus gobernantes, porque para eso fueron elegidos. 
   La oposición, tan fragmentada como la sociedad, navega en el mar de su propia e inexplicable soberbia timoneada por una dirigencia con generalizada inclinación a ser caciques y esa tendencia a taponar los intentos de las juventudes militantes, que en la mayoría de los casos solo están para engrudarse pegando afiches antes de caer en el olvido de sus líderes.
   Las alianzas a futuro prosperan cuando hay coincidencias programáticas, horizontes parecidos y el común denominador de caminar hacia la grandeza y no a la eternización en el poder.
   A la hora de los análisis y las evaluaciones parciales, las cartucheras de las balas previsibles y fáciles son el resbalón en Río Gallegos, la abrumadora mayoría en Santiago del Estero, la inútil pelea entre Domínguez y Fernández, el bolsillo del jefe de gabinete lleno de votos ajenos, el alejamiento previo entre Macri y Massa, la consolidación delasotista sólo en Córdoba y asomándose hacia afuera, la virtual inexistencia de Sanz y Carrió en la suma de votos, el impensado progreso de la Sra. Vidal en la provincia de Buenos Aires, el crecimiento trosko que no simpatiza con los “K”, la tenaz insistencia del puntano Rodríguez Saá, el silencio de la Sra. Patrona de Olivos, la inutilidad de elegir delegados a un organismo internacional que comenzará a funcionar dentro de cuatro años, la duda de saber si Boudou aún existe, el artero golpe de aumentar de precio los combustibles (medida generadora de mayor inflación) en la noche del domingo y alguna otra extraviada perlita.
   Bueno sería que alguna vez todos los candidatos, sus equipos de campaña y la militancia sufrieran en beneficio de la gente; de los esperanzados sufragantes, un altruista y masivo ataque de sinceridad sin especulaciones, para que el pueblo al que dicen servir se libere de las dudas y las sospechas de turbios y trasnochados manejos a sus espaldas. 
   Porque las urnas, más que de votos, se llenan de aplausos y de rechiflas.
   El lunes de madrugada y con los números a la mano, el conjunto de “la opo” viró de la angustia a la esperanza.   
   Abreviando y en la vereda de enfrente, bastaron pocas horas para que el kirchnerismo pasara de una encendida euforia a una contenida y solapada reflexión y del optimismo exagerado a la casi respetuosa ponderación matemática.
   En suma, del triunfalismo precomicial a la realidad.
Gonio Ferrari