16 de septiembre de 2015

“Síganme los buenos”

EDICION ESPECIAL
Con motivo de las elecciones municipales del domingo último, no salió al aire la edición habitual del espacio que difunde AM580 Radio Universidad de Córdoba, con la conducción periodística de Gonio Ferrari.
Les ofrecemos ahora esta edición especial con los siguientes temas: La renuncia del Dr. Fayt, Mestre por 4 años más, Algo de la Megacausa del Registro y Ya cumplí 57 años de ejercicio de la profesión. 
¡Hasta el próximo domingo!


FAYT: NO SÓLO UNA RENUNCIA

   Tiempo atrás, su alejamiento hubiera significado el mismo placer al menos en lo estético, que haberse extirpado un forúnculo en el cutis.
   Aníbal Fernández procuró ser ocurrente y quedó como el prontuariado patán que nunca dejó de ser.
   Humillado, devaluado, menoscabado incluso en su condición de caballero de la ley, el más veterano integrante de la Corte Suprema de Justicia de la Nación mantuvo la altivez de su decencia, fue respetuoso con quienes vulneraron prolija y corporativamente esa virtud que debiera ser innegociable y de mil maneras quisieron obligarlo a una renuncia con sabor a huída.
   La paciencia, atributo de los sabios, es a veces una semilla amarga aunque el tiempo implacable a menudo la premia con frutos dulces: “Todo prospera a su hora. No hay que apresurarse”, sostenía Lyn Yutang.
   Para su edad envidiablemente casi centenaria, el Dr. Carlos Fayt demostró reflejos inusuales tanto en lo político como en lo práctico: deja la responsabilidad de su reemplazo en manos de quien ocupe la Presidencia de la Nación en el pos kristinato.
   ¿Serán los mismos? ¿Será el de otro color político?
   El polémico personaje plantó para la historia la seguridad de un estado de excepción, porque con tres miembros los fallos del alto tribunal están obligados a la unanimidad.
   Tantos millones de palabras se malgastaron en pretender debilitarlo para quebrarlo y Carlos Fayt utilizó solamente 40 para anunciarle a la Presidenta que se iba.
   Decir me voy no siempre es irse.
   Así lo hizo el viejito nonagenario a quien acusaron de inútil y gagá, con un estilo que suele ser el privilegio de los inteligentes: me voy, pero cuando yo quiero y no cuando ustedes lo imaginaron llevados por la prepotencia.
   Toda una actitud de legalidad, talento y elevada autoestima, poco frecuentes en la senectud.
   Desde ahora y aunque se vaya, pasará a ser parte de los sueños de muchos.
  Y de las pesadillas de varios… y varias.

HAY MESTRE PARA 4 AÑOS MÁS

   Los sesudos e imprescindibles analistas políticos han venido quemándose los sesos en la evaluación numérica de los resultados del domingo último, con algunas excepciones de estimar la importancia geográfica en la emisión del voto y la consecuencia de sus triunfadores zonales.
   Hacia la periferia se advierte una inclinación por quien resultara segundo y mientras nos vamos adentrando a los sectores menos alejados, la uniformidad de la adhesión al actual Lord Mayor es contundente.
   No faltan malintencionados que relacionan esa separación del electorado en función del incontrolable y accesible comercio de sustancias prohibidas, que viene creciendo frente a la inoperancia del Estado que tiene la obligación de proteger a la ciudadanía pero parece haberse olvidado de hacerlo.
   La cuestión entonces y para disipar cualquier duda que pudiera existir acerca de las intenciones que abrigaban los candidatos al Palacio 6 de Julio, lo trascendente sería conocer oficialmente y no por chismes, rumores o voceros poco serios, el origen de los fondos para haber realizado una de las campañas proselitistas más costosas de los últimos tiempos.
   Partiendo de la base que quien aporta dinero lo hace por inversión y no por generosidad, habría que ir viendo con el tiempo, cómo aparecen los beneficiarios de esa operatoria, sin caer en el error de poner la mira solo en el ganador, sino en lo que vayan logrando todos los que gastaron cifras enormes y en algún caso para obtener paupérrimo resultado electoral y desmedido papelón.
   Mientras no se conozca fehacientemente y como lo manda la ley, de dónde provinieron esas cifras, todo lo que se analice serán solamente especulaciones de cenáculos y mentideros.
   Como vecino, me asiste el derecho de saber si parte de mi dinero fue a una campaña precomicial porque se movieron partidas tanto municipales como provinciales y nacionales y ni qué hablar de cuentas privadas.
   Cuando ese aspecto quede aclarado ante la opinión pública, se terminarán los gurúes y quedará consagrada la verdad.
   Y podremos saber, de paso, qué precio se pagó y quienes dilapidaron por tanta mediocridad a la hora de atacarse y descalificarse, en lugar de luchar con propuestas para mejorar esta ciudad que es de todos.

NEGACIÓN DE  LA PRISIÓN PREVENTIVA

   En una edición reciente  de La Voz del Interior se publicó un informe relacionado con la decisión de la Cámara Décima de los tribunales cordobeses, en el sentido de mantener la libertad de un grupo de imputados sin sentencia firme expresando que: "El caso conocido en el ámbito judicial como ‘Loyo Fraire’ fue el que cambió el rumbo en Córdoba respecto de la prisión preventiva ya que en 2014 la Corte Suprema le ordenó al Tribunal Superior de Justicia flexibilizar las prisiones preventivas, lo que generó un hito en la Justicia Provincial"  
   Es apropiado recordar que en realidad la Corte Suprema de Justicia de la Nación así como otros organismos de reconocida y respetable opinión, le indicaron al máximo cuerpo cordobés que actuara conforme a derecho, es decir a lo que manda la Constitución, con lo que quedó claro que se estaba abusando de lo excepcional.
   Y esto no es cuestión de opiniones personales ya que la facultad de interpretar las leyes no debe ser mal entendida, ni mucho menos mal utilizada, como la libertad de aplicar criterios particulares o convenientes y esto fue lo que en definitiva les marcaron.
   La semana pasada otra nota del mismo matutino bajo el título de: “Hay 135 condenas por la causa del Registro” dibujó un informe exponiendo números de juicios, condenas y  condenados; fechas, nombres de Jueces y Fiscales. 
   A lo largo de sus 1228 palabras (meticulosamente contadas una por una) ni una sola vez aparece la expresión “prisión preventiva”. 
   No es un dato menor sabiendo que muchísimas condenas se cumplieron sin juicio previo, que el encierro fue masivo y extorsivo y que organismos como el Centro de Estudios Legales y Sociales, el Servicio Paz y Justicia, la Organización de las Naciones Unidas y nuestra propia Corte Suprema de Justicia se expidieron en contra de dicha medida.
   Por lo general cuando la información es incompleta, existe el riesgo de caer a la ausencia de Justicia.

“MI MEMORIA ES MAGNÍFICA PARA
OLVIDAR” SENTENCIÓ STEVENSON

Ya pasó ese día.Ya cumplí 57 años en la profesión y en
consecuencia me asiste el derecho a comentarlo con la
mira en los 60 para el no lejano 8 de setiembre de 2018 

   Malcolm Forbes no era tonto para pensar y tiempo atrás sostuvo que “La jubilación mata más gente que el trabajo”. Como me encantan los manjares, el buen vino, viajar y esquivarle a las penurias, no me jubilé de mi vocación y he seguido firme en su ejercicio, para llegar a cumplir 57 años ininterrumpidos en el periodismo que para mí no es una obligación laboral sino una pasión, una adicción, un saludable vicio.
   Ni me acuerdo por cuántas redacciones de diarios, revistas, radios, noticieros de cine y estudios de canales de televisión he pasado en distintos tramos de mi vida con una curiosa simultaneidad, que a la hora de hacer números, suman una exageración que no es para Guinnes, sino mía: 110 años efectivos.
   No se trata de un acontecimiento social ni es para tapa de diarios, recibir distinciones, reconocimientos, estatuillas, ser ciudadano ilustre o que me envíen almidonados saludos protocolares.
   Los que abrazamos esta profesión, sin dudas la más invadida del universo, sabemos que nuestra lucha es hacia fuera y hacia adentro, contra los oportunistas, los paracaidistas, los improvisados y los avivados de siempre que se cuelgan de una ideología, de un personaje o de una promesa; pontifican aquí y allá, a los cuatro vientos, juegan a que son comunicadores impolutos y por su militancia política, más que por la profesión, reciben jugosos beneficios.
   Puede que para ellos sea divertido, que les permita facturar y socializar mejor que si fueran carpinteros, talabarteros o taxistas -solo por citar casos distintos- pero cuando desnudan su liviandad de conceptos o el compromiso es solo parcial, interesado y sectorizado, es cuando quedan al descubierto los intrusos a los que anteriormente me refería.
   Lo festejé simbólicamente, sin ceremonias, misas de acción de gracias ni nada parecido, sino renovando el cotidiano y rutinario placer de trabajar.
   Todavía tengo amigos de fierro y colegas a los que admiro y frecuento, porque quiero seguir aprendiendo y lo mejor fue celebrarlo evocando momentos, mirando fotos amarillentas, trayendo al alma instantes únicos, recordando a los afectos que me acompañaron y me acompañan: a mi familia que le tocó sufrir las persecuciones que me agobiaron, las presiones, las amenazas y los malos ratos.
   De no ser por ellos, probablemente hubieran tambaleado mis convicciones y al primer traspié hubiera cedido al retiro que era como abandonar el ring.
   Debo ser agradecido con los que me enseñaron, cuando el periodismo se ejercía por vocación propia y elección patronal y no había aulas para cultivarse y aprender.
   No me apena confesar que mi universidad fue la calle. Aprendí de las angustias, conocer el mundo, acercarme al horror, vivir instancias mágicas, llorar a escondidas y ser feliz con la sencillez de un abrazo, de una caricia o de un oportuno consejo.
   Porque pese a los contratiempos, al sufrimiento, a la marginación laboral de algunos sectores, cada uno de nosotros tiene el mejor antídoto contra eso, que es sentirse libre y con la certeza de saberse útil.
   Solo esto quería decirles, como una confesión de vida, que en 57 años de trabajo me colmó de sorpresas.
   En este mundo, aquí donde nadie regala nada salvo que sea un despreciable demagogo, no existe placer mayor que seguir trabajando; no abandonar lo alcanzado, porque la meta está siempre enfrente de nosotros.
   Y los malos momentos, la indiferencia y las traiciones, en lugar de amontonarlos para que te hagan daño, hay que seguir el dictado de Roberto Stevenson, quien tuvo la genialidad de decir “Mi memoria es magnífica para olvidar”.
   A mi edad y con 57 años de periodismo sobre mis hombros y dentro del alma, no es necesario tocarle el timbre a la nostalgia.
   Esa dama sensual e imprescindible, tiene siempre sus puertas abiertas.
   Entrar a visitarla es eternamente una delicia.