1 de octubre de 2015

Córdoba indefensa -----------------------

LO MISMO QUE LOS CORDEROS,
NOS ESTAMOS DEJANDO MATAR

Es tal la desorientación del gobierno de la provincia en materia
de inseguridad que ya ni los remiendos alcanzan para evitar el
crecimiento de la delincuencia. Pese a todo lo siguen negando.

  Quienes suponían meses atrás que habíamos llegado al límite de la tolerancia en materia de desamparo estatal con relación a los ataques de la delincuencia, volvieron a equivocarse y así es como seguimos pagando las consecuencias, con la obligación de reconocer que igual que los corderos, con nuestra mansedumbre nos estamos dejando matar.
   Es como si la resignación hubiera doblegado nuestra capacidad de reaccionar. No hemos cambiado un ápice esa maldita costumbre de sucumbir ante los espejismos, mientras llenamos los vacíos de nuestra ansiedad con discursos, promesas y otras formas que adquieren las cuentas de colores.
   Los altos funcionarios le rehúyen referirse públicamente al tema, sosteniendo a través de voceros que no es cuestión de hablar sino de actuar, cuando vemos que tal desverguenza se destroza al chocar con la diaria realidad de una policía aletargada que carece de directivas sensatas porque no existe, desde hace tiempo, una política integral de seguridad.
   No es atinada política de seguridad seguir gastando millones y millones de pesos en autos nuevos, ni en armamentos, ni en comunicaciones, ni en apresuradas incorporaciones de personal, porque está dolorosamente demostrado que eso no sirve para nada, porque el hampa por la impunidad que le regalamos está mejor organizada y es más inteligente.
   Le regalamos, es así, a  través de nuestros representantes surgidos por el voto tras campañas que resultaron más costosas que haber reinstaurado la merecida tranquilidad en el seno de la sociedad, porque una vez asegurada su continuidad en el poder, ellos se olvidan de lo pomposamente anunciado, de las tonteras de optimizar algo inviable y caen a la estúpida amnesia al embriagarse de apetitos políticos mientras pelean por llegar a sitiales tan encumbrados como inmerecidos.
   Estamos demostrando ser el único pueblo que premia y sostiene a los inútiles; a los demagogos inservibles que son incapaces de instrumentar gestiones que mejoren nuestra calidad de vida, privilegiando eso sí, su crecimiento patrimonial que sin dudas les mejora el propio nivel.
   La Justicia suele ser el ámbito que funciona como puerta giratoria para quienes se burlan de la ley y ese es uno de los aspectos fundamentales a tener en cuenta, aunque existe la base evidente de lo que nos está sucediendo: estamos al borde, si no en los umbrales de la cartelización cordobesa calcada de los tristes y sangrientos modelos de Colombia en sus peores tiempos o de México en los actuales.
   “No se puede aceptar esa resignación (la nuestra) que confunde el conformismo con la virtud, que es aceptación serena del dolor y de los hechos. Me repugna cualquier resignación que amortigüe las ansias de vivir y de mejorar”, supo sostener Martín Descalzo y no estuvo equivocado.
   Ya resulta una pavada gritar a los cuatro vientos que todos conocemos quienes, donde, cuándo y a cuánto se vende lo prohibido, empezando por el alcohol, con el agravante que tanto los legisladores como las policías (provincial y federal) y la Justicia (provincial y federal) tampoco lo ignoran, todos sumidos en una repugnante y sospechosa apatía.
   Si nosotros, que como única arma contra lo que sucede tenemos el voto y no lo usamos a conciencia, deberemos reconocer nuestra oculta vocación no tan solo por la indiferencia, sino por el suicidio. 
   Que nosotros como sociedad impotente, engañada e indefensa miremos hacia otro lado es comprensible por el desamparo y el miedo, pero que las autoridades lo hagan, no tiene perdón de nadie.
   Ni siquiera de Dios.
Gonio Ferrari