8 de octubre de 2015

Periodismo callejero ------

DIFÍCIL CONFIAR EN LA 
POLICÍA DECORATIVA

   Es obvio que la policía está en la calle como brazo armado de la ley, o sea que en buen romance, está para hacerla respetar y si es posible, prevenir para que no la violen. De lo contrario, si se trata de una fuerza sólo contemplativa o parte de la escenografía callejera, no estaría justificando su razón de ser.
   Y eso parece estar ocurriendo en esta Córdoba sorprendente, porque en las narices de los efectivos se transgrede alegremente ese código de convivencia que es el respeto, violando la ley y sin que haya quien le haga entender al poder eso del pleno e innegociable ejercicio de la libertad.
   De la libertad de informar; de la libertad de trabajar; de la libertad de adherir o no a movimientos de protesta por el motivo que fuera, sin restarle validez a los argumentos que se puedan declamar.
   En una manifestación de taxistas, dos periodistas de calle -Javier Sassi de Radio Suquía y Leonardo Guevara de Radio Mitre- que pese a su juventud llevan años haciendo esa pesada tarea con responsabilidad y honesto equilibrio, fueron amenazados y agredidos por algunos manifestantes, solo por estar documentando el ataque contra taxistas que al no adherir a la protesta, ejercían su libertad de trabajar.
   Sería de lo más normal la situación por lo reiterada en nuestras calles, si no fuera que tal acción -doble delito- se perpetró a la vista de efectivos policiales que optaron por la actitud más fácil y menos legal: instar a los periodistas a dejar de cumplir con su tarea, practicar el vistagordismo y aquí “no ha pasado nada”.
   Se plantea entonces para el periodismo la alternativa de castigar con el silencio a los taxistas y no cubrir sus demandas, extendiendo tal temperamento hacia el fútbol o cualquier otra actividad, cuando son blanco de agresiones o en las masivas concentraciones gremiales donde la prohibida, peligrosa y tolerada pirotecnia tiene como apuntado destino a los hombres de prensa para evitar que trasciendan las salvajes actitudes delictivas.
   En ese caso, sería perder a manos de los autoritarios y patoteros, la cotidiana batalla por
informar.
   Y esto seguirá sucediendo, y los gremios volverán a la hipócrita y reiterada actitud de pedir disculpas, cuando es desde allí que los malos dirigentes exacerban los ánimos creyendo ser más valientes o “carteludos” al incitar a la violencia.
   Ejemplos tenemos por decenas y mientras la policía por obediencia debida al poder provincial, siga asumiendo ese lamentable rol decorativo en las manifestaciones en lugar de aplicar la ley, no nos asombremos si se entroniza ese perverso modelo de mirar hacia otro lado mientras esa ley es burlada.
   La tarea periodística bien se sabe que tiene sus riesgos que es necesario asumir, o dedicarse a tareas menos comprometidas como por ejemplo la jardinería, el tarot o el bordado.
   Que no sea el Estado con su displicencia el que empuje a los hombres y mujeres que abrazaron la vocación de informar, el responsable de una claudicación que el conjunto de la sociedad no merece.
   Una ciudad como la nuestra, sin periodistas de calle y con policía ornamental, se transformaría en el reino de la impunidad, indeseable consecuencia de la que no estamos tan lejos.
Gonio Ferrari