29 de octubre de 2015

SE VIENE LO QUE SE VIENE



   El entramado político, alucinante y despiadado, despertó de su letargo tan sorprendido como amanecer y abrir los ojos en cama ajena, porque hasta ahora una especie de piloto automático alimentado de soberbia no hacía pensar en grandes novedades, y menos aún en horizontes turbulentos.
   Sepultado el emblemático y añorado 54 por ciento del que se tomaron especialmente aquellos cegados por su propia mediocridad, al pisar  tierra firme no se encontraron con la alfombra mullida o el confortable parquet sino con el lodo que meticulosamente venían acumulando de error en error; de negación en negación; de cadena en cadena.
   De pronto los silencios se hicieron ominosos y funestos como presagiando la peste cercana que suponía -y aún supone- una certeza de cercanos adioses aunque para esos “elegidos” por suerte e impunidad no con las manos vacías.
   Es cierto que para la historia y el reconocimiento quedan logros trascendentales y plausibles como la Asignación Universal por Hijo, los planes Procrear, el matrimonio igualitario, la Ley de Medios, la recuperación de YPF y de Aerolíneas Argentinas, la ¿reactivación? de Fadea, la venta de agrotecnología a Angola, la eliminación de la pobreza, el notable incremento de la industrialización, la muerte de la desocupación, los satélites en órbita, el fútbol para todos, las jugosas jubilaciones nacionales, el utópico tren bala, los precios cuidados, el desendeudamiento, el control de la inflación, el fin del narconegocio y la recuperación de la seguridad que supimos perder en baños de sangre, luto y despojos.
   Es probable que mi sospechada miopía cívica me impida recordar algunas otras conquistas en beneficio de los argentinos, pero apelo al paso del tiempo para que la historia, cuando las encuentre, las incorpore para ubicarlas en el pedestal que se merecen.
   Porque pase lo que pase, los vientos traen aires de cambios que no necesariamente sean en las cúpulas políticas que gobiernan, sino en las mentalidades de los que mandan, rogando que los gurúes ideológicos hayan quitado las telarañas de las viejas ideas que solo servían para sostener liderazgos muchas veces de cartón.
   Todo esto se alcanzó por un detalle tan simple como magníficamente emotivo y estimulante: el pueblo eligió por su cuenta y demostró que los partidos políticos, desde el oficialismo que maneja la maquinita hasta el “cola de perro”, gastaron enormidades de dinero tiradas al vacío.
   A la gente no es necesario enseñarle a pensar como pretendía -o todavía pretende- el bueno de Forster, porque la ciudadanía ha demostrado que tiene criterio propio por encima de las promesas, de los cantos de sirena y del malsano ejercicio de la demagogia y del asistencialismo.
   Lo mágico, asombroso e impactante como resultado, es que la semilla de la humillada y ofendida Democracia que casi tímidamente volvió a regar el Dr. Raúl Alfonsín 32 años atrás, está comenzando a florecer.
   Y eso sólo, de por sí, es maravilloso.
Gonio Ferrari