22 de noviembre de 2015

LA REPUBLICA SE ESTÁ FORTALECIENDO MERCED AL RESPETO A LA DEMOCRACIA



Para  cualquiera de  los postulantes, 
más importante que hoy es mañana 

   Nunca nos había tocado a los argentinos elegir Presidente en votación de segunda vuelta, entre dos postulantes que llegan con idénticas pretensiones y parecidos apoyos de la gente, si nos referimos a los números previos y los consabidos pronósticos y encuestas no siempre ajustados a la realidad, sino al cobro del servicio y según quien lo haya pagado, obviamente por adelantado.
   La publicidad proselitista mediática llegó a su previsto final este viernes pero siempre existen mecanismos -sobre todo que benefician al poder de turno- para seguir con la promoción y exaltación de su candidato, como por ejemplo recorrer barrios y localidades bonaerenses.
 Con las redes sociales sucede un fenómeno no resuelto: el vacío legal que rodea a su utilización ya sea por los particulares adheridos o por las corrientes políticas que encontraron en ese medio un vehículo potencialmente poderoso, con excelente penetración en la sociedad y de bajísimo costo.
   Y la cuestión en tiempos de veda no es convencer, atemorizar ni desanimar a nadie porque la verdad, es para suponer que un elevadísimo porcentaje de votantes ya tiene decidido por quién hacerlo y cierra sus oídos a ciertos anuncios utópicos o esos otros cargados de ofensivas descalificaciones que por lo general pretenden reemplazar a la carencia de propuestas propias y serias.
   No pretendo adjudicarme la representatividad de nadie, pero a título personal me agobian algunas dudas e incertidumbres a los efectos de consolidar la fundamentación del sufragio en esta instancia tan largamente esperada.
   Es llamativo y preocupante que en la campaña del gobernante Frente
Para la Victoria se haya hablado más de Macri que de Scioli, corroborando un estilo proselitista basado en recalcar errores y falencias ajenas más que en seguir prometiendo a futuro hacer todo lo que en más de una década no se supo concretar.
   Se asustó al pueblo con el fantasma de un eventual ajuste cuando al ajuste lo padecemos cada día desde hace más de una década en el supermercado, en la farmacia, en la estación de servicio, en el pago de impuestos o en la compra de moneda extranjera para viajar o en cualquier otro ámbito de la vida ciudadana.
   Los argentinos, más que a las grandes políticas de gobierno, hemos debido acostumbrarnos a los parches, a los remiendos, a las improvisaciones y a la excusas emergentes de cada fracaso como si los responsables de la conducción fuéramos los ciudadanos y no los gobernantes.
   Se cuestiona -como parte de la campaña- la judicialización de algunos hechos delictivos en los que estaría vinculado el candidato de Cambiemos pero prolijamente se ignora todo lo que está pendiente con el vicepresidente en ejercicio, previsiblemente ausente sin aviso; los escándalos financieros con el jardinero presidencial, la condena a Jaime, las acusaciones a De Vido, el tema hotelero del sur, las valijas de Antonini Wilson, la todavía no resuelta muerte del fiscal Nismann, el secretísimo memorándum firmado con Irán …
   A la mayoría de los jubilados nacionales los siguen manteniendo con la zanahoria del 82 por ciento móvil por delante y con haberes por debajo de la línea de pobreza, lo que ya de por sí es humanamente humillante.
   La memoria y la Justicia quedaron parcialmente a salvo con la condena a los genocidas, aunque el espíritu de los derechos humanos iguala en su respeto por la vida, y ese aspecto se cubrió inicuamente porque no todos los asesinos estuvieron en el banquillo, muchos de ellos transformados en prósperos empresarios o en depositarios de alguna porción de poder.
   Nadie en la campaña habló de la efedrina, sus conexiones y complicidades ni del plan Qunita con sus alevosos sobreprecios, al igual que los aviones que les compramos a Brasil, país que produce en serio -y en serie- para proveer a un ávido mercado latinoamericano que debiéramos haber copado los argentinos.
   Se sostuvo a rajatabla que Argentina era solo territorio de paso para la droga, cuando las autoridades bien saben que aquí se fabrica, se estira, se distribuye a los minoristas, se vende y se consume a niveles demenciales merced a la enorme impunidad que aseguran las fronteras incontroladas y el narcotráfico enseñoreado a lo largo y a lo ancho del país.
   Esa es la madre, el padre y los hermanos de la violencia, la inseguridad y la muerte que han subvertido los valores de tal manera, que los decentes tenemos que vivir entre rejas mientras el hampa goza de una vergonzosa libertad que le robaron a la gente.
   Sería injusto negar el enorme valor que en su momento asumieron subsidios y planes que paliaron las carencias de miles de compatriotas, pero se tomó esa modalidad para suplantarla por la generación de mano de obra, lo que sirvió para dibujar números absurdos acerca de los niveles de desocupación.
   La Asignación Universal por Hijo es un ejemplo como para muchos lo es la ayuda escolar, la entrega de computadoras o la Ley de Medios cuya aplicación integral quedó en suspenso pero sirvió para consolidar una red nacional de medios afines al modelo.
   La Ley de Matrimonio Igualitario fue un acierto elitista del que no se prendieron todos los que imaginaron que lo harían, pero fue aprovechada como instrumento de propaganda para demostrar que sexualmente hay igualdad, aunque lo ideal hubiera sido que esa igualdad fuera en general ante la ley.
   Se agitó el “cuco” de la cancelación de ciertos subsidios, cuando la realidad impone revisarlos no para eliminarlos sino para optimizarlos hacia quienes realmente los necesitan y no en beneficio de los cultores de la vagancia, porque si hacemos números a mano alzada, cada trabajador argentino dedica al menos dos horas de su sacrificado esfuerzo diario para mantener esas “becas” que son un atentado a la dignidad.
   Cualquiera de los dos que asuma el 10 de diciembre tiene la obligación -al menos moral- de revisar todas las designaciones masivas que se hicieron después de la primera vuelta electoral y ponerle freno a esa costumbre nacional de tomar a las empresas del Estado -que somos todos- como parte de un botín de guerra transformándolas en bolsas de trabajo para militantes o en bombas de tiempo según sean los resultados.
   Quienes ejercemos el periodismo de manera independiente -en lo laboral- solemos ser blanco de ataques y de censuras desde algunos sectores, por erigirnos en críticos de desaciertos, errores o actitudes rayanas en lo delictivo que tienen por protagonistas a miembros del gobierno -nacional, provincial o municipal- cargándonos culpas por ocuparnos de los aspectos negativos de la gestión.
   Es como si se olvidara que los funcionarios de alto rango han sido elegidos por la gente para hacer las cosas bien, y esa actitud cuando se plasma no es merecedora de aplausos porque solo están cumpliendo con su deber; con una obligación cívica, mientras que puntualizando desaciertos por lo general se contribuye a rectificar rumbos.
   El de hoy, domingo 22 de noviembre, pasará a la historia de los argentinos como una fecha señera en que la Democracia vuelve a jugar su trascendente papel en el sostenimiento y la consolidación de la República.
   Para aquellos setentistas nostalgiosos, fracasados en armas y ávidos de poder, es el mensaje que supera el eslogan de “liberación o dependencia” del que se aprovechan y acomodan según las circunstancias, porque siempre tenemos alguien, interno o externo de quien dependemos y por ende de quien liberarnos.
   Nuestra historia demuestra que hemos sido dependientes de los propios errores (de todos colores) de los que cíclicamente creemos salvarnos.
   Hoy votamos.
   Hoy decidimos tras una campaña sucia donde la desacreditación del adversario fue más fuerte que la propuesta; donde el chisme y el rumor tomaron vuelo salvaje y desmedido alimentado por mentiras y patrañas reservadas a las republiquetas de ficción.
   Tenemos la ocasión de ser lo que merecemos: un gran país que albergue al país grande, que sea pujante, que recupere el respeto, que nos miren desde afuera con admiración y no con lástima, que podamos restaurar ese orgullo celeste y blanco que muchos ponderaron,  que aprendamos a querernos un poquito más, para celebrar el futuro con horizontes de progreso.
   No seamos tan tontos ni ciegos como para dejar pasar esta oportunidad.
Gonio Ferrari