12 de noviembre de 2015

ES HORA DE MOSTRAR MADUREZ POR ENCIMA DE LAS APETENCIAS


Más allá del resultado del balotaje, como 
si fuera legal y acostumbrado asistimos a 
un decadente ejercicio de la prepotencia.

   Para el caso de eso que se llama respeto a la elegancia y a las leyes, el resultado de la segunda vuelta electoral es secundario ya que cualquiera de las fuerzas que apelara a ciertos injuriantes subterfugios, hubiera recibido el rechazo de la ciudadanía, al menos de los amantes del buen criterio.
   Por eso no es aconsejable ahora menos que nunca, mezclar partido -o frente- con Gobierno, porque es el poder quien está incurriendo en maniobras más cercanas al conventillo político que al sano ejercicio de la autoridad conferida por la mayoría electoral de años atrás.
   Mientras los creativos publicitarios se empeñan en abusar de la afrenta más que apelar a la propuesta propia y centran sus cañones en el adversario por encima de divulgar las bondades de un proyecto, los nervios por exceso de adrenalina han pasado a ser privilegiados protagonistas de la contienda.
   Digamos que parte de los miedos ya quedaron atrás, que la gente tomó esa intención de implantarlo en la sociedad como un recurso extremo frente a la adversidad de las encuestas, y que la contraofensiva basada en el humor decretó la ridiculización de aquella tentativa intimidatoria.
   La más utilizada fue atemorizar con el ominoso peso de la palabra “ajuste”, como si desde hace años no tuviéramos uno todos los días ya sea en alimentos, indumentaria, servicios, impuestos, transporte, medicamentos, comunicaciones, combustibles o cualquier otro rubro porque de esa jeringa no se salva ningún traste.
   Se intentó demonizar con la intimidación de cancelar los subsidios a la electricidad, al gas y otras prestaciones al igual que con la caducidad de los tantos planes asistencialistas que andan dando vueltas, en su real cometido de comprar voluntades sin esfuerzo más que en estimular la sana y digna cultura del trabajo.
   Los nervios y la inquietud han crecido en el seno del poder y la histeria es una de las principales protagonistas tanto en televisión como en gráfica y radio y especialmente a través de las redes sociales, dado que los consultores coinciden en que las agujas de las encuestas pese a su escasa seriedad a la luz de los resultados, se mantienen estables y con perspectivas no muy alentadoras para el oficialismo aunque los triunfalismos no son oportunos.
   ¿Esperan el debate? Es una instancia que poco puede modificar la determinación popular en una sociedad que ha demostrado, unos días atrás, que el vidrio dejó de formar parte de su dieta diaria y que tiene la madurez de elegir a los hombres más que a los partidos.
   Por eso debe ser que se están multiplicando los “aguantaderos” encubiertos en organismos estatales, destinados a albergar a militantes tomando como campos propicios para ese cometido a las desmembradas e inequipadas Fuerzas Armadas, la Justicia y la diplomacia, muchas veces con un festival de contratos para los que quedan al margen y pases a planta permanente para quienes se atornillan a sus cargos, incluyendo la práctica del más desembozado de los nepotismos.
   Los ascensos en Cancillería han sido caratulados como casi escandalosos, justificándolos en el hecho, más que en la sospecha, que Timerman se reporta a La Cámpora y al ministro Kicillof.
   En el capítulo dedicado a los delirios -que a veces se originan como contrainteligencia en la propia tropa- los apocalípticos que nunca faltan referían la posibilidad de una juventud levitada en armas por su vinculación con las conducciones del Renar, de Fabricaciones Militares y de Fadea, donde no se elaboran ni arandelas.
   Por lo que se advierte en estos últimos tramos de la campaña, mientras Macri y los procesos en su contra pasea en los actos con su candidata a Vice, el antes victorioso frente insiste en esconder al suyo, capacitado e inteligente ideólogo del modelo chinoista, náufrago en el mar de las dudas que ellos mismos supieron agitar durante más de una década y este sería el momento de disiparlas.
   De todas maneras no es mucho lo que cambia con referencia a ese puesto porque el actual Vice -vaya Dios a saber por qué- se mantiene condenado al anonimato y las ausencias, con su pasaporte y la visa a México incluida aunque en las sombras, de lo que puede llegar a ser el anticipo de una sombra verdadera a futuro y Justicia de por medio.
   Todo este panorama nos remite a la nostalgia de años idos, de allá por los ’90 del siglo pasado cuando Carlos Saúl I de Anillaco inventó candidatos extra partidarios surgidos del deporte y de otros impensados  ámbitos.
   Los unía -para que seamos fieles con la historia- un solo detalle que era la convicción peronista aunque algunos intentaran empolvarla de suavidad y tersura, cuando la convertibilidad anestesió a la inflación que por momentos alcanzó el 200 por ciento mensual y al final del siglo descendió a niveles inferiores al promedio mundial y más bajos, por ejemplo, que en Alemania. 
   El país tuvo un elevado ritmo de crecimiento, el más alto de los últimos setenta años, aún después de las crisis internacionales  sufridas por México, Rusia y Brasil. Entre 1990 y 1998, el producto bruto interno argentino aumentó un 43.7 por ciento acumulado, lo que implicaba una tasa de crecimiento promedio del 6.7 por ciento anual y las  exportaciones crecieron un 83 por ciento acumulado entre 1990 y 1998, pasando de 12 mil millones de dólares en 1990, a 26.5 en 1998, lo que certifica un incremento anual promedio del 13 por ciento. 
   En otros aspectos, Menem (peronista) indultó a los genocidas de  la dictadura, canjeó compulsivamente los depósitos a plazo fijo por bonos externos, alineándose con los EE.UU envió tropas a “Tormenta del Desierto”, reformó nuestra Constitución merced al Pacto de Olivos entre el menemismo (peronista) y el alfonsinismo (radical), quedó abolido el servicio militar obligatorio, con acuerdos en el Senado y Diputados se privatizaron empresas nacionales que el peronismo aplaudió, en el ’95 Carlos Saúl fue reelecto, dos años después renunció Cavallo, en el ’97 la alianza triunfó en las elecciones legislativas, un año después la CGT (peronista) decretó los primeros paros nacionales, nacen la Corriente Clasista y Combativa, la CTA y el MTA y entran en escena los primeros grupos piqueteros.
   La alianza gana las presidenciales con De la Rua a la cabeza en el ’99 y en el 2000 se agrava sensiblemente la crisis económico financiera.
   Apretada síntesis de la década a la que nadie quiere volver, aunque su eclosión haya tenido origen en un gobierno del mismo palo, si es que los “K” siguen insistiendo en vestirse de justicialistas.

 Por todo eso extraña la actitud actual de dejar “tierra arrasada” y campos minados a quien le toque en suerte conducir los críticos destinos nacionales, con el doble perverso juego del “por las dudas”, ya que si revalidan los ajados títulos será nada más que la continuidad de la crisis y si le toca a una fuerza nueva, el panorama no es muy alentador pues en lugar de un país; de una república, recibirá una bomba de tiempo cuyo detonante está y seguirá por unos meses en manos de los actuales.
   Nadie se asombre entonces ni siquiera en nombre de la nostalgia, si se actúa en legítima defensa de la República y de sus instituciones, desbaratando esa maligna, pervertida y corrupta madeja de complicidades y silencios instalada aviesamente en el seno del poder.
   Será la manera legal de gobernar sin cánceres internos, para cualquiera de los dos.
   A ningún argentino le gustaría tener entre sus compatriotas a un émulo de Atila, el rey de los Hunos.
   Donde pisa su caballo -decían sus contemporáneos- no crece más la hierba.
Gonio Ferrari