2 de noviembre de 2015

La molesta sensación --------

UN RETRATO DEL MIEDO

Claro veredicto: “El hombre que tiene
miedo sin peligro, inventa el peligro
para justificar el miedo”. Lo dijo Alain

En un informe de National Geographic, cuya seriedad es reconocida y vale la pena su transcripción, aparece una sintética definición: “El miedo, comenzó siendo algo positivo en las sociedades prehistóricas, que salvaguardaba a nuestros antecesores de peligros como los depredadores, las inclemencias del tiempo y demás amenazas, colaborando así en la supervivencia de la especie.
A medida que las sociedades fueron avanzando, las teorías sobre los temores fueron creciendo paulatinamente a estas, siendo utilizado en muchas ocasiones por los grandes poderes para controlar a las masas o para moldear a las poblaciones a su antojo.
Un ejemplo claro de esto fueron las grandes políticas autoritarias, que se apoyaban en el terror para asentar sus mandatos, como el nazismo que asoló Europa durante los años 30 y 40 del siglo pasado, que basó gran parte de su poder en el miedo.
También la fundación de terrores en contra de otros colectivos o etnias ha ayudado a la consolidación de sistemas políticos, demonizando y achacando males y peligros a diversos grupos que en muchas ocasiones distaban de encarnar las características que se les atribuían.
En determinados momentos de miedo, puede llegar el pánico, que hará que se desactiven nuestros lóbulos frontales, retroalimentando el miedo y haciendo que se pierda la noción de la magnitud de este y en muchas ocasiones el control sobre la propia conducta”.
De ahora en más, el texto siguiente no se trata de un serio tratado científico, estudio sociológico de masas ni es una incursión por los intrincados vericuetos de la mente humana.
Es solo un rejuntado de sensaciones vividas, mechadas con algo de lecturas a calificados autores y sentencias de sabios pensadores, en la convicción que lo importante es la conclusión que cada uno pueda obtener al aplicar este “ungüento escrito” sobre las dudas, las heridas o los recuerdos de las propias experiencias.
Desde “el cuco” de la niñez lejana, pasando por “el viejo de la bolsa” y el terror a la chancleta materna hemos venido superando etapas para caer después al miedo a las oscuridades, al rigor de la suegra y a los futuros inciertos como por ejemplo a la muerte, que es una instancia tan inevitable como desconocida.
Los libros coinciden en que es una sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario. También se lo considera sentimiento de desconfianza que impulsa a creer que ocurrirá un hecho contrario a lo que se desea.
Entonces no es aconsejable generar miedo ni intentar imponerlo, si nos atenemos al pensamiento de Hugo Wast, quien dijo “Que nadie se vaya a dormir teniéndote miedo, pues se despertará teniéndote odio. Si quieres que te quieran no te hagas temer”.
El miedo puede provocar horrendas sensaciones y llevar a situaciones insalvables, pero jamás ese temor atávico nos puede condicionar las determinaciones tomadas de corazón y con el alma en la mano.
El día que íntimamente reconozcamos que tenemos miedo de pensar, será cuando ya estemos en un infierno. Y esto, dicho sea para apelar a la memoria y al análisis y no para infundir pánico ni terror.
Inocular el miedo en la sociedad es tan vil como contagiar enfermedades infecciosas.
Y la única vacuna para liberarse de esa presión torturante y fascista, es el ejercicio del pensamiento libre y la plena libertad de conciencia al optar a través del voto.
A los miedos argentinos -espantosos y sangrientos- tendríamos que haberlos sepultado el 10 de diciembre de 1983.
A quienes no lo hicieron, el miedo los acompañará hasta la tumba.
Porque el miedo es el peor y más perverso de los tiranos.
Gonio Ferrari