22 de noviembre de 2015

Jornada histórica - “SÍGANME LOS BUENOS” Edición especial

“Síganme los buenos” y el balotaje ---

EL VEREDICTO INAPELABLE DE LAS
URNAS ABRE UN NUEVO HORIZONTE

“El vencedor no se detiene a contar sus muertos. La
gloria del triunfo lo compensa todo”, dijo Benavente.

   Ya está.
   Ya pasó.
   No me vengan ahora con aquello de “Ni vencedores ni vencidos” porque a los vencedores antes de la batalla ya los daban por muertos, empachados de votos y humillados por lo que se sostenía desde la prepotencia y el autoritarismo que la revalidación de títulos era nada más que un trámite.
   Si bien no es elegante pegarle a nadie en el suelo, el morder el polvo de la derrota suele fortalecer a la gente de convicciones que restaña sus heridas y se prepara para la próxima batalla, por la que deberán esperar un tiempo apostando al fracaso de una gestión condicionada por los escollos que los políticos berretas sembraron en el camino de la alternancia.
   Es cierto que ha ganado la democracia, demostrando que el aparato estatal con sus enormes ventajas, la máquina de imprimir dinero y el abuso de los medios periodísticos oficiales no es invulnerable y para vencerlo sólo hace falta un pueblo conciente de haber perdido los miedos, esos miedos que nos acosaran en los tristes años de las dictaduras que hemos sabido padecer.
   Pero ese otro miedo, el implantado en nombre de la democracia, es el más dañino y ruin porque pretendieron inocularlo en los sectores más postergados; en los dependientes del subsidio o del plan; en aquellos que de verdad han sido víctimas de un Estado abandónico que optó por el asistencialismo salvaje y desmedido en reemplazo de la creación de fuentes de trabajo, al menos para preservar eso que se llama dignidad.
   Los que perdieron deberán ahora, más que buscar responsables del fracaso -que son harto conocidos- esmerarse en cumplir con la breve transición sin delirios de venganza como lo anunciaron los intolerantes que nunca faltan, escudados en su temporaria fortaleza de cartón.
   El pueblo se ha expresado.
   Vox pópuli, vox dei.
   Ahora más que nunca.
Gonio Ferrari