30 de diciembre de 2015

Ahora los dirigentes condenan el hecho ----------

MÁS GRAVE QUE LA COBARDÍA DE LOS
PATOTEROS FUE LA INACCIÓN POLICIAL

Los periodistas sabemos, al abrazar la profesión, que nos
entregamos a una tarea de alto riesgo aunque no estemos 
destinados a cubrir  una  guerra u otro episodio bélico que
haga  peligrar la vida. Lo triste es cuando la prepotencia a
caballo del alcohol -o de otras sustancias- transforman en 
“valientes” a delirantes descerebrados, que para asegurar
su impunidad por los daños que ocasionan pretenden que 
el periodismo no documente una realidad. Nadie más que
la dirigencia  debiera  neutralizar  el  previsible y peligroso
accionar de esos elementos antisociales. La función de la
policía en las protestas  gremiales, no se debe limitar sólo
a cuidar el lugar ni para impedir que se dañe el césped de 
las plazas,se quemen los árboles y rompan vidrieras, sino 
garantizar como sea el estricto cumplimiento de las leyes.

   Otra vez y ya van tantas, que no vale la pena recordar porque han sido episodios de violencia extrema, perpetrados frente a la presencia de contingentes policiales que se limitaron a la tarea contemplativa de acompañar a los manifestantes abriéndoles el tránsito y vulnerando -a sabiendas- los derechos del resto de la población a circular libremente.
   De los enormes daños al patrimonio ciudadano -contenedores, vidrieras, automóviles, mercadería, bancos de plazas, arbolado, etc.- no se sabe que alguien haya pagado por ellos en lo material ni en lo penal, con lo cual por más que se lo niegue, hay una grosera consagración de la impunidad para los piquetes sindicales de protesta.
   De los periodistas golpeados por los manifestantes ampliamente identificados, en Tribunales hicieron parodias de actuaciones para dejar todo en la nada, y cuando esos hechos se hicieron públicos con profusión de imágenes, no se recuerda que un solo fiscal se haya tomado el pesado trabajo de actuar de oficio salvo en este caso.
   Resumiendo, estamos desprotegidos por la ley y están más amparados los violentos tal como sucede en nuestra sociedad: los honestos nos vemos obligados a vivir entre rejas de protección mientras los delincuentes andan sueltos y a sus anchas.
   ¿Por qué maltrataron, humillaron y golpearon a la colega Karina Vallori, joven pero con elevada experiencia en coberturas callejeras, abogada y movilera en TV? Por dos razones: una por tratarse de una mujer, “bocadillo” para los patoteros -contra un hombre se irían en caca-  y otra por cometer la torpeza de trabajar en lo suyo, documentando una demanda gremial que tendrá sus razones pero nunca tan valederas como para castigar cobardemente a nadie.
   Y la policía, de privilegiado testigo, sin actuar frente a la flagrancia de una agresión que pudo haber tenido peores consecuencias, mostró una actitud que da pié para pensar con fundamento que las instrucciones recibidas de su recóndito jefe no incluían preservar la integridad de nadie, salvo la propia.
   Y como en las obras de final previsto y sin sorpresas, salieron las voces grandilocuentes de la corporación sindical repudiando el hecho, cuando todos sabemos que son los malos dirigentes los que motivan y arengan “a su tropa” en las asambleas en cuyos escenarios (¿quieren fotos?) por lo general suelen quedar muestras de ciertas inclinaciones como característicos tetras de cartón y latas vacías, etc.
    El Gobierno de la Provincia emitió asimismo una declaración imperdible sosteniendo que “la libertad de prensa es uno de los principales pilares de la democracia y entre todos debemos defenderla y respetarla”, que es precisamente una de las grandes omisiones como en el caso de ayer.
   No faltarán quienes se quejen por la reacción mediática tratándola de acción corporativa, y la verdad es que si no nos defendemos nosotros, está visto que la autoridad no se toma ese trabajo, al menos de garantizar la integridad de nadie salvo de la propia, de las vallas y de los funcionarios acovachados en sus despachos.
   El ataque perpetrado contra Karina Vallori, Marcelo Carretero y Antonio Pissoni solo por documentar una protesta y “por pertenecer Canal 12 al grupo Clarín”, ha sido una deleznable muestra de incivilidad e intolerancia, llevada a cabo por patéticos exponentes de la derrota, trasnochados nostálgicos de lo que no supieron defender.
   Con el material gráfico y fílmico existente, más los testimonios, la Justicia tiene casi hasta las impresiones digitales de los autores como para encartarlos debidamente, para que estas situaciones no se vuelvan a repetir porque vulneran incluso la legitimidad de cualquier reclamo porque la violencia pasa a ser protagonista.
   Y de paso, también puede servir para que las autoridades policiales se aboquen a la tarea de hacer leer algunos artículos del Código Penal a sus efectivos, como para que sepan a qué atenerse en situaciones conflictivas cuando ante sus ojos se quebranta la Ley.
   De policías espectadores que acompañan las marchas donde la Ley pasa a ser un estropajo, ya estamos hartos.
Gonio Ferrari