24 de diciembre de 2015

Giordano, el dibujante delasotista ----------

VOLVIO AL ATAQUE EL “INVENTOR”
DEL DIFERIMIENTO DE PAGOS PARA
TAPAR HUECOS DEL DESPILFARRO

   Es como si se tratara de un maligno juego de complicidades y silencios en aras de mostrar una situación financiera dominada y prolija, cuando en realidad la deuda provincial ha llegado a niveles tan inéditos como inexplicables a satisfacción de quienes la sostienen con sus aportes: los empleados públicos, los tributarios de impuestos y la manoseada coparticipación federal.
   Cuando el delasotismo en su momento necesitó echar mano a los fondos de la caja para otras erogaciones -campaña, miles de jubilaciones a quienes nunca habían aportado, demagogia social, etc.- Osvaldo Giordano interventor sin término usurpando dominios de los pasivos, inventó en lugar de moderar los gastos, diferir el pago de los aumentos, hacer caja e interpretar y aplicar caprichosamente la ley a la hora de liquidar los beneficios.
   Mal no le fue porque pese a las tibias protestas de una oposición ciclotímica y permeable a los acuerdos, los viejos tienen escaso poder de fuego, la pólvora mojada y la enorme ayuda de las conducciones sindicales que siempre miraron hacia otro lado, como si ellos nunca fueran a llegar a viejos y por tener “la vaca atada”.
   El “tomala vos, dámela a mi” que practicaron Schiaretti y el fracasado presidenciable en la conducción provincial fue una férrea garantía de continuidad, en esa perversa manera de esconder los números de la verdad y del propio fracaso en su dispendioso manejo.
   Giordano, de bajo perfil pero avezado manejador de números, era la persona indicada para estructurar el avieso e inmoral sistema que condenó a la postergación de miles de pasivos, pero permitió un irreal equilibrio de las partidas. Las demoras y omisiones de la Nación eran solamente un pretexto provincial para mostrar cierto grado de discrepancia con la conducción kirchnerista y para aprovechar de rebote el rechazo generalizado de los cordobeses a esa corriente disfrazada de justicialismo. 
   Y así como ocurrió cuando se implantó la infamia de la ley que retardaba seis meses el cobro de los aumentos -que al llegar ya habían sido licuados por la inflación- a escondidas del pueblo, en la Unicameral aislada por vallas y decenas de efectivos, se escribió otra oscura y maligna página de la historia política cordobesa.
   Aprovechando la cadena de feriados, la entrada en receso de la administración pública, el adormecimiento sindical y el sugestivo silencio de algún dirigente emparentado desde años atrás con el poder -aunque Pepe Pihen votó en contra, sin afectar la mayoría que ya estaba calculada- se firmó la partida de defunción de un 82 por ciento que hace tiempo se dejó de pagar, se normalizó la liquidación de incrementos con relación a los activos y con el mismo resultado que ponerle una curita a un tajo en el corazón decretaron la entrega selectiva de 1.200 pesos para jubilados con mensualidad inferior a 20.000.
   Las caras de piedra de los legisladores responsables de la tenebrosa maniobra -la mayoría de ellos maquillados en Corcemar- eran una rara mezcla de patetismo y ausencia, con la indiferencia animal del perro que volteó la olla o era el rostro de la carga de su complicidad con un despojo.
   Ya estaba hecho, los brazos de yeso con apoyo hicieron lo suyo y podían lucir ahora la satisfacción de haber cumplido con el deber de modificar una realidad que mucho dista de ser ideal, por las derivaciones que puede alcanzar ese acto de automatismo, sin debate ni conocimiento cabal.
   Un nuevo triunfo de Giordano -el de bajo perfil pero elevada incidencia- que ahora como ministro de Finanzas debe terminar el cometido que su patrón político le encomendara: fabricar cifras que escondieran el descalabro, los excesos y la entrega indiscriminada de beneficios a quienes nunca aportaron ni un mísero peso.
   Atrás y para la memoria -jamás para el olvido- quedan las dulces promesas de la reciente campaña centradas en la enorme mentira de ocuparse de los más viejos, de terminar con su postergación y de asegurarles una mejor calidad de vida, todos estos elementos que hacen al respeto.
   Y en la sospechosa alternancia de los encumbrados personajes, en lugar de honrar a quienes todo lo merecen les asestaron una puñalada por la espalda y traicionaron sus propios principios de solidaridad tantas veces cacareados, al amparo de la Guardia de Infantería, de las vallas y de demasiados silencios cómplices de una maniobra deplorable.
   Fue la consagración de Osvaldo Giordano como monje negro.
Gonio Ferrari