11 de diciembre de 2015

Nación, provincia y municipio ------------

DESTRUIR BARRERAS, HACIENDO
CAMINOS Y BUSCANDO ABRAZOS


Hace demasiado tiempo que lamentablemente el
eje nación-provincia-municipìo muestra fracturas
en lo que debiera ser una interacción conjunta en
beneficio de la gente. Es imperioso restablecerlo.

   Por lo general las expectativas populares ante un cambio que en algunos aspectos se considera traumático, suelen ser tan desmedidas que nos aportan el penoso nivel de indiferencia padecido, o nos gratifican con las ansias por respirar aires nuevos cargados de esperanzas.
   La odiosa y dañina pelea que por años separó a la Nación con la provincia de Córdoba y el municipio capitalino significó una elevada pérdida para la calidad de vida de la sociedad porque no hubo financiamiento de obra pública ni refuerzos de partidas presupuestarias para salud, previsión, educación o seguridad, sumado a otras falencias porque la coparticipación sufrió un severo recorte en muchos casos debido a divergencias políticas o ideológicas.
   Esta caprichosa y malsana costumbre gubernamental y unitaria obligó en el ámbito provincial a la creación de nuevos impuestos encubiertos bajo el eufemismo de “tasas” y un incremento en la presión fiscal que hizo necesaria una participación más activa de Kolektor (empresa de cobranzas asociada a la Dirección de Rentas).
   La Municipalidad de Córdoba eroga en sueldos a sus casi 12.000 empleados alrededor del 65 por ciento de lo que recauda y pese al elevado nivel salarial, enfrenta un estado de conflicto permanente con el gremio cuya conducción ideológicamente alineada al gobierno nacional, se ocupó de minar el presupuesto con sus nefastas consecuencias.
   No es posible gozar de bienestar ni progresar si la Nación, la Provincia y la Municipalidad están enemistadas entre si mientras la población, única víctima de intereses  de los que no se beneficia, es triplemente rehén de caprichos, especulaciones y desencuentros.
   Las cosas tienden a cambiar en un escenario ahora propicio para compartir objetivos comunes dentro de eventuales disensos, pero con la grandeza de privilegiar los intereses de una sociedad cansada de padecer falencias y demoras de las que sus únicos responsables son los gobernantes y los malos dirigentes sindicales paradojalmente encumbrados por el voto popular.
   Por lo menos ahora se encuentran, conversan y no se ladran.
   Han entendido que el marco adecuado es el respeto a la gente por encima de sus propias apetencias políticas de aspirar a más, para alejar el temido fantasma del fracaso que lleva a retiros poco decorosos que dejan el tendal de deudas y de dudas, tal como se vislumbra lo que mañana será historia para olvidar.
   Es la hora de pensar en grande y en todos, sin exclusiones ni autoritarismos alimentados por el fácil y oneroso mecanismo de la dádiva indigna y humillante, que se maquilla de solución social pero resulta ser un salvavidas de plomo.
   Es ahora, ya, la coyuntura ideal extraña en los tiempos que corren desde que se reinstaurara la Democracia tras los años tenebrosos, para que los argentinos destruyamos barreras, hagamos caminos y busquemos el abrazo del reencuentro nacional con generosidad cívica pero con memoria y justicia.
   Pascal dijo una vez que  “Las cuerdas que amarran el respeto de unos para con otros, son en general cuerdas de necesidad” y es muy cierto, después que nos separaran los odios y las barreras ideológicas.
   Los argentinos necesitamos ser felices.
   Todos y en especial la dirigencia, sin brechas ni abismos; sin egoísmos ni alocadas ambiciones; sin glotonerías políticas; sin fracturas sociales ni impunidades.
   La revancha es para los resentidos.
   Basta con que tengamos espíritu y vocación de grandeza.
   En eso sí, tenemos la patriótica obligación de ser insaciables.

Gonio Ferrari