5 de enero de 2016

Senado Nacional, Unquillo y Córdoba

ENORME VALOR, CONSIDERAR
PERSONAS A LOS EMPLEADOS


Los hombres que no hacen ruido
son peligrosos” (La Fontaine)

  Debe ser duro hacer callar a los demás y después, cuando esos demás pueden hablar, te llevan a enmudecer.
 Debe ser dolorosa la transición de imponer silencios a una nueva realidad de saber y escuchar que nadie calla.
 Todo un juego se sensaciones alimentadas por la memoria que es en definitiva el juez más insobornable de la historia.
 En la tarde de este lunes último por la frecuencia de AM580 Radio Universidad de Córdoba me sorprendió el comentario de un glosista seguramente de nivel universitario que supongo joven, estudioso, emprendedor y ansioso de ascender como es dable esperar de un profesional de la comunicación.
 Alentaba la justa protesta de un numeroso grupo de cesanteados de una municipalidad cordobesa -si no me equivoco se refería a Unquillo- que por disposición del jefe comunal entrante se quedaban sin trabajo y la explicación patronal era el exceso de empleados y la falta de presupuesto.
 Dentro de las mismas consideraciones, el entre otras actividades cronista deportivo que en su momento manifestó su condición de “periodista militante” del modelo nacional y popular, atacó la medida adoptada por la Sra. Vicepresidenta de la Nación y titular del Senado, por haber derribado más de 2.000 (dos mil) contratos y nombramientos suscriptos por su antecesor, Amado Boudou, en el último año.
Tras sesudas consideraciones de corte ideológico más que técnico o jurídico, sentenció -palabra más, palabra menos- que en estos casos había que entender, por sobre todas las cosas, que no se trataba simplemente de empleados, sino de personas.
Y lo recalcó: son personas.
No es necesario entrar a profundizar en la definición de la Real Academia Española que entre otras acepciones consigna: “Hombre o mujer || Individuo de la especie humana || Denomínase así a todo ente susceptible de adquirir derechos o de contraer obligaciones …”. Sintetizando o interpretando, persona es un ser propenso a sentimientos, dolor, pasión, odio, placer, rechazo y cualquier otra sensación o vivencia espiritual, lo que no sucede por ejemplo con los árboles o las piedras.
  No recuerdo, aunque a veces la edad suele depararme inocentes olvidos, que alguien salvo alguna honrosa excepción que suscribo, se hubiera acordado a través de los mismos micrófonos, de salir en defensa de varias víctimas de injuriantes y silenciosos exilios internos, acerca de los cuales no es necesario hacer notar que su práctica perversa adquiere la dimensión de humillante, sórdida y lacerante tortura.
  De un gremio ausente y abandónico enfrascado en sus eternas e intestinas disputas por el poder, es imposible esperar acciones reivindicatorias mientras no sean aquellas que por su contenido ideológico fueron más episodios histéricos que efectivos y viene al caso citar el ejemplo de un “operativo” sindical del CISPren junto a un sector de proclamados luchadores por los derechos humanos, que en su momento y formalmente solicitaron a la entonces Rectora Dra. Carolina Scotto, la cabeza de un periodista que había osado opinar con un sesgo discrepante con el pensamiento político-sindical de los cuestionadores.
 ¿Habrán conocido posteriormente las autoridades universitarias estas realidades que se vivían en un ala de su propia casa?
  El silencio no siempre es un aliado de la verdad.
  Retumban todavía en los pasillos y en las salas del remozado edificio del Marqués de Sobremonte las voces, entre otros, de Claudio Ferrer, de Alejandro “Toto” Colombo, de Pablo Colazo quienes fueron la resultante de esos silencios impuestos posiblemente con la letra de la ley -por eso de los contratos cumplidos- o porque significaban una molestia intelectual frente a tan bien rentada militancia.
Injusto por lo gravísimo sería soslayar el delicado caso de Roxana Menéndez, periodista indomable en su sentido de la libertad, la más dolorosa de las víctimas que tuvo un final tan joven, triste e inmerecido que con solo algo de criterio y mucho de respeto, comprensión, grandeza, honestidad y compromiso se pudiera haber evitado.
  Y esos cuatro seres -Colazo, Ferrer, Colombo y Roxana- que a lo mejor fueron más, para que lo sepa el militante nostalgioso de su propio autoritarismo de opinión que no asume la realidad ni se resigna a la derrota, también fueron, son y serán personas.



Gonio Ferrari