12 de enero de 2016

Tres entre rejas: ¿y ahora? --------

EL SHOW DEBE COMENZAR
SIN OLVIDAR NADA DE LO
VIVIDO EN UNA QUINCENA

Una de las sensaciones desagradables que castiga a cualquier
persona debe ser el caer en cuenta de haber resultado víctima
de un engaño. En el caso de la triple  fuga  fueron demasiadas
las evidentes maniobras tendientes  a  entorpecer el operativo,
manejadas  desde el sector más comprometido con la evasión.

   Las cosas están ya más o menos en orden, dentro de una forzada normalidad que no lo es tanto.
   El fin de casi una quincena donde se mezclaron la realidad, el cholulismo, la angustia y la cinematografía dejó como beneficio de inventario la recaptura de tres asesinos condenados a perpetua como derivación de una compleja causa vinculada con el narcotráfico y otras actividades al margen de la ley.
   Lo más fácil al evaluar ciertas intimidades de los días vividos sería remitirse a la obviedad y exageración de algunos medios que se apresuraron a vincular a los tres hampones con algún alto funcionario del gobierno anterior, llegando a la temible instancia de involucrarlo como si fuera cosa juzgada.
   Ese libertinaje informativo es pernicioso porque contribuye a caotizar situaciones que han pasado por momento de desenfrenada vigencia de fantasías y comportamientos sicóticos, observados en muchas personas que se inclinaron por darle rienda suelta a la imaginación por encima de la prudencia que era lo más aconsejable.
   Los tres principales protagonistas de esta historia que recorrió el mundo y no contribuyó a mejorar nuestra deteriorada imagen internacional, cometieron sin dudas infantiles errores que les impidieron llegar sin sobresaltos a una inmerecida libertad.
   Para aquellos que sospechan de un eventual “operativo Morsa” les desorienta que no dispusieran de alternativas frente a los capítulos que se iban sucediendo: en principio no les habían informado que por las crecientes de los ríos, muchos caminos estaban inhabilitados y fueron jeroglíficos ilegibles a la hora de utilizarlos en la huida, lo que no hubiera ocurrido si el apoyo externo llegaba a un nivel de eficiencia.
   Un viejo dicho jurídico sostiene que nadie puede alegar en su defensa su propia torpeza, y ese es al menos el más suave de los calificativos que merece la novata Ministra Nacional de Seguridad que de buenas a primeras y en un escenario político aún revuelto, creyó en todo lo que le adelantaban sin tomarse la elemental tarea de verificar cada dato antes de revolearlo a la opinión pública para adjudicarse triunfos todavía lejanos.
   Y lo más delicado del asunto, fue que sin mirar si el cheque de la información era trucho, se lo endosó al Presidente de la Nación quien por confianza en su funcionaria, lo viralizó en las redes sociales.
 Los tres criminales ya están presos.
   El caso no está cerrado ni mucho menos.
   Luego todo el resto, la desorientación, la actitud previsiblemente alucinada de la gente que veía a los prófugos en cualquier rincón y dentro de este maremágnum de la imprevisión y la exageración, la humildad de una policía del interior del interior que sin estructura, sin helicópteros, sin francotiradores, sin chalecos anti balas, sin visores nocturnos pero con una enorme  y comprometida voluntad y un llamativo orgullo consiguieron lo que tanto se ansiaba desde hacía casi una quincena: que los escurridizos estuvieran entre rejas.
   Se abre entonces la puerta a una investigación detallada para establecer qué conexiones políticas los apoyaron; quienes operaron para posibilitar la huida; quienes pagaron por ello, porque si es bueno saber quienes han sido los corruptos, también es saludable conocer a los corruptores.
   Además y aunque resulte virtualmente imposible dilucidarlo, saber si les facilitaron la fuga con la intención secundaria de que cayeran abatidos tras una encarnizada búsqueda en la que se aprontaron cientos de efectivos y toda la tecnología y la logística disponibles.
   La sospecha radica en aquella certeza inapelable: los muertos no hablan.
   Pero ahora que siguen vivos, deben transformarse en los seres más celosamente cuidados del país, precisamente para que con sus indagatorias, se arroje algo de luz en el sombrío panorama impuesto por las tenebrosas bandas de narcotraficantes, que tienen a la efedrina como elemento básico para sus impunes actividades.
   Y ya que estamos, que la lupa de la verdad se pose en ciertos niveles de la Justicia puesto que al hacer trascender hacia el poder político información equivocada, permitió que dos de los reclusos ganaran un valiosísimo tiempo para su huída.
   El show no ha terminado.
   Si la intención como se dice comúnmente es llegar “hasta las últimas consecuencias”, recién comienza.
Gonio Ferrari