2 de febrero de 2016

A la seño, ¡vista dereee…cha! ------------

FRENTE AL PREMATURO Y TIERNO
COMIENZO DEL SERVICIO MILITAR


   Hay criaturas que a los tres años tienen un pico envidiable, les encanta escucharse, forman frases y oraciones, lloran cuando extrañan, se encaprichan con la comida o un juguete, necesitan que les comiencen a indicar límites en varios aspectos, ignoran eso que se llama peligro y muchos todavía usan pañales.
   Aunque sea terreno exclusivo de los especialistas -sicólogos, sicopedagogos, docentes, pediatras, maestras jardineras, padres avezados, curas progresistas, etc.- se me ocurren tantas cosas en defensa de la inocencia, la pureza y el pleno ejercicio y práctica de la niñez, que temo caer en el fangoso terreno de los opinólogos que perpetran análisis delirantes e inconducentes.
   Apegándome a la realidad, el conocimiento autodidacta y maravillosas vivencias como padre y abuelo, me despacharé entonces con una artillería de dudas e inquietudes dirigidas a la evaluación de los cráneos -seguramente lo son- que consideraron esa edad, los 3 años, para que la criatura fuera incorporada por obligación a una especie de prematuro servicio militar, tema que en forma casi paralela -sólo aplicable como antes, a los 18 o 19 años- se ha sumado a la opinión de funcionarios de alto nivel y pintado una sonrisa de nostalgia a muchos integrantes de nuestras desmembradas fuerzas armadas.  
   Me saltarán a la yugular y con razón los padres obligados a trabajar fuera de casa, para quienes será una solución; me tratarán de ignorante y también con razón los pediatras enrolados en esa corriente de derivación de los niños y que alguien se haga cargo, para la necesaria comodidad de sus padres; me descalificarán porque con sólo dos hijos y cuatro nietos nadie me otorgaría un diploma de experiencia, ante todo lo cual opondré simples y elementales cuestiones de propio criterio.
   Primero, que el anuncio se hizo para dentro de tres años, con un inicio experimental en 2017 y entonces alcanzaría el tiempo para montar una estructura de enseñanza, especialización y las obras imprescindibles que aseguren una amplia y cómoda contención edilicia.
   Cualquier establecimiento que contara con jardín de 3 necesitaría ambulancias y presencia pediátrica permanente en todos sus turnos con estructura de atención primaria, porque sería imprudente apostar a la dudosa eficiencia y las inevitables demoras y trabas burocráticas de servicios externos.
   Tales jardines de 3 años tendrían que contar con un “seguro contra paros y asambleas” porque esas interrupciones de tareas provocarían desastres en el tierno alumnado y destartalarían el prolijo esquema montado por los padres, quienes seguramente tendrán sus propios compromisos laborales.
   Si la intención del gobierno de la provincia es genuina y no demagógica, con certeza que el plan de salas de 3 se instrumenta para cimentar de mejor manera la educación y la formación del ciudadano desde su pre-infancia, para lo cual habrá que contar con un nutrido y calificado plantel de profesionales especializados en tal actividad y no utilizar esas vacantes para cubrirlas con compromisos políticos, pagos de favores o bolsa de trabajo destinada a la parentela.
   Y si ahora no alcanzan los docentes ni las aulas siquiera para cumplir con el jardín de 4 sería una imprudencia frente a la falta de estructura, “ensardinarlos” para tener espacio destinado a los aún bebés o hacinarlos como ya ocurrió con los mayorcitos en contenedores o en locales inadecuados por la delicadeza de los niños a cargo.
  
Puedo haber cometido un pecado de exageración al comparar esta iniciativa con el servicio militar de tiempo atrás, porque se hace menester dejar de lado la ridícula alternativa de ver egresar de las salas de 3 a ningún cabo, sargento, capitán o coronel prodigio, pero el vértigo de la realidad obliga a un replanteo de los sistemas educativos en que sus beneficiarios sean los más pequeños que antes de caminar ya saben utilizar el “ratón” y tienden a dejar en el olvido las muñecas, los autitos y toda esa otra parafernalia que nos mantenía entretenidos desde el fondo de los tiempos, cuando incluso se aceptaban los juguetes bélicos, peligrosos y agresivos que tienden a volver en un mundo signado por la violencia.
   Ahora basta con un monitor y la conexión a Internet para tener el aula en la casa, en colores, con movimiento y sonido, bajo el control de los mayores.
   Lo único irreemplazable en la mentalidad del niño mientras crece es el amor, la ternura, los mimos y ese atávico placer de verlos crecer que emboba a sus padres y a toda la familia.
   Dejarlos desde los 3 años en manos ajenas no será lo mismo que entregarlos a una academia militar, pero es probable que sirva para iniciarlos tempranamente en el conocimiento de los límites propios y del respeto hacia el prójimo, dos valores fundamentales en el desarrollo humano.
   Pueden aplicar los sistemas que mejor convengan o seguir los dictados de experiencias propias o foráneas.
   Pero lo más importante, humano y respetable, que no signifique robarles la niñez.

Gonio Ferrari