8 de febrero de 2016

De ansiedades y temores ----------------------

LOS NÚMEROS DE LA PACIENCIA
REPOSAN ENTRE 60 Y 4.380 DÍAS


“Todo prospera a su hora. No hay que apresurarse”, decía
el pensador Lin Yutang reforzado luego por Balzac: “Todo
poder humano se forma de paciencia y de tiempo”.¡Cierto!

   Es imposible abrir un sinuoso camino entre las montañas sin dinamitar algún tramo y horadar la piedra para ahorrar trayectos y costos, como para aportar un ejemplo simple y barato con relación a la situación nacional y las lógicas preocupaciones y angustias de una sociedad que apoyándose en legítimas ansias, se inclina hacia el facilismo de reclamar milagros.
   Y los milagros -con perdón de todas las religiones y los cultos, ateísmos al margen- no existen salvo en la interesada y a veces edulcorada literatura de sus catecismos o libros sagrados.
   No es posible acomodar los muebles ni los enseres de una casa desordenada si antes no removemos los escombros y buscamos y encontramos y reparamos los daños emergentes del descuido, de los errores del dueño -o la dueña- de la vivienda que terminó su contrato y se mudó hacia alguna lejanía.
   Porque ahora, quienes eran oficialismo con vocación y casi certeza de eternidad mueven las telarañas de su pachorra, exigen que en tiempos perentorios se solucionen los desquicios cuando primero que nada hay que poner orden, acomodar las alacenas y ahuyentar a las ratas cebadas de impunidad que aún resisten en sus cuevas.
   La única trampa que terminará con ellas donde lo merezcan no es otra que el respeto por la ley y el imperio de la Justicia evitando los apresuramientos que por lo general conducen a errores o fracasos, alternativas que los argentinos no estamos en condiciones de volver a padecer.
   El hecho de ansiar una mejor calidad de vida, fortalecer las instituciones de la República e igualar hacia arriba, no lleva la implícita intención de descalificar lo que se haya hecho bien en beneficio de la sociedad, los logros alcanzados y algunas metas cumplidas a lo largo de tres períodos de un modelo calificado como nacional y popular, pero que desnudó falencias, demoras,  frustraciones y apetitos personales nacidos de la sensualidad del poder.
   ¿Es acaso negativo investigar, hurgar, averiguar cuáles son los agujeros negros por donde se esfumaron nuestras riquezas, tantos esfuerzos y enormes sacrificios?
   Cuando Perón ejerció por primera vez la Presidencia y según los memoriosos de su corriente, no se podía caminar por las bóvedas del Banco Central porque ”molestaban” las barras de oro acumuladas, que eran el pago de nuestras exportaciones por parte de los aliados y los Estados Unidos de Norteamérica.
   Si la culpa ha sido de las sucesivas administraciones o de las dictaduras, si fue un error cambiar la industrialización por la dependencia del agro o viceversa son cuestiones que juzgará la historia, pero es lo antes posible que necesitamos salir a flote porque el ciudadano se agota de vivir condenado a la incertidumbre que empaña su futuro.
   No es lógico, posible ni inteligente entonces pretender que en 60 días se enmienden “milagrosamente” los desaciertos que nos agobiaron a lo largo de 4.380 días que son 12 años, aunque dejemos como beneficio de inventario lo positivo que pudiera haber tenido el modelo “K”.
   En este caso no es un acto de “militancia” periodística porque los argumentos tienen la solidez de la realidad que todos hemos vivido, a menos que busquemos la ceguera voluntaria o la deformación de la historia reciente.
   ¿Se puede en sólo 60 días reprocharle algo al gobierno de Macri?
   A decir verdad y tomando en cuenta el pensamiento mayoritario, es cuestionable o al menos curioso que habiéndose destapado tantos nichos de corrupción, cáncer nacional, nadie esté entre rejas pese a las acusaciones y las probanzas existentes.
   Seguramente quienes todavía aplauden mirando hacia atrás y se niegan a asumir la legítima derrota, no tienen ninguna prisa en tal sentido, como la prisa que declaman con relación a todo lo que realmente resta por hacer.
   Atesorado desde una pila de años atrás, y en este punto como homenaje personal a la paciencia, viene al caso citar a Shakespeare: “El tiempo es un magistrado muy antiguo que más tarde o más temprano llama a todos a su tribunal”.

Gonio Ferrari