2 de febrero de 2016

VIGILIA DE LOS JUBILADOS


   Cuando se llega a cierta edad -aunque en verdad es a cualquier edad- nadie merece ser maltratado y menos por el Estado, que debiera ser el principal protector de la ciudadanía.
   Con los jubilados ocurre algo tan curioso como indignante: los utilizan para sostener un sistema de retiros durante alrededor de 30 años aportando mes a mes y sin discutir, para que al llegar al cacareado jubileo los ofendan con quitas, manoseos y otras maniobras francamente repudiables.
   Y lo más repudiable, por caso, es la injusticia del olvido.
   Los jubilados nacionales están en su mayoría por debajo de los índices oficiales de pobreza y ese no es el invento de ninguna oposición sino la más dolorosa de las realidades.
   Los jubilados provinciales tienen un régimen algo más beneficioso que sus pares nacionales, pero están sometidos a caprichos y apremios del gobierno provincial, que utiliza los fondos que ellos aportan para otros fines que no son los previsionales.
   Ahora la última: se promocionó intensamente la quita de la obligatoriedad de pagar el impuesto inmobiliario urbano y al intentar gestionar ese beneficio tan publicitado, muchos se encontraron con algunas exigencias que al aplicarlas, se reduce considerablemente el número de pasivos supuestamente beneficiarios.
   Una trampa más, equiparable al despojo que durante tanto tiempo sufrieron en nombre de una necesidad irreal, perjudicándose con una demora de seis meses para el cobro de su actualización de haberes que se transformaban en monedas al recibirlos devorados por la inflación.
   Bien lo sabemos, al igual que el gobierno también lo sabe y especula con ello, que los pasivos poseen escaso poder de fuego y acotada convocatoria para protestar, lo que sumado a cierta indiferencia gremial, lleva a la certeza de un virtual abandono de los viejos.
   Ahora varios sindicatos, cuando sus dirigentes van para la tercera edad, es como si se hubiera despertado una solidaridad antes ausente, pero que ahora los comprende.
   Rogamos que no sea un espejismo y alguna vez se haga justicia hacia el sector históricamente más postergado de la sociedad argentina.

Gonio Ferrari