6 de marzo de 2016

“LA TROPA” DOCENTE SE OPUSO A UN ACUERDO DE DIRIGENTES CON EL GOBIERNO. ¿NACE UNA FISURA?

   


El optimismo del mandamás de los docentes, asegurando que la última oferta del gobierno provincial era tentadora y casi con certeza se podía llegar a un arreglo, despertó en los maestros un sentimiento de rechazo que seguramente la dirigencia no esperaba.
   Las clases ya llevan una semana de demora y es imposible aventurar una definición, igual que en los partos “que vienen de nalga” y son de resultado impredecible, aunque haya servido a la cúpula de la Unión de Educadores para entender que quienes mandan son las bases que no se dejan llevar de las narices.
   Parece que ya pasó aquel tiempo que en las asambleas se resolvían medidas “arregladas” con el gobierno de turno, ante una asistencia que no podía pasarse horas y horas debatiendo para llegar a desgastarse, que es lo que buscaban los oportunistas y así resolver lo que se les antojara entre gallos y medianoche.
   Una muestra cabal del magro sentido de la voluntad de diálogo por parte del gobierno, que tuvo tiempo suficiente para evaluar y arreglar una situación que se venía insinuando desde noviembre pasado por lo menos.
   Cuando las cosas se encaran con la presión del calendario es que resultan engendros inaceptables nacidos del apuro por una parte y de la falta de imaginación y escaso compromiso por la otra, que deja para esconder en el arcón de las mentiras todas las promesas preelectorales.
   Tres meses en los cuales se permitió que el deterioro edilicio en varias escuelas se acentuara, cuando para el inicio de clases debieran estar relucientes o por lo menos habitables, sin riesgos ni obras inconclusas.
   Ahora es el tiempo de la reflexión seria, de las conversaciones atinadas y de desactivar un promesómetro que trabajó a destajo y allí tenemos las consecuencias. 
   El descuento apresurado de los haberes realizado de manera alocada por la improvisación, exaltó con toda justicia los ánimos de quienes no acataron las medidas de fuerza o estaban enfermos. Y eso más que un error, bien puede ser tomado como una provocación tan burda como inadmisible.
   La educación es un derecho humano inalienable y como tal debiera ser tratada desde los dos sectores en pugna. Pero que el poder entienda que la manija no está en manos de los dirigentes sindicales, rebasados por la indignación y las injurias de que han sido víctimas hombres y mujeres sacrificados, paradigmas de la educación.
   Son las bases las que mandan y eso ha quedado demostrado.

   Ahora aprenderán a escucharlas antes de resolver arreglos que a pocos convencen, mientras se acumulan los días de inactividad.