6 de marzo de 2016

Prat-Gay vs. Kicillof -----------------------

UN ENFRENTAMIENTO ENTRE LA
SOBERBIA Y LAS EXPECTATIVAS

   En algún momento se iban a cruzar con pronóstico reservado por cuestiones tan simples como la marcada diferencia de temperamentos de los protagonistas: Kicillof aún no asumió la derrota y no puede elaborar el luto y Prat-Gay traumatizado por los muertos que encontró en los placares del ministerio de Economía.
   Las acusaciones fueron cruzadas, pero el actual titular del Palacio de Hacienda le refregó al mozalbete de ojitos claros la cantidad de viajes inútiles que tuvimos que pagar todos, su arreglo con el Club de París que cerró en 48 horas y sin ninguna quita de intereses y algunas otras cuestiones técnicas, como por ejemplo desbaratar el argumento de los intereses de la deuda, que los “K” pagaron carísimos y casi sin chistar pero haciendo trascender mediáticamente algunas bravatas que resultaron pura espuma, actuación y marketing, porque ahora debemos más que antes.
   El ministro saliente, por encima de muchos de sus compañeros de ruta y los militantes del llano, tiene la enorme ventaja de su inmunidad por ser legislador nacional y eso es lo que lo empuja a cuestionar omisiones de 80 días ante descalabros de 12 años durante los que crecimos ínfimamente mientras aumentaban los índices de pobreza e inflación.
   Fue una especie de “visteo” como hacen los boxeadores en el primer round para elaborar su estrategia de combate, y esta pelea muestra que no todas fueron rosas las que dejaron en el camino quienes tuvieron que dejar el poder contra todos sus optimistas pronósticos y ahora no saben -aunque lo intentan torpemente- explicar la verdad de lo sucedido mientras eran gobierno, con un dólar que comenzó cotizándose alrededor de 3,50 pesos y el 10 de diciembre último rozaba los 16.
  Ahora y sin ponerse colorados, hablan del impacto de un ajuste mientras olvidan que vivieron ajustando a lo largo y algo más de lo que graciosamente llamaron “la décadas ganada”. Todo un alarde de ceguera e hipocresía.
   Así están las cosas y no será necesario esperar el juicio de la historia, que es verídico pero demasiado lerdo. El devenir irá corriendo velos de una situación arcana y blindada, que no era prudente mostrar en su lamentable dimensión hasta el 10 de diciembre último.

   Por eso, más que nunca, Perón díxit, la única verdad es la realidad, y aunque corran los almanaques, lo seguirá siendo.