25 de abril de 2016

S.L.B.: CUMPLEAÑOS DE LA RADIO – EL VENTILADOR DE FARIÑA - ¿PAPELÓN O “NEGOCIO” AL CUADRADO? – LA MEGACAUSA, ACTIVA – SIN EMBARGO, LA FRAGATA PARTIÓ – PLAZAS TOMADAS – DOBLE INDEMNIZACIÓN, etc.

Desgrabación de los comentarios del periodista Gonio Ferrari en su programa “Síganme los buenos” del 24 de abril de 2016, difundido por AM580 Radio Universidad de Córdoba.

¡FELICES 58 AÑOS!

   Ayer esta casa donde conviven noticias buenas y malas, esfuerzos, iniciativas, profesionalidad, voces, ofertas, música, recuerdos, leyendas, personajes y nostalgias, cumplió 58 años en el aire de los cordobeses.
   No es poco mantener vigencia en cualquier orden, dentro de una sociedad cortoplacista y de flaca memoria, pero es innegable que esta Radio Universidad continuadora de la ya polvorienta Radio Splendid se ha ganado un sitial de cariño y respeto a lo largo y lo ancho de su alcance, llevada por todos los cuadrantes de la rosa de los vientos.
   Este cumpleaños llega en momentos de cambios que para bien, hagan retomar la perdida audiencia y el alto concepto que la ciudadanía tenía de esta emisora; de su seriedad, del equilibrio en la opinión, de la tolerancia por el disenso.
 
 Es grato cumplir años por eso del festejo, la reunión de abrazos y anécdotas, pero también es ocasión propicia para la necesaria y valiente autocrítica que no siempre se practica, porque debe ser duro reconocer errores o asumir fracasos.
   La verdad, mi paso por esta querida Radio Universidad se limita a menos de 20 años y entiendo que hay otros amigos y colegas que están en mejores condiciones históricas como para levantar la copa del festejo.
    Pero ya que estamos, me parece momento oportuno de rendir homenaje con sabor a desagravio a figuras como Claudio Ferrer, Toto Colombo, Pablo Colazo, Chicho Salinas y la desaparecida Roxana Menéndez.
Todo ellos, cada cual en su medida y en su ocasión, fueron víctimas de la incomprensión de quienes se creyeron iluminados como para desplazarlos, callarlos o esconderlos.
Roguemos que nunca más, por pensar distinto, un trabajador sea privado de expresar su opinión en democracia.
Y que esta radio, emblema de libertad y diversidad hacia adentro y hacia afuera, retome aquel sendero que el fanatismo y la incomprensión le modificaron.
    Una radio como esta, ejemplo durante tanto tiempo de calidad humana, baluarte de compromiso y convocatoria durante los años más duros, no necesita de comisarios políticos ni militantes del pasado que pretendan enseñarnos a pensar.
   Aunque sea un día después y por la buena gente, ¡salud!.

               
EL VENTILADOR ESTÁ ENCENDIDO
   

   Los cordobeses con su humor suelen desdramatizar las situaciones más críticas y en el mundo de la política, vertiente inagotable para los cultores del ya famoso distintivo mediterráneo, se están dando situaciones que a través de la risa, pierden algo de su doloroso contenido.
   Eso de sostener que a Leonardo Fariña lo han torturado… para que se calle, es un ejemplo acabado de las consecuencias que a mucha gente le acarrearán los vientos violentos del enorme ventilador que este muchacho ha puesto a funcionar.
   Y como ya lo apuntáramos en ediciones anteriores de este espacio, es como si a la corrupción y sus decenas de formas y colores, la fueran divulgando con cuentagotas para evitar que la sucesión de hechos se diluya en la acotada memoria de los argentinos.
   Porque si en la primera semana el nuevo gobierno hubiera destapado la olla de un sólo golpe, los vahos de tamaña podredumbre ya hubieran entrado a los olvidos de donde nunca se regresa.
   La ruta del dinero “K” viene mostrando bifurcaciones y caminos secundarios que no se limitan al territorio nacional, sino que sus ramificaciones en el exterior también son motivo de preocupación para la Justicia que está investigando.
   Para colmo, esa situación se mezcla con las imputaciones que pesan sobre el actual presidente, su padre y el resto del grupo familiar, todos sospechados de haber dejado buenos cospeles en los paraísos fiscales u operado a futuro con monedas extranjeras.
   Fariña fue el esposo por horas de la bella Karina Jelinek, quien dejó su digno trabajo de acomodadora de comensales en nuestro Windsor Hotel, encandilada por las luces porteñas, las excentricidades de su pretendiente y su inocencia provinciana: resultó de última otra víctima de la corrupción.
   Y cada vez que el memorioso Fariña recuerda algo vinculado con este escándalo de la corrupción, apela al cuadernito que en estos momentos debe ser la obsesión de un kirchnerismo en incómoda retirada, cuya dirigencia ha reforzado sus síntomas de alergia a la justicia y temor a los barrotes.
   La cuestión con relación a las situaciones de los derrotados y del ganador, es dejar de lado las ansiedades y las prisas porque bien sabemos que una cosa son los tiempos de la justicia y otros los de la gente ávida por ver resultados.
   La mugre que salpicó a diestra y siniestra esta causa de los millones tanto de pesos como de dólares malhabidos, alcanzó incluso al hijo pródigo, ahora cubierto de indemnidad por su condición de legislador, aunque algunos mal pensados sostienen que esos fueros fueron logrados a posteriori de las maniobras ilegales en las que habría incurrido el líder camporista.
   Ya no tan solo están en la mira el ahorrativo Lázaro Baez y su ex socia, sino que aparecen apellidos ilustres como Jaime, De Vido, el reciente ex prófugo abogado Chueco y algunos otros que la fina memoria de Fariña rescatara de sus escondites, todos conectados de alguna manera a la columna vertebral de los ilícitos.
   La Justicia sigue su camino y vaya paradoja, un camino que la ruta del dinero de todos nosotros que somos el Estado, se le viniera a cruzar de manera tan imprudente como impensada.
   Y en estos casos, la colisión es inevitable.
   Pero también es imprescindible por la salud de la República.

LA MEGACAUSA, ACTIVA

   La proporción puede definirse como la relación de correspondencia y equilibrio de las partes  con el todo.  En materia penal, el principio de  proporcionalidad responde a la idea de evitar una utilización desmedida de las sanciones que conllevan una restricción de la libertad, limitando su uso a lo imprescindible.  
   Constituye una “prohibición de exceso” que evita llevar el carácter estigmatizante de la pena hasta la exageración. Esta semana se ha difundido ampliamente en los medios  la resolución de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que desestimó un recurso de queja presentado por un grupo de imputados de la causa del Registro de la Propiedad de Córdoba con lo que la sentencia quedó firme y los acusados volvieron a prisión. 
   Este juicio se desarrolló en septiembre de 2012, como uno más de los integrantes de la causa del Registro, en la que los imputados han reclamado por la existencia de una serie de irregularidades entre las que se destacan  el abuso de la prisión preventiva sistemática y la formación de una comisión especial para juzgar. 
   Sin analizar el fondo de la cuestión ni la autoridad de cosa juzgada, lo que no corresponde, no deja de ser objetable que estos hechos fueron sacados de sus jueces naturales, ya que correspondían por jurisdicción al interior de la provincia, y traídos a la capital para engrosar las filas de la causa Registro y ser juzgados por la misma comisión especial.     
   Tampoco puede dejar de cuestionarse que la causa desborda de desproporcionalidades: desproporción entre los  delitos acusados y el dictado sistemático de prisión preventiva, desproporción entre lo relatado y el número de acusados: ningún periodista aclara que en esta como en otras causas, se condenaron hasta a las secretarias de las escribanías que eran simples empleadas que ganaban su sustento diario. Hay desproporción entre las condenas masivas y la prueba utilizada: figurar en una agenda convierte a cualquiera en culpable. 
   Existe desproporción entre la rimbombante difusión de las condenas y la gravedad de lo acusado.                                       Sin pretender ningún tipo de impunidad, rebasa mi entendimiento esta desproporción, dado que en semejante desvelo judicial ni periodístico, poco se evidencia para con los males que constituyen reales flagelos de la sociedad. 
   En este marco queda por develar entonces, cuál es el interés estatal que justifica el sacrificio de tantos intereses individuales

DOBLE INDEMNIZACIÓN

   Más que obvio, es pensar y sostener que la dirigencia gremial nacional enrolada en lo que fuera oficialismo, o separada por un delgadísimo papel de divergencias, busca fortalecer la posición ante sus bases procurando eso de la doble indemnización en los casos de despidos sin causa.
   Coqueteados que han sido ya los legisladores, desde la cúpula macrista salió ya la definición del veto presidencial en caso que prosperara esa iniciativa.
   Dentro de todo y mirándolo como simple observador de un caso complejo, es para pensar en el engaño que encierra una medida de tal naturaleza si por ley se hiciera efectiva.
   Aquellas patronales que prescindieran de los servicios de algún trabajador sin invocar causales, tendrían que pagar la doble indemnización que para cada caso establecen las leyes y los convenios, si es que tienen normas especiales como en particular los periodistas regidos por un estatuto.
   Los despedidos embolsarían buen dinero y a lo mejor lo aplicarían a emprendimientos personales, como en aquellos tiempos que las indemnizaciones se transformaron en remisses, kioskos de a dos por cuadra y otras aventuras que terminaron siendo fracasos comerciales.
   Pero sería complicado para un cesante, encontrar alguna ubicación que lo devolviera al campo laboral, por la sencilla razón que sus antecedentes no serían aceptables y porque las patronales restringirían al máximo la toma de empleados, frente a los riesgos que impondría la propia ley modificada.
   Y lo que ahora asoma como un eventual y tentador beneficio para la clase obrera, sería un magnífico pretexto para limitar el crecimiento de las plantas de personal.
   La estabilidad en el trabajo, suele ser algo así como un sueldo extra por la importancia que asume.
   Esto, cuando se la respeta y no lleva a juicios que a veces tienen sentencias pos mortem y más si el patrón es el Estado.

PLAZAS TOMADAS

   La ciudad de Córdoba cuenta con hermosas plazas y parques, espacios por lo general poco cuidados por la Municipalidad y a veces también por los propios vecinos que son quienes los gozan.
   Citaremos tan sólo un par de ejemplos emblemáticos: el Parque Las Heras transformado en feria variopinta donde alternan verdaderas artesanías que son el sustento de mucha gente, con la ilegalidad de mercadería al margen de la ley como son las copias truchas de compactos de música, películas y anteojos no sólo para el sol, sino con graduación.
   Poco a poco el lugar se ha transformado casi en un campamento de refugiados, cuando la obligación del Estado es brindarles techo y comida para lo cual existen sitios habilitados al efecto, aunque los beneficiarios a veces no los acepten.
   Palabras aparte para el desastre de basura de todo tipo incluída la orgánica, dicho así para no entrar en detalles asquerosos, que dejan los ocupantes cuando las penumbras domingueras le van ganando a la luz.
   Algo parecido sucede en la plaza Rivadavia de Alta Córdoba que tiempo atrás solía ser
para los vecinos y ahora es para comerciantes, muchos de los cuales lejos de ser artesanos, muestran sus artículos de indudable origen industrial.
   Los otrora paseantes ya no pueden ocupar los bancos, y circular por los veredones se hace cada día más complicado: se angostan con la mercadería expuesta en el piso o es dificultoso porque es como si a los mosaicos los fueran robando de a poco, pero meticulosamente.
   Lejos en el tiempo quedaron aquellos placeros que eran parte del vecindario y mantenían esos lugares con sacrificio y cariño por el prójimo, valores que el descuido estatal ha olvidado, aunque siempre es tiempo de recuperarlos.

SIN EMBARGO, LA FRAGATA PARTE

   Nuestra fragata “Libertad”, orgullo de la fuerza naval nacional, estuvo impedida durante cuatro promociones de guardiamarinas, de realizar el viaje de instrucción alrededor del mundo como era costumbre anual.
   No era por problemas de presupuesto, carencia de combustible, que tuviera deshilachadas las velas, adversa meteorología, ni faltara personal idóneo para maniobrarla.
   Zarpaba algunas veces, sólo a países considerados política o ideológicamente “amigos” entre comillas,  con quienes no tuviéramos ninguna factura pendiente de pago.
   Ni pensar en aventurarse por mares cuyos vientos la llevaran al viejo continente o a las cercanías de las costas norteamericanas, porque más de un acreedor estaba, ojo avizor, con el catalejos apuntado al horizonte esperando ver surgir desde el confín, la esbelta imagen del velamen de nuestra nave insignia, para embargarla en el acto.
   Por eso también altas autoridades de la década ganada viajaban en aviones de empresas privadas, o alquilaban aeronaves a precios alocados -Kiciloff bien lo sabe- con tal de evitar el riesgo de la confiscación y del emergente papelón internacional.
   Ahora con la cancelación de las deudas y disipados los nubarrones de tempestades evitables, ese orgullo argentino inició su viaje número 45 para celebrar el Bicentenario de nuestra Independencia en Holanda, donde el 9 de julio próximo una reina argentina recibirá a sus compatriotas.
   Bien vale decir ahora que nuestra Fragata Libertad, orgullo de todos … y todas y sin embargo, surcará los mares como jamás debió dejar de hacerlo
  
¿PAPELÓN O NEGOCIO AL CUADRADO?

   Si desde 2015 sólo fue posible utilizarlo menos del 50 por ciento de los días, equivale a suponer que el camino es una porquería, que fue construido de apuro frente a la inminencia de elecciones o se utilizaron materiales de cuarta para una planificación vial de quinta categoría. En suma, no debiera haberse concretado porque a la Provincia le ha salido más caro que la Ruta Panamericana o el bello Camino de las Altas Cumbres.
   La obra visual y paisajísticamente atractiva puede darse la mano con la Nueva Terminal de Ómnibus, orgullo para Venecia y agravio a los cordobeses porque las reparaciones que se le debieron hacer resultaron casi más onerosas que su construcción y a esos caprichos mal resueltos los pagamos todos, porque el dinero sale del presupuesto al que contribuimos con la enorme presión tributaria y el incremento casi constante de los impuestos.
   Para colmo y como lógica y penosa consecuencia, se afectan partidas destinadas a otros rubros y es allí donde la pérdida ciudadana se duplica porque no alcanzan los dineros para seguridad, educación, salud pública, distintas obras de infraestructura y atención de demandas prioritarias.
   El camino de El Cuadrado es un himno a la improvisación y a las exigencias marketineras preelectorales por una parte, y un canto a la ineptitud técnica de quienes aprobaron una obra a sabiendas de que la prisa está contraindicada con la calidad y el sentido de la oportunidad. No se puede ni se debe ir a contrapelo de la lógica y la previsión porque son los caminos que llevan al papelón del fracaso y los gastos inútiles, inapropiados e imprudentes.
   Los desaciertos en materia de obras públicas, cuando se reiteran sin que se los cuestione formalmente, corren el riesgo de su repetición y eso ha ocurrido, cuando pocos se preocupan por controlar la calidad de lo que se proyecta y la utilización o no del material oportunamente consignado. Una casa erigida en base a un proyecto chapucero y con ladrillos de cuarta se derrumbará pese a que su costo, manejado por el Estado, será más elevado que si fuera edificada con materiales nobles y cálculos serios.
   Para muchos de nuestros gobernantes es más importante colocar piedras fundamentales, organizar actos inaugurales cada cinco kilómetros que construyen y gastar en promocionarlos mediáticamente sumas absurdas con relación al costo de la obra. Esa es una costumbre que ha tomado vuelo multiplicándose, porque la oposición en la mayoría de los casos ha mirado en otra dirección y no hacia el previsible escándalo que desnudaría ineptitudes ajenas y propias.
   Los desmoronamientos, los cortes y los “arreglos” casi permanentes en el camino de El Cuadrado vienen coincidiendo con ciertas inclemencias con las que el cambiante clima nos viene sorprendiendo. Y como los políticos están acostumbrados más a buscar excusas que soluciones porque son más baratas, han recibido la ayuda de tener a qué o a quién echarle la culpa.
   Pero asumir las propias, jamás.
   Porque es llamativamente evidente que alguien hizo las cosas demasiado mal con inocultables descuidos y marcada ignorancia.
   Entonces, con todo tan claro, es para preguntar quién o quiénes se beneficiaron, por así decirlo, al construir un camino de pésima calidad en todo sentido.
   Y como el gobierno no aporta explicaciones válidas y creíbles y la oposición es como si hubiera hecho un voto de silencio, es difícil que alguna vez lo sepamos.