12 de mayo de 2016

Doña Hebe, amnésica ---------------

“LA PALABRA UNA VEZ DICHA
NO SABE VOLVER” (HORACIO) 

Realmente no es necesario  rebobinar tanto el
almanaque  para encontrar frases salientes de
esta dama desbocada que aludan a Francisco,
el Sumo Pontífice sospechado de peronista -y
según algunos kirchnerista- a quien dentro de
pocos  días visitará en su residencia vaticana.

   No nació bien la relación entre la titular de Madres de Plaza de Mayo y próspera emprendedora inmobiliaria Doña Hebe de Bonafini y Jorge Bergoglio, porque apenas el purpurado camarlengo anunció el nombre de nuestro compatriota para ocupar el trono de San Pedro, fue como si a ella le hubieran inyectado una dosis doble de odio e irrespetuosidad.
   Las acusaciones de colaboracionismo con los militares usurpadores fueron los conceptos más suaves de años atrás y en una carta dirigida al entonces presidente Néstor Kirchner, en junio de 2007, denostaba al Arzobispo de Buenos Aires -Bergoglio- y en su ofensivo documento lo mezcló con Macri y Bendini (el General había llamado a cicatrizar las heridas) calificándolos “de la misma raza y de la misma ralea. Son fascismo, son la vuelta de la dictadura que se pasan maldiciendo al pasado para sacar ventajas en el presente y en el futuro. La basura va junta”.
   Unos meses después Hebe promovió y condujo una protesta contra quien era Jefe del gobierno porteño -y ahora Presidente de la Nación-  exigiendo que adjudicara fondos para viviendas y pronunciando un discurso exaltado y agresivo, al decir entre otras cosas: "Nos vamos a quedar hasta que Macri devuelva el dinero que no le corresponde. Nos clausuraron los baños de la Catedral y tuvimos que improvisar uno detrás del altar". Y no fue sólo una amenaza sino que los activistas que acompañaban a la socia de los Schoklender dejaron un balde con orina en el altar y como hedionda protesta descargaron estómagos y vejigas en las escalinatas y en la puerta central de la Catedral Metropolitana.
   Fue una estructurada campaña de descalificación permanente apenas el Santo Padre
quedó instalado en el Vaticano, rompió con el protocolo en muchas ocasiones y mostró una imagen distinta que terminaba con el milenario almidón del pontificado. Parece que esa actitud más alteró a la mentora de los “Sueños compartidos”, quien recrudeció en sus ataques.
   A lo mejor la conciencia -que es ese juez implacable que todos, bien o mal llevamos adentro y no acepta coimas- le encendió una luz de alarma a la doña parlanchina y aunque bajó algunos decibeles y optó durante un tiempo por un conveniente y saludable silencio, cayó a una especie de sopor amnésico, pidió disculpas por escrito a Francisco -marzo de 2013- y se mostró esperanzada por su llegada al Vaticano. Además, le dijo que no conocía de su trabajo pastoral en las villas porteñas: "Don Francisco, sólo sabía que el máximo dirigente de la iglesia argentina habitaba en la Catedral; esa catedral que cuando marchábamos y pasábamos por delante, le cantábamos: Ustedes se callaron cuando se los llevaron”, consignó, para agregar "Ante mi sorpresa, escuché explicar de su entrega y trabajo en las villas. Me alegró infinitamente el saberlo y siento esperanzas de un cambio en el Vaticano. Hemos sufrido mucho en esta Latinoamérica que hoy se levanta erguida gracias a sus dirigentes", subrayó. Más tarde el Papa expresó “su gratitud" a la titular de Madres de Plaza de Mayo por la misiva.
   Pasaron los meses, los ánimos al parecer algo se calmaron y Hebe puso ciertas condiciones para aceptar una eventual invitación de Francisco como que reconociera la participación de la Iglesia en la represión durante el videlato y sus continuadores y “que hiciera una misa por todos los sacerdotes y las monjas del tercer mundo desaparecidos en Latinoamérica".
   En declaraciones periodísticas no aportó detalles de lo que conversaría con Francisco el 27 de este mes, si es que los médicos la autorizan a viajar sin resentir su salud a los 87 años. “No voy a pedir nada personal pero que sirva para todos, para unos y para otros” aunque de los cientos de muertos de su otra vereda, ni una palabra y no me salgan con eso de la teoría de los dos demonios.
   En un plano de sano y patriótico equilibrio, ¿recibiría el Papa a representantes de una asociación que nucleara a los familiares de muertos por aquellos jóvenes idealistas, ninguno de los cuales fue juzgado?
   Es para rogar que el Jefe de la Iglesia Católica después de este baño de recíproca hipocresía, reactive su memoria y al menos baraje esa posibilidad.
   Y en cuanto a ella, bueno sería que supiera que resulta complicado -más allá de la cita a Horacio- pretender sepultar lo dicho.

Gonio Ferrari