18 de mayo de 2016

La cuestión es detener la caída -------------

SI EL PANORAMA ESTÁ QUERIENDO
ACLARAR YA ES UN BUEN  SÍNTOMA


Sería delirante sostener que todo mejoró en el país, pero la
tendencia muestra que algunas cosas -que durante más de
la década ganada eran corrientes- ahora no son tan crueles

   El dólar que los agoreros pronosticaron a más de 20 pesos a partir del 10 de diciembre último se muestra no del todo firme, pero tambalea menos y sin ganas de dispararse para volver locos a quienes habían ahorrado en pesos, siguiendo aquella alocada tendencia de algunos funcionarios que anunciaron con bombos y platillos y cadena radial y de TV que preferían dejar sus inversiones en moneda nacional, despreciando al magnético verde.
   Ha repuntado la venta de autos 0 km, los bancos están abriendo sus arcas con planes menos exigentes, las tarjetas de crédito tendrán que pedirles cuentas a sus emisores en los evidentes casos de usura para las operaciones en cuotas, la presencia de ñoquis ha disminuido aunque esa lacra también puede lucir exponentes nuevos, el Tango 01 todavía tiene en sus tanques combustible cargado en diciembre del 2015, las provincias recibirán devolución de fondos de la coparticipación que les fueran retenidos durante años, algunos miles de jubilados ya están cobrando aquella vieja resolución de la Corte Suprema que imponía adecuar jubilaciones a lo estricto de la ley, los precios de las mercaderías -especialmente alimentos- algo han frenado su alocada carrera sin que interviniera el gobierno simplemente porque la gente dejó de comprar y quedan cientos de situaciones pendientes, que es necesario atender para primero estabilizar y luego mejorar la calidad de vida de los argentinos.
    El tema de los papeles de Panamá está en manos de la Justicia, las acusaciones por coimas, ilícitos enriquecimientos, obscena acumulación de propiedades, sociedades “fantasmas”, compra de vagones truchos, cientos de contenedores “guardados” con ropas y juguetes, sueños compartidos, dólares y euros por kilo y otras maldades que fueron parte del acervo gobernante están en vías de esclarecimiento con la posibilidad cierta de encontrar a los responsables de los delitos, detenerlos, entregarlos a los tribunales, juzgarlos con todas las garantías, condenarlos y embargarles todo lo mal habido para restituirlo a las exhaustas arcas del Estado llevadas a la anorexia financiera, por tantos “iluminados” con tan pocas luces que ni siquiera tuvieron mañas, imaginación ni tiempo para huir porque se habían embriagado con ese maldito y sensual licor del poder que creían era la fuente de eternidad.
   Se aprecian algunas leves mejorías en ciertos aspectos, como por ejemplo haber terminado con la injusticia de que el interior subsidiara varias cosas al puerto: la electricidad, el gas y todos los servicios dependientes de esos combustibles aunque para los mediterráneos la incidencia también castigó pero algo más suavemente y no con subas en ciertos casos hasta del 900 por ciento o más. 
   Las voces lógicamente se alzaron, pero entendamos las razones: los porteños se habían malacostumbrado a pagar 3 mangos el ómnibus y demasiado barata la luz hasta que el buen tino puso freno a la joda y se tomaron las medidas tendientes a establecer un justo equilibrio, sin privilegios geográficos ni políticos.
   Estamos en camino, transitando una ruta plagada de obstáculos que se empeñan en sostener los nostálgicos carentes de resignación frente a la derrota, que para colmo escondieron en lo más recóndito de su rencor eso tan sano, honesto y patriótico que se llama el ejercicio de la autocrítica: la culpa fue, es y seguirá siendo de “los otros”, jamás de “los ellos”.
   Actualizando el dicho y parafraseando a Carlos Saúl I de Anillaco, ahora sería “Estamos mal pero estuvimos peor”.  
   Y eso, de por sí, no deja de ser algo parecido a un triunfo.

Gonio Ferrari