4 de mayo de 2016

Para incorporar a la década ganada ---

RAPIÑA PERVERSA Y DESPIADADA
CONTRA  LOS  MÁS VULNERABLES

Es lógico entender que un ministro nacional no puede
andar fisgoneando personalmente todos los rincones
de las dependencias a su cargo, pero está obligado a
controlar a los niveles de mandos medios que toman
algunas decisiones y manejan los dineros del Estado.  

   Y pensar que hay viejitos cuyos familiares se hartaron de mendigar una silla de ruedas, medicamentos, prótesis y otros elementos, por lo que incluso debieron acudir a medios periodísticos procurando que la bondad o la lástima de algún oyente o televidente plasmara una necesidad que el “Estado protector” sistemáticamente les demorara o negara.
   Escuchábamos la profusa propaganda oficial y provocaba gusto y satisfacción saber que uno de los segmentos más vulnerables de la sociedad recibía adecuada atención que se plasmaba en remedios sin cargo, pañales, etc. con lo que aseguraba -lo decían los anuncios- el merecido bienestar para la tercera edad y aún más allá de esa franja etaria.
   Y como otro de los buzones que nos vendió la rastrera insensibilidad de muchos funcionarios desde principios de este siglo, nos desayunamos una década y media después que eran más las fantasías que la imperiosa solidaridad que reclamaba aquel sector siempre postergado, compuesto por quienes tuvieron la mala fortuna del desprecio recibido, cuando por gratitud y como en otras culturas no tan avanzadas se debe a los ancianos; a los que dejaron de ser laboralmente útiles para pasar a transformarse en destinatarios de marginaciones y olvidos.    
   Hay que ser muy perverso y mal nacido para aprovecharse de quienes no saben o no pueden defenderse y llegar al gravísimo delito de esconder elementos vitales o “inventar” la existencia de clínicas fantasmas a través de las cuales robaban a mansalva.
   En varios depósitos de la ex obra social de los jubilados nacionales encontraron más de ¡16 mil sillas de ruedas! ya corroídas por el herrumbre, cajas y cajas de medicamentos vencidos y expedientes con el trámite de dudosas prestaciones a cargo de establecimientos para la atención de la salud, que no existían.
   El nuevo titular del PAMI, Carlos Regazzoni, hizo una presentación judicial y señaló entre otros conceptos que "durante 10 años se montó una estructura de robo sistemático al PAMI", asegurando haber encontrado gravísimos casos de corrupción. 
   Su antecesor, el kirchnerista Luciano Di Cesare, no puede alegar que los desconociera ya que "hubo auditorías que denunciaban estas irregularidades que fueron ignoradas", dijo Regazzoni. El nuevo funcionario aseguró asimismo que "a lo largo de los últimos diez años, las personas jubiladas de los sectores más pobres del país son las menos favorecidas", y apuntó que durante ese período "la tasa de mortalidad fue inaceptablemente alta". "Tres millones de personas fueron las más abandonadas", precisó.
         Eso no fue todo, porque salió a la luz el “funcionamiento” de dos clínicas  inexistentes que pese a eso le facturaban al PAMI 25 millones de pesos por internaciones “fantasmales”, demostrando así que durante una década se montó una estructura de robo sistemático, subrayando Regazzoni que “el kirchnerismo contrató falsamente auditorías millonarias para desviar el dinero: "Se usaba el control para robar".
   Si hacemos una apreciación necesariamente subjetiva, tomando el valor de la vida y del respeto a los mayores con mayor importancia que el dinero físico o el virtual que se manejan en los robos para rebalsar bóvedas, o en los desvío de evasiones impositivas a los paraísos fiscales, dejemos atrás el desequilibrio de los números para intentar rescatar del olvido y la ignominia a los jubilados, víctimas del saqueo y la perversidad.
   Para ellos que en lugar de atención y cariños el sistema los maltrata con la desatención o la indiferencia, son tan ajenas las alternativas de la guerra de acusaciones entre los que vinieron y los que se fueron porque los viejos –y todo lo que representan como símbolo- están por encima de esas cuestiones intrascendentes que no hacen a la perdida calidad de vida.
   La rapíña inhumana, aleve y despiadada debiera tener un artículo aparte en el capítulo de los delitos imprescriptibles, porque son un permanente atentado contra la vida de quienes el Estado más debiera proteger.
   Y si desde arriba durante tanto tiempo se miró hacia otros rumbos o se cayó a la voluntaria y vil ceguera, que los actuales gobernantes tomen conciencia de una sentencia de Chamfort: “La perversidad de las costumbres desciende de los palacios a las chozas”. 
       Gonio Ferrari