17 de junio de 2016

El festival de los escondrijos y el Tio Patilludo-----

DE CANUTOS, EMBUTES, AMURAMIENTOS Y
LA KIRCHNERISTA POLÍTICA DE “LA BURRA”


   En la marginalidad del hampa se utilizan términos que han superado al lunfardo y que sin llegar a constituir un “slang” como el que aplican en los bajos neoyorkinos o en los suburbios londinenses, no deja de inspirar curiosidad cuando trascienden y la sociedad en su conjunto se entera de su existencia.
   Esconder algo valioso que ha sido malhabido, aún se practica en pozos cavados y aislados del agua, la tierra y la humedad, debajo de un mosaico determinado cuya ubicación en la casa “aguantadero” es conocida por unos pocos “beneficiarios” del botín. Allí también se esconden armas y municiones.
   Son asimismo parte de viejas historias los amuramientos, que es cerrar cavidades en las paredes como si fuera un muro normal, en casos empapelado o coquetamente pintado, a donde las novelas policiales refieren que incluso dejaron a más de un ser humano condenado a una espantosa muerte entre sordos alaridos, decretada por los integrantes de la gavilla.
   Otra de las maneras de aislarse de pruebas comprometedoras como es la tenencia de dinero “físico” en papel contante y sonante o metálico, solía ser habitual en los funcionarios venales de algunos países africanos o fuera de esa geografía, no tan importantes en el concierto mundial: gestionaban cuentas en Suiza donde les ofrecían absolutas garantías de secreto y discrecionalidad y allí dejaban el producto de sus fechorías.

  En varios casos fue una buena manera de preservar el dinero hasta que se dieron algunas situaciones más que curiosas, producto de la mafia que, aunque pocos lo hayan creído, existía entre los helvéticos que al conocer acabadamente el origen delictivo de esos fondos, cuando se los iban a reclamar negaban su existencia y el valor de algunos acuerdos firmados, a la vez que amenazaban con hacer conocer esa situación en los países saqueados por sus desleales ex gobernantes. Y se quedaban con todo y los “pícaros” angurrientos sin derecho ni ganas de protestar.
   Es probable que existan mil maniobras distintas surgidas de la necesidad de ocultar dinero y la imaginación y creatividad de los delincuentes fueron llevadas a la práctica cuando se conocieron tantas grupos terroristas o del fundamentalismo religioso de cualquier color.
   Panteones, nichos, sillones, ataúdes, entretelas de sobretodos, arcones blindados, anaqueles de heladeras, barriles con oscuros líquidos y doble fondo, paneles interiores de vehículos, quillas de barcos, ruedas de aviones y en centenares de lugares inimaginables se escondieron fortunas cuya recuperación corrió suerte diversa y no existen estadísticas al respecto.
   En viejas capillas de siglos atrás, oratorios, iglesias y catedrales seguramente contaban con espacios secretos para esconder tesoros al resguardo de los pillos.
   Viajando en el tiempo, sabemos ahora que “la burra” es el nombre que para los  “soldados de la causa” enrolados en la corriente depredadora de los “K” -sin dejar de reconocer que también había algunos decentes- tenían los dineros producto de coimas, “retornos” y otras maniobras que se perpetraron a lo largo de la década ganada (que lo fue para muchos) para apropiarse de fondos del tesoro nacional, mientras declamaban sus intenciones destinadas a los desposeídos y marginados, con el mentiroso rótulo de la inclusión social.

  Lo del Ing. López no es un hecho aislado, como lo demuestra la historia que recién se está escribiendo en borrador, ni es el producto de una “operación” como lo delira la impune y cloacal bocaza de doña Hebe, ni el infantil desconocimiento acerca de esa rapiña por parte de De Vido, de la Señora Que Ya Fue o de la ciega, nostálgica y sorda militancia del fracaso.
   Se trata del “dinero físico” que embriagaba a El Que Partió, a quien le encantaba verlo, olerlo y abrazarlo emulando a lo que de chicos pensábamos que era una fantasía, cuando mirábamos en las revistas al Tio Patilludo nadando en su piscina repleta de dinero.
   La Justicia aunque no es tanto que haya pisado el acelerador, al menos ha soltado el pedal del freno y viene apurando las acciones tendientes a poner en claro lo del convento de las monjitas, que es solo un resonante episodio por sus características, pero que en lo cuantitativo y a la luz de lo que se viene ventilando, no sería otra cosa que “un vuelto”.
   López no está loco pese a que la endeble defensa de la cumbiera le haya aconsejado que obrara como tal. Lo bueno es que por lo general la cercanía de una celda frunce el que te dije, afloja memorias y destroza silenciosos pactos.
   Y si De Vido y la Señora Que Ya Fue sostienen que ignoraban  las oscuras maniobras de su empleado jerarquizado y de absoluta y añeja confianza, no deja de ser un insulto hacia la propia y pretendida inteligencia de ambos. Y en cuanto a las monjitas destinatarias de tantas limosnas, visitas y regalos, el mismísimo Papa Francisco debiera activar sus mecanismos de sospechas, esos mecanismos que cualquier alto dignatario posee.
   “La burra” que ya está a buen recaudo en manos de la Severa Imparcialidad, tuvo el destino que merece un pueblo sufrido, engañado, saqueado y ofendido por quienes soñaron con tener en sus vastedades geográficas, mil piletas como la del Tio Patilludo.

Gonio Ferrari