13 de junio de 2016

Tomar en cuenta ------------

RIO CUARTO: MÁS QUE  
AVISO ES UNA LECCIÓN

   Por una simple cuestión de enfoques y conveniencias sectoriales, los números de una elección suelen ser siempre manejados con la suficiente creatividad política que sirven para potenciar un triunfo y acentuar los efectos de las derrotas.
   En Rio Cuarto ganó la intendencia municipal el candidato delasotista por amplio margen, el radicalismo resignó un baluarte que mantuvo durante 12 años y un frente de la izquierda, accedió históricamente al Concejo Deliberante del imperio del sur por primera vez.
   Cosa curiosa, Cambiemos -el macrismo que resultó segundo- dilapidó la mitad de los sufragantes que lo acompañaron en la última elección presidencial, posiblemente como una luz de alarma e intención de escarmiento porque no debe haber mayor expresión de repudio que el “cuco” popular que se despierta cuando le tocan la más sensible de sus vísceras que es el bolsillo.
   Es tan indiscutible el triunfo de Unión por Córdoba, como “trucha” e inoportuna la alegría de un kirchnerismo decadente y en vías de extinción limitado a manifestaciones individuales de algunos de sus personeros, casualmente los más repudiados por la mayoría y más cercanos a las rejas que al regreso.
   Los números que no admiten discusión, aunque el perdedor procure minimizar sus contundentes efectos, deben ser tomados no tanto como un aviso de venideras debacles, sino como respetuosa lección de la democracia que procura corregir rumbos o suavizar ajustes que aunque necesarios, son casi violentos y a veces confiscatorios.
   Que el poder desgasta no será un hallazgo de estos tiempos sino que su vigencia se acentúa con el paso de los almanaques y vaya coincidencia, en doce años que es el mismo lapso en que el kirchnerismo se disfrazó de justicialismo y ni siquiera así pudo subsistir.
   El de Rio Cuarto fue un triunfo legítimo y oportuno como para neutralizar los desaciertos que con la firma del PJ o de la UPC se vienen sucediendo en la provincia, más allá del costoso márketing que busca instalar una imagen idílica y positivamente ascendente.
   La gente -lo demuestra la historia reciente- dejó de creer en los vidrios de colores, los espejitos y los cantos de sirenas.
Gonio Ferrari