25 de julio de 2016

Barata polémica sin sentido --------------

¿ES UNA CUESTIÓN DE ESTADO SI
ESTELA Y CRISTINA SON AMIGAS?
  La versión civilizada y pretendidamente diplomática de Hebe de Bonafini estuvo compartiendo algunos platos con doña Mirta Legrand, lo que de ninguna manera significa comulgar con su modelo y estilo, ni estar en la vereda de enfrente, pese a lo cual hubo por parte de la platinada señora Carlotto algo parecido al estudiado ejercicio de la amnesia.
  Omitió la coqueta y altiva dama invitada, entre otros detalles, memorar que había prejuzgado al sentenciar en un momento que le encantaría que alguno de los vástagos del matrimonio propietario de la “concentración mediática” fuera hijo de desaparecidos y es por eso que se la recuerda como la abuela creadora de aquel estribillo que acompañara a todas sus manifestaciones públicas tanto callejeras como en espacios cerrados cuando sus conmilitones coreaban en un desafinado y estentóreo clamor: “¡Clarín, Magnetto, devuelvan a los nietos!”.
  Y cuando la ciencia y la Justicia determinaron que Marcela y Felipe no coincidían con ningún patrón genético registrado en el prolijo archivo del que disponían Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, tanto Hebe como Estela dejaron de vociferar, pero de esas “organizaciones” puestas al servicio y albedrío del kirchnerismo -que vaya paradoja decían y dicen defender los derechos humanos- nadie salió jamás a reconocer el pavoroso error ni a pedir disculpas por la estigmatización, las injurias, los ultrajes y la condena cívica y sin juicio a Felipe y Marcela, gratuitas víctimas de los que desde el delirio, sostenían que Ernestina Herrera de Noble, dueña de “Clarín” fue quien los había arrebatado a madres desaparecidas durante la última dictadura militar.
   El tiempo que no siempre es el cicatrizante ideal fue pasando y ciertos olvidos u omisiones se fortalecen en la memoria de los bien nacidos, tanto como se evaporan en el olvido de los trasnochados, fanáticos y autoritarios que no conocen ni practican tanto la autocrítica como el arrepentimiento.
   Es también caer al infantilismo intelectual, alentar la inútil controversia sobre si Estela es amiga o no de La Que se Fue.
   Sería espantoso dejar sin vitalicia condena a los apropiadores de niños, de los tantos que hubo en aquellos aciagos tiempos del desprecio.
   Pero también es imperdonable enterrar parcialmente la historia porque es un nostálgico acto de mezquindad, de un prepotente y desmemoriado autoritarismo ejercido como afrenta a toda la sociedad.
Gonio Ferrari