10 de julio de 2016

S.L.B.: EL GAS DE LA DISCORDIA - NO ES TANTA LA INDEPENDENCIA - TRANSPORTE URBANO INCORREGIBLE - UNA INJUSTA OMISIÓN - CARTA DE LOS FAMILIARES DE PRESOS POR LA MEGACAUSA - LA AUSENTE POLICÍA CORDOBESA - DE INHIBICIONES Y MORSAS - NUESTRO ETERNO ENDEUDAMIENTO, ETC.

Desgrabación de los comentarios del periodista Gonio Ferrari en su programa “Síganme los buenos” del 10 de julio de 2016, emitido por AM580 Radio Universidad de Córdoba.
  
GAS PARA LA DISCORDIA


   No es positivo para nadie, tanto desde el poder como en cuanto a la gente, la complicada situación emergente del intempestivo, inconsulto y elevado incremento en la tarifa del gas, medida que en lo gruesamente comparativo, casi equivalente a interrumpir el servicio de agua potable en todo el país.
   Las idas y venidas del asunto sólo han contribuido a que sea mayor la incertidumbre, como si la improvisación hubiera ganado a la cordura y a la prolijidad para gobernar, argumentos de venta, por así decirlo, que desplegara el PRO en su campaña proselitista.
   Porque si el gas como otros vitales servicios tiene un fin social, llama la atención que virtualmente se lo aleje de las posibilidades de los sectores menos afortunados al asignarle carácter prohibitivo y casi inaccesible, precisamente, para quienes están en condiciones de gozar menos abrigo.
   Es cierto que fue más de una década el lapso en que los precios de ese combustible estuvieron muy por debajo de su valor real, pero no es el pueblo quien debe afrontar las consecuencias del desgobierno, del despilfarro y de la demagogia de subvencionarlo hasta niveles ridículos, que ahora se advierten a la hora de tener que pagar el fiado de la fiesta que se vivió.
   Es casi imposible pensar en sensibilidad social cuando nos referimos a un funcionario poderoso en el ámbito particular y con evidentes intereses, como para que piense en la imposibilidad de una marcada mayoría, para afrontar los nuevos y exorbitantes valores que se les pretende cobrar.
   La gradualidad del aumento hubiera sido lo más aconsejable y volver atrás no sería un acto de debilidad política, sino de respeto hacia los más necesitados, que no son pocos.
   Haber recalado el tema en la Justicia para que decida, es más una alternativa necesaria, frente a la indefensión ante el poder que parece robotizado para recaudar, sin medir adecuadamente el impacto de tal medida en la sociedad.
   Así las cosas, que desde el gobierno no esperen aceptación sino repudio.

NO ES TANTA LA INDEPENDENCIA



    El pensamiento propio me obliga a sostener con el paso y el peso de los años, que la independencia es igual a la libertad: si no es salvaje, no es aconsejable cometer la exageración de llamarle independencia.
   Porque una cosa es el legado de aquellos próceres que en Tucumán sacudieron el yugo de entonces y otra es la realidad actual que si somos absolutamente sinceros en la evaluación, llegaremos a la convicción que en muchos aspectos, seguimos tanto o más dependientes que en 1816.
   Generalmente los argentinos, apegados por idiosincrasia a las nostalgias, en los días patrios solemos deleitarnos al escuchar las radios copadas por fervores folklóricos de antaño, que se volatilizan en pocas horas cuando los intereses comerciales manejados desde el exterior, nos vuelven a invadir.
   Citando esa situación como ejemplo, en todos los órdenes de la vida nacional ocurre casi lo mismo al advertir lo que sucede en la economía, en el deporte y en todos los usos y costumbres que son parte de nuestra no definida identidad, que soportó y todavía soporta influencias no sólo de nuestros antepasados nativos sino de quienes alguna vez nos sojuzgaron.
   La globalización que pulverizó barreras y distancias permitió que irrumpieran en nuestra vida ciertos elementos nocivos que llevaron a desvirtuar valores que creíamos acendrados en la cultura propia y lo que puede ser tenido como símbolo dentro del campo productivo, es la muerte virtual del trigo a manos de la soja, imposición de los mercados internacionales que dejará como consecuencia, al decir de muchos entendidos, el agotamiento de la tierra para intentar en el tiempo retomar aquello de “el granero del mundo” cuando el hambre tanto exterior como interno nos obligue a volver a las espigas.
   Por creernos independientes y autoválidos nos encerramos y la tecnología extranjera nos superó sin esfuerzos y en la mayoría de los casos, llegamos tarde y nos conformamos con llamarle progreso a nuestra condición de armadores más que de fabricantes, de productos que en el exterior ya están discontinuados.
   No ha perdido actualidad lo que comentara un año atrás en este mismo espacio: “En lo político, los del interior dependemos del humor porteño, de las trenzas que se arman, de los acuerdos que se concretan, de las fidelidades que se exijan, de las broncas que se generen o de las mentiras a las que estaríamos obligados a tomar como verdades.
   En lo deportivo, dependemos de cómo se estructuren los campeonatos, de cómo se comporten los árbitros y de qué apoyo económico estatal reciban nuestras instituciones.
   En lo cultural, de qué música nos impongan como moda, qué ropa nos insten a usar, qué comidas y bebidas nos sugieran casi como una obligación de consumo”.
   Sostener desde un curioso sentido del patriotismo que somos independientes, tomado con algo de escepticismo es para confesarnos cultores de una mal disimulada hipocresía en coincidencia con lo que siglos atrás sostuviera Cicerón: “De todos los hechos culpables ninguno tan grande como el de aquellos que, cuando más nos están engañando, tratan de aparentar bondad”.
   Aranguren, por caso, no puede sentirse independiente ni pretender que lo tengamos como tal.

TRANSPORTE INCORREGIBLE


   Ya no se trata de echarle la culpa sólo a la Municipalidad frente a la deplorable calidad del servicio de transporte urbano de pasajeros de la ciudad, sino acusar a las empresas prestatarias de regular el servicio para obtener mayores utilidades, a expensas de los usuarios que están pagando el boleto más caro del país.
   Esto sucede por la simple y sencilla razón que los controles no existen, que la ciudad en materia de transporte urbano es un feudo que cogobiernan la Fetap y la UTA, ambos en una luna de miel que están pagando los miles de rehenes que son los humillados pasajeros.
  
La ecuación es tan simple, que las ausentes autoridades merecen ser calificadas como cultoras de la candidez, la inocencia o la ignorancia, porque al regular las frecuencias y esconder las unidades, aporta mayores utilidades aunque el cordobés deba esperar media hora el paso de su ómnibus o trolebús.
   Un simple y elemental chequeo en algunas paradas, dio el resultado sospechado: que las esperas se han duplicado en los últimos días, y por manifestaciones de choferes -ellos y ellas- es virtualmente la mitad de la flota la que está en servicio, pero quienes cobran óptimos sueldos para controlar, están gozando de unas inmerecidas vacaciones de invierno.
   De esa manera los empresarios, injustos beneficiarios con un 10 por ciento que la Muni les quitó a los pasajeros, están haciendo su evidente colchoncito “por si las moscas” ya que sería inminente un nuevo estudio para actualizar la tarifa, a lo que sucedería como es costumbre, una demanda de la UTA por mejores salarios.
   Es una maligna rueda que soportamos los cordobeses, para tener un servicio de calidad ciclotímica y un precio que no se da en ninguna otra ciudad del país.

UNA INJUSTA OMISIÓN


   No es la primera vez que se comete el atropello del olvido o la equivocación, ambos con groseras características, en la persona del Dr. Ramón Bautista Mestre, ya sea en vida o después de su fallecimiento.
   Allá por 1995 en el solemne acto de entrega de su diploma de gobernador, cargo que asumiría días después, al recibir el colorido documento Mestre cayó en cuenta que lo habían rebautizado, porque antes de su apellido decía Juan Bautista en lugar de Ramón Bautista.
   El gobernador electo no lo aceptó y visiblemente indignado dejó el escenario de nuestro teatro mayor donde se desarrollaba la ceremonia y el episodio derivó después en varias renuncias en el Tribunal Superior de Justicia.
   Pero lo que sucedió días atrás cuando en una placa se rinde homenaje por el bicentenario, a los gobernadores cordobeses que asumieron tras la recuperación de la democracia, el único que no aparece en el mármol ni en el bronce, es Ramón Bautista Mestre.
   Mas allá de la reacción o no de su hijo intendente que estaba en la ceremonia y de la airada protesta del radicalismo, lo que se pretende resaltar es la displicente actitud del gobierno anfitrión, muy cercana a la indiferencia que si bien suele ser costumbre entre políticos, no lo es si de respeto queremos hablar.
   A Ramón Bautista Mestre se lo puede admirar u odiar por su desempeño, pero no es de buena gente ignorarlo si lo que miramos es el vaso de la historia medio lleno, porque la provincia no está en situación floreciente, con un inédito nivel de endeudamiento en números y en gestión, con  los de ahora.
   Se impone no tan solo la corrección de la placa y la sanción a los responsables de la marginación histórica de Mestre, sino un acto de desagravio a su memoria, como homenaje al cercano devenir de los cordobeses.

LA MEGACAUSA


   En estos días de reposo por la feria judicial, no se han producido novedades acerca de la megacausa del Registro de la Propiedad, aunque en realidad hubo un hecho lamentable que mucho tiene que ver con este dilatado asunto: la muerte de un hombre que debió soportar una prisión anticipada de tres años y nunca llegó a juicio.
   Ese debe haber sido el motivo para que los familiares de los involucrados en esta causa, dieran a conocer una carta dirigida a la comunidad, que dice: “El fallecimiento de Roque "Cacho" Finós nos ha sacudido profundamente, dejándonos el sabor amargo de una Justicia ausente. Su caso es un paradigma de lo que reclamamos. El Poder Judicial, en nombre del Estado, tiene el deber de investigar delitos, debiendo hacerlo en forma pronta y eficiente.
   Ningún derecho legítimo justifica encerrar inocentes por las dudas y durante años, sin ninguna preocupación por sus vidas. Y si se tienen pruebas para encarcelarlo, ¿ por qué no se realiza un juicio rápido para establecer la verdad?.
   Todos los derechos fueron pisoteados en esta causa convirtiendo a los imputados en chivos expiatorios ante la comunidad. La prisión preventiva sistemática a la que se los condenó durante años se robó sin razón válida la libertad, las fiestas familiares, los cumpleaños, los actos de la escuela, las pascuas, las navidades, y cuántos momentos más, imposibles de recuperar.
   Separó hijos de padres, familias, hermanos y amigos; devoró  alegrías, ilusiones, sueños  y esperanzas. Se convirtió en tortura, buscando obtener confesiones o vaya  a saber Dios qué más.
   Cacho Finós no se doblegó mostrando siempre  para quienes lo rodearon, valores de solidaridad y compañerismo que quedarán grabados.
   Y se puso a disposición de la Justicia cumpliendo su parte en el proceso, proceso que para siempre, quedará sin respuesta”. 
   Ese es el texto que cumplimos en divulgar, porque tengo la seguridad que para estas instancias que cuestionan a la Justicia, seguiremos siendo el único espacio que lo haga, como hace más de tres años.
   No somos fiscales, defensores, jueces ni verdugos, pero a veces indigna advertir ciertas dependencias entre poderes, que no debieran existir.

LA POLICÍA AUSENTE

   Baste un solo ejemplo por experiencia propia y reciente, como para tener idea del despropósito del abandono policial en una noche de intensa circulación entre nuestra capital mediterránea y Alta Gracia, por la hermosa y amplia autovía que une a ambas ciudades.
   El viernes último, día de notable incremento en el tránsito hacia puntos claves de nuestra geografía debido al largo fin de semana que se iniciaba, me tocó un viaje desde nuestra capital hasta la cercana Alta Gracia, dejando constancia que no soy adepto a los casinos, sino a la buena cocina.
   Ida y regreso por un billar de autopista, sin un bache, muy bien señalizada, correcta atención en los peajes tanto de ida como de regreso, pero un detalle que rompió con la imagen integral del paseo: ¡ni un policía, patrullero, policía caminera o motociclista!
   Aquella costumbre de apostarse cerca de las cabinas de pillaje controlando de ojito las luces encendidas e imaginando cinturones colocados, parece haber caído en desuso o es que estamos demasiado lejos de elecciones, como para vender una imagen de prevención que tanto necesitamos y se nos niega a los pocos días de cualquier comicio.
   Si me dijeran que se trata de una exageración puedo asegurar que no, porque lo reitero, ni tan sólo un policía en un camino que lo requiere porque no faltan quienes por la impunidad que les regalan, abusan de la velocidad en el trayecto y de las copas en el destino.
   Alguna vez las autoridades, más enfrascadas en un desfile que en la prevención que se nos niega, tendrán la inteligencia de trabajar para la gente, que es la que paga impuestos y sin embargo la dejan librada a su buena suerte, si la tienen.
   Como siempre, ahora por un par de días veremos policías por todas partes.

INHIBICIONES Y MORSAS


   Ya cuando las exitosas “leonas” de nuestro hockey femenino sobre césped le dieron la espalda, el bueno y soberbio Aníbal Fernández debiera haberse dado cuenta que el mundo se le venía abajo, porque si desde el deporte nacía tamaño e inédito desprecio, su viveza de funcionario polifuncional tendría que haberle advertido que en el campo de la política y de la justicia el ensañamiento de la realidad con su figura sería mayor.
   Igual que ella, La Que se Fue, conocedora como nadie de su propia fortuna, que no calculó -o lo hizo como burla a todos y todas- que una de las medidas que adoptaría la ley, sería encapsularle sus bienes como medida cautelar, posiblemente con la peregrina intención de recuperar algo de la rapiña de la que el pueblo fuera víctima a lo largo de tantos años.
   Ayer en el Canal 26 y sin repreguntas, Anibal Fernández se mostró con la pureza de las Carmelitas Descalzas, impoluto y víctima de las maledicencias propias de una persecución atroz de la que se siente víctima y afirmó entre otros delirantes conceptos que si la Sra. que se fue se presentara ahora a elecciones, ganaría por escándalo.
  Y le asiste la razón, porque más que adhesiones, la doña está inmersa en un escándalo de corrupción cuyo resultado y derivaciones depende de la rapidez e inteligencia con que actúe la justicia, en cuyo ámbito -y en ningún otro- debe ventilarse -por una simple cuestión de respeto a la democracia- la situación de la expresidenta.
   Podrá presentarse a elecciones en su momento, si se dejan de lado las culpabilidades que la sociedad y algunos de sus ex funcionarios de confianza hacen pesar sobre ella.
   Pero lo más curioso de esa entrevista televisiva, fue que en ningún momento se mencionó esa palabra que altera el pulso de muchos ex funcionarios y que más vincula a Anibal Fernández con actos de depravación política, como si el término “efedrina” no figurara en el actualizado vocabulario periodístico.
   Es probable entonces que Pérez Corradi, si no tiene la pésima idea de suicidarse, refresque la memoria de tantos olvidadizos.


NUESTRO ETERNO ENDEUDAMIENTO


   Cada vez son menos los fanáticos que enarbolan como estandartes algunas estadísticas y cifras de curiosos orígenes o autorías, en un desesperado e inútil intento por defender lo indefendible, seguramente por haber sido beneficiarios de alguna ventaja en lo económico, en lo político o en lo ideológico, cuando ya está resquebrajada aquella ciega actitud de acompañamiento a un modelo que derrapó en la historia de los argentinos.
   Desde aquella fantasiosa historia del desendeudamiento casi mágico que desde la cúpula kirchnerista se anunciara como el mayor logro del siglo es una infinidad de números lo que es parte de una curiosa historia de verdades y mentiras.

  Lo que fortalece ese pensamiento es que son pocos los que saben cuánto estamos debiendo en realidad, debiéndonos conformar con las cifras que interesadamente se manejan según sea su origen y destinatarios.
   Pero nadie, absolutamente nadie, puede negar que estamos hasta las manos desde años atrás, siempre creciendo y nunca amortizando los monstruosos números que históricamente nos agobian y condicionan el futuro nacional.
   Ningún gobierno en los últimos tiempos -y confieso que puedo equivocarme de medio a medio, lo reconozco- entregó el poder con menos de lo que debíamos y ese es un síntoma no tan sólo alarmante sino peligroso.
   Dentro del exagerado caudal del dinero de todos que los políticos, sin excepciones han gastado en autopromocionarse como los mejores, tendrían que disponer a futuro, de recursos para informarnos sin ocultamientos ni mentiras, cuánto es el monto real de nuestra deuda externa.
   Y no caer a los perversos efectos de aquella circular 1050, que pagábamos una cuota del auto y al mes siguiente teníamos una deuda superior a la contraída.
   Así no vamos a ninguna parte.