4 de agosto de 2016

Guillermo Moreno, el iracundo --------

UN PENOSO HIMNO A LA IDIOTEZ

  Amplia y generosa es la definición del término “idiotez” que aporta la Real Academia Española señalando que se trata de una grave insuficiencia del desarrollo de las facultades intelectuales, morales y volitivas, que “es de origen congénito y traduce un desarrollo incompleto del cerebro”.
  Agrega otras consideraciones entre las que se destacan que “aparte de las anomalías cerebrales, en los idiotas se observan algunas deficiencias …movimientos convulsivos incontrolables y que pueden presentar tendencias destructoras … no son curables y sobre
ellos no actúa el tratamiento psicopedagógico, cerrando la explicación al consignar que “cuando la idiotez no es total puede enseñárseles a valerse por si mismos por lo menos para lo más elemental e indispensable, siempre que se los vigile, si es que presentan tendencias destructoras”.
  Guillermo Moreno, encumbrado funcionario del esplendor “K”, supo viajar a Angola creyendo que los africanos pobres, desnutridos y de pocas ropas usar, le iban a comprar los tranvías y las cosechadoras de cartón que llevaba como muestras, acompañando una nutrida (como todas) misión oficial argentina encabezada por La Que Quiere Volver.
  Las máquinas agrícolas que llevaron al continente negro eran de cartón y procedían de una fábrica que por entonces, año 2012, ya estaba en proceso de quiebra.
  El mismo Moreno, con rango casi de super ministro, manejó la economía del país durante algunos años y fue el inventor del cotillón anti Clarín que consistía en cartelería, globos, medias, llaveros y encendedores que lucían la inscripción “Clarín miente”, con cuyos afiches también había empapelado su despacho oficial.
  Cruel, atropellado, vehemente patotero con quienes tenían la “suerte” de llegar hasta su escritorio para que les permitiera abrir parciales importaciones, con lo que evitarían caer en la inactividad industrial y sus consecuencias sociales y laborales, se consideraba el dueño absoluto de la verdad.
  Violento, intolerable y prepotente, no supo explicarle a un economista hace pocas horas en un programa televisivo, cómo era eso de reconocer durante su actuación oficial una inflación del 10 por ciento, cuando el sueldo del funcionario se había incrementado en un 30.
  Abandonado por los argumentos, el que fuera una de las principales “espadas” del kirchnerismo desde su apogeo hasta la decadencia, no tuvo otra alternativa que actuar como pandillero al que le han insultado la madre y la emprendió con denuestos a quien civilizadamente le reclamaba una respuesta, después de sostener que las cifras de años atrás eran una mentira.
  Moreno se levantó de su sillón y amenazando con su índice trató de “idiota” a quien le pedía definiciones técnicas y políticas que el loquito no encontró en su repertorio de imbecilidades que tiene instalado en lo que le queda de cerebro y hasta se erigió en “propietario” del programa televisivo vociferando la “expulsión” del periodista economista.
  Lo que Moreno de ninguna manera reconocería, es haber sido como siempre que se queda sin respuestas, incorrecto e irascible, tendencia que suponemos suaviza en sus habituales visitas al misericordioso y olvidadizo Francisco en Roma, a quien frecuenta y hace alarde de ello.
  Y si Moreno fuera equilibrado como para reconocer su indisimulable idiotez que pretende advertir en el prójimo, se inclinaría por insertarse en el sector de los inútiles, a la luz de los resultados que arrojara su lastimosa gestión.
  Porque con su personalidad y sobreactuaciones rayanas en la demencia, ni siquiera sería bienvenido entre los idiotas útiles.

Gonio Ferrari