31 de agosto de 2016

Inofensivos como una sombra -------

LOS GOLPISTAS DE PACOTILLA, 
PATÉTICOS E IMPRESENTABLES

   Primero fue una sensación de preocupación escuchar las tontas y aparatosas amenazas de doña Hebe que al amparo de sus años y desde la impunidad de una “chapa” de luchadora primero por los desaparecidos y luego por sus rentables “sueños compartidos”, se fue agrandando a medida que su -su- neurona adelgazaba en lucidez y rendimiento.
   Pero últimamente, es como si algún ser superior a ese nivel intelectual -no hace falta escalar demasiado- hubiera mandado a sus huestes a cumplir con el histórico mandato que luce el filo de cualquier sartén: romper los huevos. Y con todo empeño y mayor esmero lo están haciendo para cocinar la tortilla más enorme que recuerde la historia nacional… y popular, que será prolijamente deglutida nada menos que por sus propios cocineros, sin participación del 51 por ciento de los comensales.

   Porque si la primera línea de combate está integrada por la desbocada señora madrina de los parricidas acompañada por la intelectualidad y la diplomacia de D’Elía, el guitarrero talento de Boudou, el impoluto Aníbal, la prudencia de Esteche, el patriótico compromiso de Moreno, la guerrera logística de Lázaro y el ahorrativo apoyo de Milagro, todo con la mirada papal, será mejor que vayan envaselinando las astas de sus banderas para evitar las irritaciones que provocan los abortos de planes así apoyados por la ciudadanía.
   Aquel golpismo con el que deliraban desde la doña Que Ahora Quiere Volver hasta el último de sus planeros militantes, es como si hubiera cambiado su uniforme macrista para vestirse con las pilchas de los nostalgiosos perdedores que aún no se resignan al mandato de las urnas y juegan a la peligrosa ronda que los coloca a la par de Onganía, de Videla o de tantos otros trasnochados que a través de la violencia asaltaron el poder despreciando el indiscutible dictamen de la mayoritaria voluntad popular.
   Si los cerebros de la sedición son Máximo el hijo pródigo, Brancatelli, De Pedro, Zanini y sus otros secuaces podemos dormir tranquilos porque a decir verdad, arrastran menos gente que una topadora de telgopor y más que nada, porque los argentinos de bien no añoran el sangriento setentismo, la violencia como costumbre, el secuestro como generador de fortunas o el despertar cada noche con el maléfico e inolvidable estruendo de los atentados.
   La programación y ejecución de un acto de rebeldía no tan solo requiere del apoyo popular, sino inteligencia y compromiso a la hora de fundamentarlo ante la sociedad, demasiado castigada por las consecuencias del saqueo y la corrupción estructural que poco a poco viene apareciendo cada vez que levantamos una puntita de la alfombra de impunidad, allí donde las ocultaron por más de una década.
   Los desvaríos de los enardecidos que se inclinan por la degollina de quienes consideran enemigos en lugar de adversarios, se calmarán cuando la Justicia encarcele a quienes lo merezcan y absuelva a los que comprobaran su decencia. Es el único antídoto contra esos revolucionarios de cartón que pretenden recuperar sus privilegios mediante la brutalidad que acompaña a su fanatismo, porque no aceptan el ejercicio de la Democracia cuando a través de ella se alejan de las mieles y la sensualidad del poder.
   La conmovedora caricatura del golpe de estado se autodestruye a la sombra de su propia ridiculez, porque una murga como la que la viene ensayando no está en condiciones de ofrecer un concierto para la historia.
   Con un rejuntado de instrumentos es imposible, por ejemplo, hacer una exitosa versión de la 9na. Sinfonía de Beethoven.
   Ni siquiera, de “Quien se ha tomado todo el vino”.
Gonio Ferrari