14 de septiembre de 2016

Repudiable ataque callejero ---------------------

EL RUGBY NO ES DEPORTE DE GOLPES
ARTEROS NI COBARDES AGRESIONES

    Antes que nada, es preciso poner en claro un par de aspectos que desde algunos medios se equivocan en plantear y juzgar, seguramente por ignorancia o demasiado apego a las comparaciones inconducentes: en primer término el rugby no es excluyentemente “un deporte para niños bien” y lo consideran así porque a diferencia del fútbol y por ser un juego solidario, también lo es para con el adversario, que no es un enemigo.
    En el rugby el golpe artero es la excepción cuando en otras disciplinas es la regla, o sea destruir al rival y no tan sólo superarlo deportivamente.
   Y volviendo a eso de considerar elitista al rugby, puedo dar fe en lo personal que no es así, desde el momento que me tocó practicarlo durante cerca de dos décadas y no se me puede considerar de ninguna casta privilegiada. Entre mis compañeros, igual que mi caso, había humildes exponentes de duros y sacrificados trabajos, como hijos de empresarios o de profesionales.
   Debe ser por eso que la cobarde y estúpida actitud de Julián Cirigliano, jugador del club San Cyrano de Buenos Aires, que agredió en la calle a un desprevenido ciudadano que resultó seriamente lesionado, merece repudio y actuación de la Justicia, más allá de una sanción de la institución y de la Unión Argentina de Rugby, que lo aleje en forma definitiva de un deporte al que no merece pertenecer ni como espectador.
   Y al mirar y escuchar el video que perpetúa el ataque artero, quienes están considerando esa situación deben conocer quiénes son los boludos que acompañan a Cirigliano en el auto a bordo del cual huye, porque las risas de festejo y complacencia también son una afrenta que amerita la aplicación de la más dura de las condenas. No alcanzan los pedidos de disculpas porque eso más se asemejaría a un hipócrita encubrimiento corporativo que no se debe tolerar.
   En el rugby existe una suspensión que es de 99 años y se cumple.
   En el fútbol le aplicarían dos partidos, el club pagaría si es redimible por multa y quedaría consagrada la impunidad.
  Casi igual que en la política.
Gonio Ferrari