28 de octubre de 2016

Breve historia urbana ---------------

EL  EJEMPLO DEL BESO AZUL

   En el QTH de la femenina, en circunstancias que otra femenina se le apropincuó con intenciones que se tratan de establecer, la persona de marras se dirigió a la uniformada y le manifestó --Agente de patrulla, ¡la voy a besar…!
   --¡Proceda, femenina, está autorizada! Fue la marcial respuesta, se fueron a la plaza del barrio y con suaves arrumacos llamaron la atención de la gente que circulaba de infante e interrumpieron el tránsito sin necesidad de tocar pito alguno.
   No es una cuestión de imaginación solamente, porque con seguridad que en algún momento existió ese diálogo tan jugoso como breve, expresivo, cuartelero y aleccionador, entre esa chica agente de policía, en esta Córdoba sorprendente y una joven panadera (repito: panadera) de Arguello.
   A los pocos meses después del flechazo ya convivían y luego, Registro Civil de por medio, blanquearon la relación igualitaria, se acogieron a la ley y se casaron en la primera experiencia formal de esas características que registran los archivos en la provincia mediterránea.
   Pueden buscarle los costados que quieran, pueden calificar la situación de la manera que se les pueda ocurrir, pueden tejerse miles de conjeturas vecinales, especulaciones de orden religioso, moral o ético, pero ninguna de las conclusiones a las que se lleguen superará lo que para ellas, sin dudas no es sino una historia de amor.
   En lo personal bien sabemos que las opiniones acerca de las legalizadas relaciones entre personas de un mismo sexo, son parte de un interminable debate en la sociedad y es por eso que lógicamente existe una atendible curiosidad, cuando estos casos trascienden y son motivo de aprobación, de censura o lisa y llanamente de reprobación.
 
 Más allá de los enfoques individuales que les puedan asignar a ciertas actitudes propias de tales situaciones, está claro que la exteriorización de tal tipo de cariño, afecto, ternura, pasión o como se la quiera rotular, no deja de ser un impacto si se advierten en lugares públicos o concurridos -lo que para muchos roza la condición de escándalo- porque aún no hemos adquirido la costumbre de tomarlas como parte de una creciente habitualidad.
   Y no es casual citar la breve historia de la mujer policía y su actual esposa o esposo.
  No es casual porque unos días atrás se produjo un revuelo en la Plaza Colón de esta ciudad cuando una vecina advirtió que una pareja visualmente femenina se prodigaba arrumacos, caricias y besos y no tuvo mejor idea que llamar a la policía para que pusiera fin a lo que se supone consideraba libertino, repugnante y vergonzoso. 
   Tres patrulleros concurrieron “al toque” y en un marco de innecesario despliegue operativo se llevaron a las tortolitas a donde las tuvieron, según comentarios callejeros, en condición de “retenidas” por vaya a saberse la violación a qué disposición discriminatoria, si es que está vigente, hasta que seguramente algún funcionario azul haya recordado la situación de la colega uniformada y su pareja “femenina”.
   A veces uno se plantea la duda si ese tipo de denuncia es por sentirse víctima de una agresión visual, por alboroto social, asombro, estrépito vecinal o simplemente por íntima envidia.
Gonio Ferrari