26 de octubre de 2016

Caro, pero el peor a $ 13,50 -------------

OTRA PELIGROSA APROXIMACIÓN
AL ABUSO CONTRA EL PASAJERO
  


   Desde días atrás, situación que puntillosamente se ventilara en este mismo espacio, se observaba un cambio notorio en el servicio urbano de pasajeros, con demoras en las frecuencias y un deterioro general del sistema, que es el resultado de la caprichosa e impune regulación que practican los empresarios como elemento de presión frente al poder concedente que es la permeable Municipalidad de Córdoba.
   En forma paralela -como siempre- surgió un foco de conflicto en el gremio que nuclea a los choferes llegándose a una suspensión parcial de las prestaciones, todo lo cual beneficia a los propietarios porque las multas que eventualmente se pueden aplicar por esa situación, en general son parte de negociaciones posteriores a la hora de “ajustar” el precio del boleto.
   Con empresarios y sindicalistas de la mano, era obvio que la suma de esos sectores llevaría inexorablemente a un nuevo capricho en provecho de ambos, como lo es instalar el fantasma de otro aumento en la tarifa porque el gremio aprieta a sus patrones y ellos, en pleno romance con los representantes de los empleados, elevan su demanda a la comuna que abandonó a los usuarios quitándoles poco tiempo atrás una migaja de subsidio como parte de un incremento no tan encubierto.
   La historia vuelve a repetirse, porque en la intendencia no quieren otro frente de tormenta que se sume al conflicto permanente que viene planteando el SUOEM y ya se están aflojando el cinturón de sus pantalones.
   Pero de este escenario de especulaciones y luna de miel sindical-empresaria al delirio de un boleto a  $13,50 hay una distancia sideral por sus nocivos efectos en la sociedad, que está pagando resignadamente -¿qué alternativa queda?- el boleto más caro del país para un servicio ciclotímico e inestable que se ajusta por igual a las apetencias tanto de los permisionarios como de los dependientes de la UTA, sectores que son los únicos beneficiarios porque si en este culebrón hay un perjudicado, ese es el usuario.
   Incrementar el valor del boleto recargándole un 50 por ciento por encima del actual, exista o no un subsidio de por medio, es un agravio a la necesaria estabilidad social que se requiere para escaparle al temido estallido popular como ocurriera en otras ocasiones similares.
   Alguna vez alguien debe tener la suficiente espalda política y la imprescindible sensibilidad social, como para ponerle freno a las siempre renovadas y desmedidas pretensiones de estos sectores que aparecen como antagónicos, pero que terminan siendo socios para el beneficio común en desmedro del ciudadano.
   Tanto FETAP como la UTA vienen caminando por la cornisa del desborde, al amparo de una cierta e inexplicable indiferencia oficial que con su acostumbrada displicencia sólo aporta combustible a una situación al límite de las llamaradas.
   El problema es que cuando estallen, no alcanzará el agua inexistente para sofocar el incendio que se avizora en el horizonte de un servicio cada vez más exageradamente oneroso y peor atendido por los tres protagonistas de la novela: los empresarios, los choferes y el municipio que debiera regularlo.
    Y una única víctima que es el sostenedor de un sistema que desde tiempo atrás se transformó en perverso sin que nadie hiciera nada por evitarlo.
   Por eso estamos como estamos y es muy peligroso que así sea.
Gonio Ferrari