19 de octubre de 2016

El gran ahorrista perdió 4 kilos ------------------

ATACADO DE ANGUSTIA Y DEPRESION,
LAZARO BAEZ QUIERE IRSE A SU CASA 

   Al fin y al cabo con enorme respeto por los derechos humanos, es que cualquier argentino pudo suponer que en ciertos casos la indulgencia y una postura humanitaria, imponían un tratamiento preferencial hacia esa “nave insignia” del kirchnerismo saqueador, responsable -en lo que por ahora se sabe- de uno de los despojos más alucinantes que registran las páginas de nuestra rica historia.
   El dueño de las bóvedas, variedad de escondrijos y “canutos”, al amparo de lo que pensó y en ese sentido especularon sus encumbrados mandantes, que gozarían la eternidad y la indemnidad del poder, concretó multimillonarias compras como testaferro por sumas siderales, y pasaron a su compartido y societario patrimonio empresas, inversiones, cuantioso efectivo y otras adquisiciones.
   Pero las cosas no se dieron como lo apetecían los dignatarios del modelo nacional y popular, pero ya era demasiado tarde para los súbitos arrepentimientos y arranques de honestidad, más aún cuando al igual que la autocrítica el mea culpa jamás existió, hasta el punto que muchos funcionarios pensaban que eso -el “mea culpa”-  era “tomar diuréticos” y luego confesar haberse hecho encima.
   Y como si a los números de los malestares físicos a Lázaro Baez se los hubiera manejado el Indec de sus buenos tiempos, había bajado en realidad 4 kilos pero el preso -alojado en el penal de Ezeiza donde hace gala de su proverbial generosidad y le paga la comida a varios reclusos- acusaba, enjuto y dolorido, una pérdida de 16 kilos.
   Uno de sus abogados, en las últimas horas, solicitó a través de un escrito para que “de manera urgente le otorguen la prisión domiciliaria” porque según su apreciación, “padece un estado depresivo ansioso”.
   El empresario presenta un trastorno de adaptación con un estado de “ánimo depresivo” y está “angustiado por su situación judicial”, le recomendaron tratamiento sicológico, algo que ya está haciendo en el penal”, indicaron las fuentes judiciales agregando los peritos oficiales que “el lugar donde cumple su detención es adecuado para su tratamiento”.
   Sin embargo, en un nuevo escrito, el abogado del gran preso, Maximiliano Rusconi, insistió con que "Báez padece de sobrepeso, sedentarismo y dislipemia, con diabetes tipo II de 7 años de evolución, además de hipertensión arterial y adicionalmente, asma bronquial leve persistente y gastritis crónica en tratamiento", sumando a todo esto que su defendido presenta una "alta morbimortalidad de acuerdo a su edad" (60 años), y añade que a esto se suma "el estrés constante al que está expuesto producto de su detención" lo que le genera "un aumento de sus niveles de adrenalina y cortisol, con el desequilibrio metabólico".
   Resumiendo, solo le falta la caspa.
   Y si es por el estrés y la ansiedad que agobia a los reclusos, abramos todas las celdas, viva la joda y clausuremos las cárceles.
   Como respuesta, el cuerpo forense le informó al Fiscal Casanello -aún vivo y sin vocación suicida- que el bueno de Lázaro "se presenta lúcido, afebril, hemodinámicamente compensado, orientado en tiempo y espacio" y destacaron: "Sin signo de enfermedad física aguda en evolución".
   Y con 60 pirulos encima, bien alimentado, robusto, risueño y saludable como luce, es para pensar que Lázaro Baez tiene la obligación de empezar a pagarle a la sociedad todo el daño que hizo; todos los infartos que seguramente provocó, todas las carencias en hospitales por su vocación de rapiña; todas las indignaciones de verlo rodeado de dinero malhabido; todas las penurias ocasionadas a tantos argentinos que vieron y todavía miran con espanto la impúdica manera de robar que exhibieron.
   Tiene al menos una década para purgar sus delitos que ya dejaron de ser sospechas.  
   Aunque en verdad con el tiempo veremos que sucede lo de siempre en cuanto a la consagración de la impunidad: las trenzas políticas y la debilidad de la justicia llevan a la liberación por los oscuros vericuetos de las negociaciones, las complicidades y los silencios compartidos.
   Y seguramente cuando salga, después de los abrazos con sus cómplices, abrirá sus escondites y podrá gozar de nuestro dinero.
   No es una mirada sesgada ni un pronóstico apocalíptico, sino la más pura interpretación del futuro con base en la memoria y en la historia.
   Los argentinos humillados, ofendidos, menoscabados y despojados, tenemos la obligación de exigir, más allá del rigor, el simple respeto por lo que dice la ley.
   Y eso para todos … y todas, debe ser innegociable.

Gonio Ferrari