12 de octubre de 2016

Policías y penitenciarios de acampe ----

ENTRE CAMPANAS DE PALO Y LOS
OÍDOS TAPADOS DE INDIFERENCIA

   En cualquier lucha contra la indiferencia del poder el costo es siempre elevado y para colmo se multiplica cuando el silencio alcanza a la legión mediática, por lo general adscripta a la obediencia debida que le impone su majestad la pauta publicitaria oficial. Y más en este caso porque “el gancho” para cobrar los avisos del gobierno que pagamos todos, en definitiva, lo pone precisamente el autor de la maquiavélica ingeniería matemática que sepultó al 82 por ciento y al equitativo espíritu de las jubilaciones.
   Los policías y penitenciarios retirados que hace más de un mes acampan en la céntrica y emblemática plaza San Martín de nuestra ciudad, contra la opinión de mucha gente, no están allí en demanda de aumentos en sus mensualidades, sino para que se cumpla la esencia de las leyes jubilatorias que debieran ampararlos y que el Estado provincial interpreta y aplica de tal manera que ha generado injustas postergaciones por una parte y disminuciones de haberes por otra.
   Tampoco están allí en una silenciosa protesta demandando la integración de un sindicato, sino luchando a su ordenada manera porque jamás fueron representados, informados o instruidos acerca de sus derechos como trabajadores de la seguridad, salvo un epidérmico conocimiento sobre la ley 8024, ahora desplazada.
   O sea que el mensaje y la lucha pacífica está dirigida también a los policías en actividad reclamándoles por su mezquindad, para que se capaciten e instruyan sobre cuáles son sus derechos, porque actualmente los retirados en este año cobran normalmente, quienes lo hicieron en 2014 y 2015 sufren una merma del 20 por ciento, los que dejaron la fuerza entre 2009 y 2013 perciben cifras cercanas al 65 por ciento y los retirados antiguos, es decir anteriores a 2009 cobran el 53 por ciento con relación al personal en actividad.
   El poder sigue aplicando también en ese ámbito la política del caprichoso remiendo y del parche indignante porque entre otras maniobras -maquilladas como legales- implementa índices sectoriales de actualización dejando de lado el respeto por el artículo 88 de la ley 8024, prohíbe trabajar en forma independiente salvo profesiones colegiadas, elude la aplicación del artículo 92 de movilidad del haber de retiro especial, todo lo cual implica una pérdida del haber del 10 por ciento anual.
   Con leyes y decretos posteriores modifica la relación, siempre en beneficio de las comprometidas arcas del Estado, incluyendo al decreto 194 rotulado como “aumento para retirados” que, según se comenta, ni siquiera salió publicado en el Boletín Oficial ni se conoce el origen de un porcentaje del 21,99 que se supone es un índice de actualización sectorial que lo aleja de aplicar la escala que establece, precisamente, la ley 8024.
   Son tantos los manoseos perpetrados por esta especie de alquimia de números, que la peor consecuencia es haber sumergido en la ignorancia de la realidad a quienes más debieran conocer con relación a sus derechos, especialmente por el respeto que se les debe en su condición de servidores durante tantos años y aportantes a un sistema que con el tiempo se transformó en pernicioso.
   Los policías y penitenciarios retirados mantienen su estado de abierta crítica y reproche hacia las autoridades provinciales y de manera especial dirigidas al Ministerio de Finanzas -a cargo ahora de quien durante tantos años instrumentara todas las medidas que los afectan- y a la titular de la Caja de Jubilaciones de la Provincia, que es el organismo ejecutor, esperando de esos altos funcionarios que están al servicio del pueblo y no a su propio servicio, que los reciban para plantearles una realidad que desde el poder no ignoran, con el objetivo de encontrar los canales pacíficos que lleven a una solución real y no declamada, como tantas veces ocurrió.
   La situación se puede apreciar desde distintos ángulos, pero todas las líneas conducen a una sola certeza: se está menoscabando la ya deteriorada validez del acuerdo tácito de los gobernantes con la gente, que es el de escuchar sus quejas y sus problemas, sin especulaciones ni odiosos condicionamientos.
   Se trata, de última, de una simple cuestión de respeto al prójimo.
   Porque allí en la plaza, nadie piensa en rendirse.
Gonio Ferrari