5 de octubre de 2016

“Síganme los buenos” a sala llena --------

DISIPAR DUDAS DE LOS JUBILADOS
FUE LA CONSIGNA DEL ENCUENTRO 

   Ni una butaca quedó libre en el Cine Teatro Córdoba, cuando ayer se concretó una charla tendiente a disipar dudas que los jubilados pudieran abrigar con motivo de las recientes leyes que entraron en vigencia y que están relacionadas con ese sector de la comunidad.
   A sala llena el abogado Héctor Mario Silvestro, especialista en temas previsionales,
desmenuzó los alcances de esos instrumentos legales y mantuvo un extenso intercambio de conceptos con aquellos que concurrieron en la búsqueda de orientación.
   Como el objetivo era la presentación en ámbito abierto del programa “Síganme los buenos” que los domingos difunde AM580 Radio Universidad, no faltó el aporte de la música característica de dicho espacio y fueron un suceso las entregas que con sus canciones hicieron Carina Ciceroni, la pureza de su canto y un particular estilo que conmovió a la concurrencia, sucediendo otro tanto con la presentación de la joven y ascendente Lisette, quien acompañándose con su bandoneón deleitó con creaciones tangueras y temas internacionales.
   Dos cordobesas que son un orgullo por su calidad artística, pero más que eso, por su solidario compromiso de apoyo a quienes todo lo merecen, que son los adultos mayores.
   La conducción del encuentro, técnica y musicalmente operado por el joven aunque experimentado Juan Meis, estuvo a cargo del periodista Gonio Ferrari, creador y director de “Síganme los buenos”.
   Luego de la bienvenida, las explicaciones del Dr. Silvestro centradas especialmente en los beneficios a nivel nacional, los intermedios musicales y la avalancha de preguntas al letrado especialista con relación al tema convocante, Gonio Ferrari cerró el acto con palabras a través de las cuales reafirmó su posición acerca de las jubilaciones provinciales, sus rarezas, perspectivas, temores y rumores.
   Seguidamente, el texto de dicha alocución:
   “Señoras, señores: Tomados en su conjunto, los montos jubilatorios en la provincia son altos en comparación a lo que erogan la Nación y el resto de las provincias argentinas.
   Así y todo, la injusticia del despojo comenzó a maquinarse cuando en pago de favores políticos se otorgaron beneficios a miles y miles de beneficiarios que jamás habían aportado un mísero peso, con lo que la estabilidad financiera de la Caja sufrió un colapso que aún perdura pese a las argucias por esconderlo.
   Una travesura matemática a la que llegaron los avezados manipuladores que luego fueron premiados con cargos de alto nivel, derrotó a la lógica, y apoyada tal maniobra en la abierta inconstitucionalidad de la ley 10.333, el declamado y ya percudido 82 por ciento se transformó en un indigno y ofensivo 73 por ciento, o menos, merced a una curiosa, inédita y caprichosa manera de liquidar las jubilaciones sin respetar la relación con lo que cobra un activo del mismo cargo.
   La frialdad matemática y la necesidad imperiosa de contar con el dinero ajeno -porque es de los jubilados y no del gobierno- transformó al beneficio en una maligna y perversa costumbre mensual, sinónimo de abandono e indiferencia, al amparo de una ley nacida en las tinieblas de una madrugada.
   A este desatino debemos agregarle el agudo problema de la pésima atención médica a los pasivos, en establecimientos privados que son los puntales del sistema, como los hospitales Italiano y Privado y el Sanatorio Allende, tanto o más saturados como los estatales, donde se otorgan turnos con dos meses de espera para consultas que no pasan de los 10 minutos y con el pago muchas veces, sin recibo por cierto, de un coseguro ilegal que antes se le llamaba plus y que tanto médicos como sanatorios negaban su existencia, pero si no se pagaba, no había atención.
   Es hora de hacerle entender al poder que las confiscaciones y las retenciones indebidas a los jubilados, configuran también una injuria a los derechos humanos de lo que tanto se habla a la hora de los discursos y de las promesas.
   Estaría avanzado el estudio de un sistema que terminaría con el pago de la pensión al viudo o la viuda del afiliado fallecido, con lo que la Caja dispondría entonces de una respetable suma mensual que le serviría para seguir tapando huecos en sus desquiciados números.
   Roguemos que sólo sea una versión o un chisme.
   El Estado no debe, aunque puede hacerlo y lo hace, disponer de los dineros que están asignados a la previsión social y está en la lucha y la constancia de cada uno, hacer que se respete la ley.
   No hacerlo, equivale a transformarnos, a todos y a cada uno de nosotros, en cómplices y encubridores.
   Queremos agradecerles de corazón que hayan venido; que nos hayamos acompañado; que las dudas no sean tantas; que nos ayudaran a recuperar la fraternidad perdida frente a la desidia instalada.
   Y les ruego unos instantes de silencio, como homenaje a todos aquellos jubilados para los que el adiós fue más rápido que la Justicia.
   Volvamos a nuestros hogares con el espíritu renovado y confiados en un futuro mejor a través de la lucha a la que nos obligan quienes nos despojan.
   Basta de tolerar que ellos aseguren su futuro robándonos un pasado de sacrificio, a cambio de un presente de ofensas, de lo que se aprovechan porque nos ven callados y dispersos, casi resignados.
   Basta de silencios.
   Basta de miedos.
   En paz y del brazo de la ley nos hagamos escuchar y cuando se nieguen a escucharnos, a nuestra manera hagamos tronar el escarmiento.
   Sepan, señores gobernantes, que aún pensamos.

   Somos muchos y todavía votamos”.