4 de noviembre de 2016

Dolorosa pérdida ---------------

NOS DEJÓ LUIS REINAUDI

Fue Carlos Hairabedián, otrora Carlos “Garó” (“amigo” en idioma armenio) cuando hacíamos los palotes radiales en la emisora municipal L.V.17, quien tuvo la ocurrencia de mandarnos a cubrir una concentración del viejo Boca Juniors en Saldán y allá fuimos con ese mocoso grandote con cara de pícaro curioso que se subió al asiento trasero de mi Puma 98 primera serie, a la que apenas vio la bautizó “La Presumida” porque tenía dos calcomanías en el tanque. Con el grabador Geloso en mano encaramos a varios jugadores, en aquellos tiempos que eran generosos en sus declaraciones.
   Así nos conocimos con el flaco Luis Artemio Reinaudi y sin llegar a la intimidad de una amistad férrea y cultivada, compartimos algunas otras experiencias periodísticas y luego nos embarcamos -en cubiertas distintas- en ese barco que se llamaba sindicalismo romántico que la modernidad y algunas glotonerías echaron a pique con el tiempo.
   Estudió, se esmeró, llegó y triunfó en la profesión y jamás se me ocurrió pensar que iría a las huestes de los cobradores de deudas, de las sociedades comerciales, de la defensa de los delincuentes o de la minoridad porque su pasión por el derecho laboral inclinó la balanza hacia esa especialidad en el ejercicio de la abogacía.
   Luis Artemio era visceralmente comunista, purísimo y auténtico PC intelectual, ideológica y espiritualmente analizado y ventilaba en tiempos riesgosos su postura con una honestidad maravillosa para muchos y peligrosa para otros, los violentos, con quienes no comulgaba.
   Por sus ideales conoció la cárcel, la tortura y vio de cerca la muerte cuando abrazó la lucha por los derechos humanos, causa en la que tantos -menos él- se prendieron detrás del rédito político o económico. O por ambas apetencias.
   Era tanguero y guitarrero empedernido, fanático lector y cultor de la amistad verdadera, esa que no necesita la presencia imprescindible ni las copas de por medio que la certificaran y estimularan.
   Su mejor amiga…
   Su mejor amiga, se me hace que fue también su peor condena: la pipa y su tabaco.
   Tipo inteligente, lúcido y profundo no ignoraba que el humo frenético, maligno y funesto terminaría ganando la batalla, llevando la ventaja de siempre por encima del placer y la compañía que encarnan su sabor y las volutas caprichosas.
   Luis Artemio Reinaudi viajó, adelantándose en el camino de una generación de profesionales que vivió probablemente los años más oscuros de nuestra cercana historia, hasta el albor de la recuperación del derecho y de la democracia que con muletas o como sea, estamos gozando.
   No fuimos amigos cercanos, más bien amigos de sabernos tales.
   Un adiós casi a plazo fijo, un abrazo, una lágrima y una bocanada de humo.
        Su partida me deja un claro mensaje: el afecto y el respeto verdaderos no necesitan de la franela diaria.
       Si es cierto eso de la reencarnación, ya nos encontraremos cantando un tango, leyendo un libro o fumando una pipa.

Gonio Ferrari